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Se cuenta
que en una colina veneciana había un sabio, al que dos jóvenes
quisieron desafiar. Fueron a su encuentro llevando un pajarillo en la
mano, y le preguntaron al sabio si el pájaro estaba vivo o muerto. Él
sin dudarlo les respondió que estaba como ellos quisieran. Si decía
muerto, abriría la mano y el pájaro saldría volando, si decía vivo,
él apretaba un poco la mano y estaría muerto. Él le dijo que el poder
de la vida y la muerte estaba en su poder |
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Prov. 15...
Una palabra descuidada puede producir rivalidades.
Una palabra
cruel puede destruir una vida.
Una palabra
amarga puede crear odio.
Una palabra
brutal puede contaminar y matar.
Una palabra
con gracia puede lubricar el camino.
Una palabra
de júbilo puede alumbrar un día.
Una palabra
a tiempo puede aliviar tensiones |
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El hombre responsable el
que responde adecuadamente a la apelación de lo valioso- no pronuncia
palabras vanas, vacías ni groseras, sino que busca recogerse en el
silencio profundo de la contemplación, en actitud de acogimiento
espiritual, para que broten de él palabras siempre auténticas y llenas
de vida, que son las dichas con amor, aquellas que establecen
solidarios vínculos de convivencia entre los seres humanos. |
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Habla simplemente
cuando sea necesario. Piensa lo que vas a decir antes de abrir la boca.
Sé breve y preciso ya que cada vez que dejas salir una palabra por la
boca, dejas salir al mismo tiempo una parte de tu energía. De esta
manera aprenderás a desarrollar el arte de hablar sin perder energía.
Nunca hagas promesas que no puedas cumplir.
No te quejes y no utilices en tu
vocabulario palabras que proyecten imágenes negativas
porque se producirá alrededor de ti todo lo que has fabricado con tus
palabras cargadas de energia
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Autor: Anónimo
Hablar oportunamente, es acierto.
Hablar ante una injusticia,
es valentía.
Hablar para
rectificar., es un deber.
Hablar para
defender, es compasión.
Hablar ante
un dolor, es consolar.
Hablar para
ayudar a otros, es caridad.
Hablar con
sinceridad, es rectitud.
Hablar de sí mismo, es vanidad.
Hablar restituyendo fama, es honradez.
Hablar aclarando chismes, es estupidez.
Hablar disipando falsos, es de conciencia.
Hablar de
defectos, es lastimar.
Hablar
debiendo Callar, es necedad.
Hablar por Hablar, es tontería.
Hablar de
Dios, significa mucho amor.

Callar cuando acusan, es heroísmo.
Callar cuando insultan, es amor.
Callar las propias penas, es sacrificio.
Callar de sí mismo, es humildad.
Callar miserias humanas, es caridad.
Callar a tiempo, es prudencia.
Callar en el dolor, es penitencia.
Callar
palabras inútiles, es virtud.
Callar cuando hieren, es santidad.
Callar para defender, es nobleza.
Callar defectos ajenos, es benevolencia.
Callar
debiendo Hablar, es cobardía.

Debemos aprender primero a Callar para poder Hablar
luego, pero siempre con acierto y tino, porque si Hablar es plata, Callar
es oro.
Y recuerda siempre: "que tus palabras sean mas
valiosas que el silencio que rompen."

EL PODER DE LA PALABRA
Hsien-Sheng Liang
Un grupo de ranas viajaba
por el bosque y, de repente, dos de ellas cayeron en un hoyo profundo. Las
ranas se reunieron alrededor del hoyo.
Cuando vieron cuan hondo era el hoyo, le dijeron a las dos ranas en el
fondo que para efectos prácticos, se debían dar por muertas.
Las dos ranas no hicieron caso a los comentarios de sus amigas y siguieron
tratando de saltar fuera del hoyo con todas sus fuerzas.
Las otras ranas seguían insistiendo que sus esfuerzos serían inútiles.
Finalmente, una de las ranas puso atención
a lo que las demás decían y se rindió; Ella se desplomó y murió.
La otra rana continuó saltando tan fuerte
como le era posible.
Una vez más, la multitud de ranas le grito que dejara de sufrir y
simplemente se dispusiera a morir.
Pero la rana saltó cada vez con mas fuerza
hasta que finalmente salió del hoyo.
Cuando salió, las otras ranas le preguntaron: "¿No escuchaste lo que te
decíamos?"
La rana les explicó que era sorda.
Ella pensó que las demás la estaban animando a esforzarse mas para salir
del hoyo.
Esta historia contiene dos lecciones:
La lengua tiene poder de vida y muerte.
Una palabra puede ayudar a levantarte o destruirte.
Tengamos cuidado con lo que decimos. Pero sobretodo con lo que
escuchamos.
Moraleja: Palabras necias oidos sordos
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