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  El Poder de la Medicina Tradicional

Medicina Tradicional

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La existencia de vegetales, hongos, minerales, partes de animales, etc. con propiedades terapéuticas para los mamíferos precede en miles de millones de años a la aparición del hombre, y su uso etno-médico precede en cientos de miles de años a la aparición de la Tecno-Medicina, y a los intentos de las Multinacionales farmacéuticas de aplastar cultural y comercialmente a las Fitoterapias.

Los vegetales son los grandes captadores de la energía fotónica del Sol, sostenedor último de la energía biológica del planeta. Desde el Paleozoico los vegetales han crecido simultánea, sinérgica y armónicamente con los animales, a los que alimentan, complementan y a los que utilizan para sus fines de desarrollo y reproducción. A cambio de aportar a los animales nutrientes, información y biorregulación, así como energía (no solo física, sino también sutil), reciben de ellos la polinización precisa a distancia, la diseminación de las semillas de sus frutos, así como el anhídrido carbónico y los abonos de sus heces que las harán crecer, cerrando así sabia y establemente el ciclo ecológico. Las plantas útiles dan alimento y curación a los hombres y, a cambio, reciben de ellos selección, protección, abono y riegos.

Según el chamanismo y ciertas Etno-Medicinas, determinados vegetales y hongos (o, mejor, las entidades que viven en ellas) son, además, «plantas de poder» o «de conocimiento» que, mediante ciertos rituales de iniciación, purificación y sintonización, sirven para poner en comunión al chamán (y al paciente) con otras dimensiones y niveles de conciencia, en la que participan (y se hermanan) todos los seres vivientes, corpóreos o incorpóreos, y todos los reinos de la Naturaleza. Estas dimensiones y niveles de conciencia escapan a la detección de la «ciencia» del hombre blanco, y sin estos rituales de iniciación, purificación y sintonización (que son secretos y se transmiten de maestro a discípulo) esas mismas plantas solo actuarán como vulgares drogas psicodislépticas, que confundirán y esclavizarán al hombre.

La Tradición Sagrada Universal nos dice que Dios quiso crear las plantas mucho antes que a los animales y al hombre, tal y como, además, lo atestigua el registro fósil y la Paleontología. El libro del Génesis nos dice que Dios, tras crear el universo vegetal, vio que era bueno y le dio su bendición; e, incluso, ayudó al hombre y mujer primordiales a reconocer las propiedades de cada uno de los arbustos y árboles del Edén, (puesto por Él al servicio de los seres humanos), y a darles un nombre.

Las plantas medicinales son parte del reino vegetal, que es parte básica de la Naturaleza, y la Naturaleza es obra del Creador. Dios no puede haber hecho cosas malas. Un viejo Hadit del Islam nos recuerda que en la Naturaleza creada existen siempre remedios para cualquier mal que pueda acaecernos: «Dios no hizo descender ningún mal, sin darnos con él su remedio».

A pesar de ello, es indudable que todos los elementos naturales (piedras, agua, vegetales, animales, etc.) pueden causar daño por catástrofes naturales imprevistas, o si la ignorancia y mala fe de los hombres son realmente altas. Se puede, por ejemplo, matar con piedras, pero no se «confiscan», «testean», «registran», «reglamentan», «autorizan», etc. las piedras por el hecho de que podrían usarse para matar. De la misma forma, la Fitoterapia, aunque puede hacer mucho bien y puede por lo común hacer escaso daño al hombre, si las dosis de ignorancia, de desconexión tribal, y de mala fe fueran muy altas, deberíamos admitir que la Fitoterapia puede llegar a matar a algún ser humano. Pero no por ello se nos ocurriría «testear» y «autorizar» los vegetales que pudieran ser mortales por su mal uso; al menos a ningún gobernante se le ocurrió hacerlo en el pasado.

Durante millones de años los animales y los hombres han ingerido los productos de la Naturaleza sin necesidad de «analizar bioquímicamente» lo que estaban tomando y sin «testear su eficacia con bases rigurosas». Y durante miles de años, sin necesidad de análisis ni experimentaciones, los reinos y las naciones castigaron al que hacía fraude en sus mercadeos, y también sin tests ni análisis previos castigaron a quién envenenaba o hacía daño. Los castigos eran duros, y ejemplarizantes. Pero es que, aunque no actuasen los poderes públicos (nunca darán abasto para controlarlo todo, más bien ocurre lo contrario, afortunadamente), actuaba el mercado pues, como hemos dicho, piensen lo que piensen los funcionarios que quieren «protegerla» y «tutelarla»... la gente no es tonta.
 

