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El sentimiento de culpa es un gran desecho de energía emocional. Sentirse
culpable puede ser muy debilitante. A menudo hace que nuestros pensamientos
y acciones productivas se paralicen
Para
abandonar el sentimiento de culpa es necesario dejar la mentalidad dual
La culpa te fija en sucesos pasados, te sientes abatido molesto por algo que
dijiste o hiciste y gastas tus momentos presentes afligidos por
comportamientos pasados
La culpa residual.-
Esta culpa es la reacción emocional que lleva consigo desde sus memorias
infantiles. Estos productos de culpa son numerosos y si funcionan en el caso
de los niños, la gente mayor sigue cargando con ellos en su edad adulta
No te enrolles en un
viaje de culpabilidad. Tómate un viaje a otro país, al centro comercial o a
otro pueblo cercano, pero NO a donde te lleve la culpa
Originalmente el sentimiento de
culpa se remonta a miles de años, es parte de la cultura, y esta
internalizada en el inconsciente, subconsciente, con génesis y reforzado
en la educación desde la familia, en lo laboral, hasta los códigos que se
manejan en la justicia, lo religioso y más aún en la vida social están
presentes sobre la base de este sentimiento.
La culpa no es un sentimiento "natural". Es un
instrumento cultural de gran potencia y efectividad para neutralizarnos,
domesticarnos y someternos a una cultura que nos domina y controla. En lo
personal, ese sometimiento a través de la culpa es aprendido y se manifiesta
a veces de manera inconsciente
La
culpa es uno de los complejos mecanismos que nuestro ego emplea para
condicionarnos, aunque a medida que vamos otorgándole más y más poder,
adquiere lo que podríamos llamar cierto grado de autonomía
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La culpa
aparece cuando se produce un choque entre el modelo ideal de conducta
interiorizado y lo que se hace en realidad. Cuando alguien está atrapado en
la culpa, no se gusta, se descalifica, se tortura y se siente incapaz de
tomar las riendas de su vida
La Biblia dice que nosotros fuimos
creados a la imagen de Dios. Este maravilloso privilegio de haber sido
creados a la imagen de Su gloria también demanda de nosotros que vivamos una
vida correcta y justa. Esa es la razón por la que cuando hacemos algo que
entra en conflicto con la voluntad de Dios, un mecanismo en nuestros
sentidos o en nuestra alma - una alarma - se activa inmediatamente.
Las diferentes emociones
se pueden combinar para producir un rango de experiencias aún más amplio. La esperanza y la alegría,
combinadas se convierten en optimismo;
la alegría y la
aceptación nos hacen sentir cariño;
el desengaño es una
mezcla de sorpresa y tristeza. Estas emociones varían en intensidad, la ira,
por ejemplo, es menos intensa que la furia, y el enfado es aún menos intenso
que la ira. La intensidad emocional varía en un individuo a otro. En un
extremo se encuentran las personas experimentan una intensa alegría y en el
otro extremo están los que parecen carecer de sentimientos, incluso en las
circunstancias más difíciles. Entre más intensa sea la emoción, más motivara
la conducta. Las emociones varían según la intensidad dentro de cada
categoría y este hecho amplía mucho el rango de emociones que experimentamos
El sentimiento
de culpa es una de las emociones más destructivas, y la mayoría de las
personas la experimentamos en mayor o menor grado, tanto si es por algo que
hemos hecho como por algo que no hemos sido capaces de hacer. No es un
sentimiento agradable, por eso, cuando alguien nos pide algo que no queremos
hacer, dudamos antes de negarnos por que tememos volver a experimentar ese
terrible sentimiento
La culpabilidad funciona de la siguiente manera. Alguien emite un mensaje
destinado a recordar que has sido una mala persona por algo que dijiste o no
dijiste, sentiste o no sentiste, hiciste o no hiciste. Tu respondes
sintiéndote mal e incomodo en tu momento presente
Quizá valga la
pena analizar qué es lo que nos hace sentirnos culpables y por qué tiene ese
efecto sobre nosotros. La predisposición a sentirnos culpables puede haberse
originado en la infancia, especialmente si teníamos el tipo de padres o
profesores que nos hacían sentirnos culpables por cada falta, por pequeña
que fuera, Es evidente que hemos cometido errores en el pasado, como todo el
mundo. Todos podemos recordar acciones que desearíamos no haber hecho o
palabras que preferiríamos no haber pronunciado. Recordar los errores del
pasado es útil sólo cuando aprendemos de ellos.