 

 

La medicina tradicional y natural conocida internacionalmente como alternativa, energética y naturalista o complementaria, forma parte del acerbo de la cultura universal, es decir, conceptos y prácticas que se han heredado de generación en generación.

Su desarrollo no se ha limitado a la acumulación de conocimientos derivados de la práctica, sino también al diseño de un cuerpo teórico completo, sobre el arte de curar, integrado a los sistemas de salud modernos; lo que ha determinado que los gobiernos de varios países se responsabilicen con elaborar legislaciones al respecto.

Los factores naturales conforman el medio en el cual nace, evoluciona y se desarrolla el hombre, por lo que resultan de vital importancia para las actividades del ser humano; al mismo tiempo que han puesto de manifiesto – mediante investigaciones– su valor en la prevención, curación y rehabilitación de diversas patologías.

Sin embargo, su generalización se ha realizado lentamente; su desarrollo y práctica han producido, en ocasiones, rechazo en numerosos médicos en el ámbito internacional, por causa de insuficiente información al respecto y por la oposición de las grandes industrias farmacéuticas que florecieron y se convirtieron en poderosas empresas con enormes influencias en gobiernos, asociaciones y facultades médicas, luego de las dos guerras mundiales. Basta señalar que en 1987 las ganancias de estos grandes consorcios alcanzaron la cifra de noventa billones de dólares y de éstos, más de la mitad, correspondió a doce grandes firmas norteamericanas.

El abuso tecnológico y terapéutico, la expansión incontrolable de gastos en recursos que pueden ser sustituidos por otros menos dañinos, y la iatrogenia provocada por esta desmedida utilización de fármacos, son elementos fehacientes que han suscitado preocupación y alerta en los organismos internacionales de salud, los cuales se han pronunciado al respecto.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) en el contexto de su 29 Asamblea Mundial, celebrada en 1978 en Ginebra, Suiza, reconoció por primera vez la importancia de los profesionales de la medicina tradicional y natural y la de los medicamentos y técnicas que utilizan; y que son las fuentes de recursos disponibles más importantes para la consecución de la meta de salud para todos en el año 2000. También promueve la utilización apropiada de los sistemas tradicionales de medicina como parte de los programas de asistencia primaria de salud y estimula así el estudio de la utilidad potencial de ésta, como uno de los pilares básicos sobre los que debe sustentarse esta atención.

Enlaces
http://wikipedia
Es importante recalcar que la llamada Medicina Tradicional China jamás ha sido aceptada ni en sus fundamentos teóricos ni en sus aplicaciones prácticas por los expertos occidentales que practican una medicina científica. También debe tenerse en cuenta que la inmensa mayoría de los efectos supuestamente curativos de esta MCT se explicaban tradicionalmente por mecanismos bien conocidos, como el efecto placebo o la evolución espontánea de enfermedades hacia su curación sin tratamiento y que existen explicaciones científicas para otros efectos de esos tratamientos.
sonccowasi
El término "Aya" significa en Quechua "Espíritu" o "Muerto" y "Huasca" liana,   bejuco,  soga.  Su  traducción  literaria  sería "Soga de Muerto"  o "Enredadera de la Muerte".   Es una enredadera que puede crecer masivamente envolviendo un árbol hasta de 10 o 15 mts. de altura. Su tallo tiene la tendencia de enroscarse sobre sí mismo acompañándose de tallos hermanos y formando así una especie de cuerda trenzada que llega a veces a un diámetro de 10 -15 cm. Su corteza es lisa, de color marrón verdoso y sus flores se abren en racimos de color rosado, lila o blanco.

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 La tecnomedicina no es tan buena.

«No es oro todo lo que reluce», dice el refrán. La Tecno-Medicina ha tenido grandes aciertos y glorias, que no vamos a dejar de reconocer (y usar), pero asimismo tiene numerosas zonas de sombra, de fracaso y de impotencia, como es lógico.

Aunque desde niños nos han apabullado con la intensa propaganda (mediática y cultural, consciente e inconsciente) que envuelve a la Tecno-Medicina y Tecno-Farmacia reales, debemos aprender a reconocer los pies de barro del gigante que quiere aplastar a nuestras Etno-Medicinas.

 Su propia población «está de vuelta».

La imagen que nos enseña la Tecno-Medicina (dirigida claramente por la Tecno-Farmacia que, a su vez es dirigida descaradamente por las Multinacionales farmacéuticas), pretende estar basada en saberes «objetivos» y «neutros» y lleva en sí la ilusión de la ciencia en estado puro.

Sin embargo, y a pesar del fuerte aparato de prestigio, seriedad y eficacia que normalmente las envuelve, dentro de Europa y Estados Unidos existe una importante corriente de decepción ante las impotencias, los retrocesos y las bio-consecuencias ambientales e individuales a medio y largo plazo, de una ciencia y una técnica que, en teoría, debería habernos liberado. Por otra parte, han sido sonados los casos de corrupción de funcionarios públicos relacionados con la Sanidad que han logrado salir a la luz pública en bastantes países del llamado Primer Mundo. Profesionales conscientes y sectores concienciados de la población del primer y Segundo Mundo (especialmente jóvenes) muestran una crítica creciente ante los métodos que la ciencia y la técnica biosanitarias reales utilizan.

Podría decirse que cuando (los gobiernos de) los países del Tercer Mundo «van»... la población más escarmentada, mejor informada y más consciente del mundo que tanto admiran «ya está volviendo». Quizás, si tanto se empeñan nuestros responsables sanitarios, logren con sus normativas reguladoras subirse a un tren que históricamente empieza a echar humo, y del que los viajeros más alertados de ciertos vagones... se están planteando en bajar. Este artículo es una prueba de ello.

 La tecno-farmacia descalifica las moléculas y los organismos vivientes.

World Health Organization (WHO).Se presenta la creciente sofisticación y complejidad técnica de los productos de las Multinacionales farmacéuticas como un «avance», cuando sólo es eso: sofisticación y complejidad técnica, cada vez menos accesible incluso a los propios médicos y farmacéuticos europeos y norteamericanos, así como a las organizaciones supranacionales de control (OMS). Nótese, además, que la sofisticación y complejidad técnica es justo lo que más diferencia la Tecno-Farmacia de las Fitoterapias indígenas y, por extraña casualidad, lo que más quieren imponer en la nueva normativa en ciernes.

Sin embargo, un ser vivo es mucho, muchísimo más que la suma agregada de las moléculas que lo componen, y para que una planta o mezcla de ellas actúe no necesitamos obligatoriamente conocer sus moléculas y las dosis en las que están presentes en dichas plantas (tampoco la Tecno-Farmacia las conoce, a pesar de lo que dice, sino en una ínfima minoría).

La imagen propagandística de la Tecno-Farmacia presenta como «descubrimientos» punteros lo que en muchos casos no pasan de ser síntesis químicas y hermosas (y caras) presentaciones farmacéuticas de productos (ligeramente modificados) pre-existentes en la Naturaleza, y que durante siglos fueron sobradamente conocidos y utilizados por las Etno-Medicinas y Fitoterapias, como es el caso de la aspirina (infusiones de sauce), antipalúdicos (quinina), agentes tromolíticos (venenos de serpientes), etc.

Es presentada como un gran «avance» la «síntesis» que la Tecno-Farmacia realiza de tal o cual molécula (convenientemente modificada, para que el producto farmacéutico resultante sea patentable, claro está) de una planta que previamente vieron usar a los etno-médicos de los países que colonizaban. Sin embargo, esta «síntesis» molecular es vista por las Etno-Medicinas y Fitoterapias como una grave alteración y desnaturalización del poder terapéutico de la planta, y como una brutal separación de dicha molécula del complejísimo ecosistema bioquímico que el vegetal supone, así como de los niveles energéticos sutiles que el «alma» de la planta conlleva.

La producción industrial de dicha molécula aislada y modificada y su uso masivo (ponderal) en los enfermos obtiene efectos indudables en los síntomas o en los microbios que actúan, que son irresistibles en primera instancia por el organismo, lo que en ocasiones de especial gravedad puede ser útil. Sin embargo, estos efectos no alteran las verdaderas causas de la enfermedad (o de la proliferación microbiana) y suelen generar, por tanto, recidivas y dependencias (que resultan altamente rentables para el marketing tecno-farmacéutico). Y la ruptura de armonía que supone su uso masivo continuado de la molécula es respondido tarde o temprano por el organismo y el ecosistema que lo envuelve, produciendo a menudo degradaciones orgánicas y del entorno peores que las que había en un principio.