Mirar atrás para aumentar el sentimiento de culpa supone un gran derroche de
energía. Sería mucho mejor darle la vuelta a esa energía y emplearla para
algún propósito más positivo
La culpabilidad es, lejos la emoción que despilfarra mayor cantidad de
energía emocional. ¿Por qué?. Porque por definición, te estas sintiendo
inmovilizado en el presente por algo que ya paso, Y no existe
culpabilidad por grande que sea, que pueda cambiar la historia. El grado de
inmovilización puede abarcar desde una pequeña incomodidad hasta una severa
depresión. Si simplemente estas aprendiendo lecciones de tu pasado, y
prometiéndote evitar la repetición de algún comportamiento especifico, eso
no se llama culpa
La culpa surge
cuando realizamos acciones que son repudiadas por los demás, desde niños
cuando aún no empezamos a discernir nos cargan y alimentan con culpas,
período que antecede al desarrollo inicial cognitivo y abstracción,
programaciones de códigos lingüísticos fuertemente internalizadas por los
adultos que producirá reacciones de sentimientos aprendidos.
La culpa es: responsabilidad ante una falta cometida voluntariamente,
acompaña la experiencia de hacer algo malo, herir a alguien, violar un
código moral o legal.
La culpa presenta varias pseudo ventajas
anexas:
El culpable experimenta con la culpa una sensación de seguridad, se le
produce una regresión al período infantil, en dónde los demás tomaban
decisiones por él, justificando personalmente la manipulación aprendida,
situación de comodidad que no ayuda a asumir una responsabilidad madura
frente a la situación en el presente y que tangencialmente se evitan los
riesgos, dolores para enfrentarlos, experimentar y desligarse de la
culpa.
También produce un aspecto gratificante, ya que se deposita la
responsabilidad del comportamiento personal sobre los demás manifestando
interiormente “el culpable no soy yo, sino los demás que me manipulan y me
obligan a ser como soy”.
Respecto de alguna falta cometida en el pasado, la culpa impide
proyectarse hacia el presente, convirtiéndose este sentimiento en la
persona que siente culpa en un fantasma que está latente en el aquí y
ahora.
La culpa aparece en las interacciones agresivas entre los seres humanos,
tanto en la que se dice llamar víctima como victimario, en la víctima
aparece como haber provocado, creado la situación para ser maltratada – y
en el victimario el hecho de haber maltratado a otro(a).
En las relaciones de poder este aparece con mayor fuerza especialmente
donde hay figuras de autoridad más aún cuando hay relaciones
interpersonales, puesto que, el hecho de no cumplir con roles específicos,
órdenes, para el que debe cumplirlas, si estas no se llevan acabo o son
trasgredidos, queda fuertemente arraigado internamente y más aún cuando
hay normas, reglas, leyes o aspectos morales conocidos desde estas
relaciones de En las relaciones autoritarias la persona que manda le
cuesta más aún reconocer este sentimiento de culpa, en cambio la persona
que obedece o es mandada, si no cumple con estos mandatos esta culpa
aflora inmediatamente, se va internalizado y mezclando con otros
sentimientos de culpa derivados de otras situaciones de vida.
Comúnmente en los casos de separación
se generan una cantidad enorme de sentimientos de culpa que se transmiten
unos a otros:
¡¡Porque no hiciste algo para no separarte!!
¡¡Me separo porque no te soporto!!
¡¡Tu cometiste el error yo me quedo con los hijos!!
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