«Pan para hoy y hambre para mañana», como dice el refrán. Este cambio de calidad por cantidad y este desplazamiento de los problemas (acrecentados) hacia el futuro es un paradigma continuo que subyace en gran parte de los «avances» de la Tecno-Medicina y Tecno-Farmacia modernas, tal y como expondremos en este artículo.

 Pequeños avances... dentro de grandes retrocesos.

La propaganda al uso nos presenta como «avances terapéuticos decisivos» que debemos agradecer a la ciencia y técnicas modernas medicamentos que no son más que mejoras relativas de grandes empeoramientos de la salud... ¡generados directa o indirectamente por (el estilo de vida derivado de) esa misma ciencia y técnicas modernas!.

En este sentido: ¿Podemos decir que los nuevos super-(antimicrobianos/inmuno-supresores/anti-coagulantes,beta-bloqueantes, etc.) representan un «avance decisivo» de la ciencia/técnica modernas... cuando precisamente las super-infecciones, inmuno-transtornos, alteraciones cardiocirculatorias, etc. son máximas en los países en donde mayor acción ha ejercido la ciencia/técnica modernas y su estilo de vida y alimentario relacionado?.

Promesas incumplidas... ¡e invertidas!.

Durante muchos años los mass-media estuvieron publicitando insistentemente las glorias de la Tecno-Medicina y Tecno-Farmacia, hablando de la «desaparición» mundial de la viruela y, debido a los fármacos y usos «científicos» y «seriamente contrastados», prometiéndonos un retroceso constante de la enfermedad (especialmente de las infecciones y del cáncer). Y desde 1978 oímos insistentemente el eslogan de la propia OMS de «Salud para todos en el año 2000» si nos sumábamos al glorioso caballo de la Tecno-Medicina. Aunque no tenemos más que mirar a nuestro alrededor para constatar el incumplimiento de tantas promesas y eslogans, comentemos los fracasos más emblemáticos:

 El encubierto fracaso del cáncer.

No sólo no ha desaparecido el cáncer sino que su incidencia ha ido lentamente aumentado en términos globales, precisamente en los países más sometidos a los «beneficios» preventivos y terapéuticos de la Tecno-Medicina. Tras medio siglo de inversiones multimillonarias estamos casi como al principio: costosas campañas de prevención y de diagnóstico precoz que no logran bajar la creciente incidencia, mutilantes cirugías, desvitalizantes radioterapias y quimioterapias... y poco más.

Se presenta la mejoría en la supervivencia a tres o cinco años vista que se ha producido en el tratamiento de algunos tumores como importantes «avances» de la lucha contra el cáncer, ocultando en las estadísticas el patético descenso de la calidad de vida que se produce por las (costosísimas) cirugías y re-cirugías, radicalmente mutilantes, y por las (costosísimas) radio y quimioterapias intensamente desvitalizantes. ¿Dónde están aquí la escrupulosa lucha contra los encarecimientos artificiales y donde están los rigurosos test de eficacia y de ausencia de efectos secundarios a que quieren someter a las Etno-Medicinas y Fitoterapias?. ¿Qué pasaría si alguna Etno-Medicina cobrase la décima parte de pesetas o alguna Fitoterapia produjese la décima parte de los efectos secundarios que produce la Tecno-Medicina?.

La Tecno-Medicina llama éxito a obtener una medida de cantidad a cambio de ceder 100 medidas de vitalidad y calidad (por no decir de dignidad); llama éxito a desplazar los problemas hacia el futuro, para así poder proclamar en bonitas diapositivas que «ha mejorado claramente la supervivencia», ocultando que en muchos casos se trata de una supervivencia descualificada a un horizonte de 3 o 5 años y que la supervivencia final global apenas ha variado. Y, cuando ya no puede desplazar más los problemas hacia el futuro, llama «mejora en la calidad de vida» a la analgesia, que en muchos casos no es mas dopamiento con opiáceos y psicofármacos y silenciamiento del paciente... cuando no eutanasia encubierta.

 La rebelión de los micro-organismos.

La expresión actual de la viruela parece haber enmudecido, a nivel mundial; como contrapartida, decenas de nuevas amenazas víricas (algunas de ellas temibles) han aparecido o re-aparecido sobre el planeta. Pero de nuevo es la ciencia y técnica modernas quienes nos aseguran la no-desaparición de los agentes de la viruela: aunque oficialmente negados, numerosos bancos microbianos militares del mundo «cientificamente desarrollado» guardan las variantes más «virulentas» de la viruela, valga la redundancia.

La experiencia nos enseña que la Tecno-Medicina no es tan beneficiosa como su auto propaganda proclama (y que tanta fascinación provoca en los países «en vías de «desarrollo»»), sino que puede ser finalmente más perjudicial de lo que pensamos. Tras medio siglo de utilización de variados y sofisticados antimicrobianos en hombres y animales ha ocurrido lo siguiente: simplemente ha disminuido durante los primeros decenios la incidencia de los microorganismos menos agresivos y virulentos,... pero ha ido creciendo en los últimos decenios la incidencia de numerosas infecciones emergentes y reemergentes, cada vez más agresivas y resistentes. Nuestra situación final apunta ser peor que la inicial y la «piel del cordero» resulta que encubría dentro un «lobo feroz».

Cuando en los últimos años las Multinacionales farmacéuticas han visto las orejas de este lobo (estas ya eran indisimulables) la propaganda al uso ha empezado a decirnos ahora (durante decenios permaneció callada) que la responsabilidad de esta preocupante tendencia... es atribuible a los «otros». Es decir, la fatal tendencia se debe al «mal comportamiento» de los microbios (que tienen la fea costumbre de mutar y pegarnos sustos) y también al «mal comportamiento» que, con los antibióticos, tienen los médicos y pacientes (que, por comodidad o pánico, los usan demasiado imprecisa e indiscriminadamente).

Nunca he visto un «mea culpa» ni un acto de comedimiento en la soberbia ciencia/técnica modernas, y muy pocas son las mentes lúcidas que ponen en duda las maravillosas ventajas «liberadoras» finales que se atribuyen a los productos de este nuevo dios en que se ha convertido la «ciencia». Un dios que deviene en realidad un nuevo «becerro de oro» para las Multinacionales farmacéuticas y sus servidores directos o indirectos.

A pesar de que la propaganda al uso carga la responsabilidad (como siempre) en el «mal comportamiento» de médicos y pacientes con los antibióticos, este es un factor cierto pero secundario: la verdad es que esto no ha sido casual sino que se ha producido de forma inorillable, previsible (y anunciada desde los años 60 por los cerebros más lúcidos de la medicina moderna). Ha sido precisamente la antibiótico terapia «científica» la que ha facilitado la mutación y propagación de cepas con agresividad y resistencia creciente, produciendo ella misma una «selección natural» (o, mejor dicho, artificial) de los microorganismos que quería combatir. Y ello ha sucedido por el simple hecho de no poder usar la antibiótico terapia demasiado intensamente (sucumbirían entonces nuestra flora intestinal y esas pequeñas «bacterias» que son nuestras mitocondrias intracelulares) y por el simple hecho de ser usada extensamente (¿Podría no haberlo sido?). La utilización «correcta» de los antibióticos debe ser muy tenida en cuenta, ciertamente, pero aunque se realice cabalmente, esto sólo representará un retraso cuantitativo en el tiempo de la aparición de resistencias microbianas.

Tras la «Hubris» de los primeros decenios, ha venido la «Némesis» o contestación de la Naturaleza... como era de esperar.

 El flagelo moderno del SIDA.

Los usos técnicos y de medicamentos cuyo uso (y abuso) supone profundas perturbaciones en los ecosistemas biológicos y cuyas consecuencias a medio y largo plazo apenas estamos empezando a atisbar, siguen presentándosenos como «avances espectaculares». Además de los antibióticos, se nos presenta ahora una gama de «antivíricos», análogos de nucleótidos, inhibidores de las proteasas, etc.

Se olvida de nuevo lo mismo que esta ocurriendo con los antibióticos: no podremos usarlos demasiado intensa o duraderamente y su uso extensivo acabara produciendo una selección artificial de resistencias y respuestas genéticas (generalmente en forma de cánceres y apoptosis celulares) a medio y largo plazo.

En el «éxito» de la Tecno-Farmacia esta precisamente su fracaso: pues quién dice «antibiótico» (anti-bacteriano), está diciendo anti-flora intestinal, anti-metabolismo mitocondrial, etc.; y quien dice «anti-víricos» está diciendo en realidad anti-ácidos nucleicos (y nosotros estamos repletos de DNA, RNA, Transcriptasa inversa, etc.); y quién dice «anti-proteasas» (anti-síntesis/degradación de proteínas víricas) está diciendo en realidad inhibición de la síntesis y degradación de millones de proteínas útiles propias, y recordemos que nuestra vida depende básicamente de las proteínas. ¿Seguiremos huyendo hacia delante?.

Además, tenemos de nuevo aquí el paradigma del pirómano que viene después a vendernos un extintor: ¿Cómo podemos ufanarnos de que los análogos de nucleótidos, inhibidores de las proteasas, etc. (que actualmente se utilizan para el tratamiento del SIDA) representan un «avance decisivo» de la Tecno-Medicina... cuando crecen las voces de los científicos disidentes que señalan que los casos constatados de SIDA se han propagado precisamente desde el Primer Mundo y tras decenios de estrés inmunológico creciente?.

Un estrés inmunológico relacionado estrechamente con el estilo de vida derivado de la ciencia/técnica modernas y que se origina principalmente:

  1. De la contaminación física y química que afecta ambiental y alimentariamente a todas las especies del planeta, pero especialmente al ganado, animales domésticos y personas del Primer Mundo;

  2. De la vacunación y antibioticoterapia/profilaxis indiscriminada e intensiva que se ha realizado forzadamente sobre hombres y animales;

  3. Del uso creciente de inmunosupresores (no solo antibióticos, sino también corticoides, mercaptopurinas, citostáticos, etc.);

  4. De la introducción directa en el organismo de millones de proteínas (implicadas en transplantes, transfusiones, inyecciones de inmunoglobulinas, hemoderivados, sin hablar de las propagadas por drogas lúdicas inyectadas con jeringuillas compartidas, etc.);

  5. De los experimentos (farmacológicos y militares) de recombinación genética cruzando fronteras de especies muy distantes; etc.

Sea cual sea el origen de esta temible pandemia, lo cierto es que ella no existía antes de los aparentes «avances» con que nos regaló la Tecno-Medicina y que ella (al igual que un importante grupo de enfermedades degenerativas emergentes con dilatado tiempo de latencia que afectan a hombres y ganado), parece depender de factores activados por el estilo de vida ligados al «progreso» científico-técnico y a la medicina, veterinaria y agrocultura «invasivas» occidentales modernas, factores que sin duda han alcanzado en los últimos dos decenios el «umbral de disparo» expresivo que ahora conocemos.

 El capcioso argumento estadístico.

La fraseología tecno-médica está llena de lenguaje estadístico, con el que se llenan la boca (y las publicaciones que sustentan su currículum) los aprendices de «científico» y los que ya lo son, y con el que apabullan a los ciudadanos y autoridades de los países del Tercer Mundo.

Se presenta como un avance (útil primero, pero «obligatorio» después) los métodos estadístico-epidemiológicos que en los últimos decenios se han venido usando en el testeo de los nuevos productos farmacéuticos. Pero en la realidad, estos «test» actúan como filtros metodológicos y económicos que excluyen a todo aquel que no sea un laboratorio con utillaje bioestadístico y presupuesto multimillonario reconocido por los Ministerios de Sanidad y por las revistas «serias» que habrán de publicar los resultados.

En su práctica, estos métodos utilizan experimentos en dosis diversas, sobre muestras primero de animales (a los que aíslan, intoxican, a veces torturan y casi siempre matan) y sobre muestras después de personas (por una extraña casualidad las pruebas iniciales de productos potencialmente inciertos o peligrosos casi nunca se realizan sobre «voluntarios» ricos, habitantes en países pertenecientes a los «siete grandes»).

Sin embargo, la inmensa mayoría de los descubrimientos y avances realizados en la Historia de la Medicina han surgido de observaciones individuales (por no decir geniales) de casos muy individuales, pero singularmente heurísticos; y casi nunca se han derivado de la utilización de estos métodos epidemiológico-estadísticos. Estos métodos son relativamente útiles como instrumentos de orientación estadística cuando no hay otra forma mejor de guiarse, pero sobre todo son útiles para confirmar (o, mejor dicho, para documentar) a posteriori las hipótesis que han surgido de situaciones heurísticas muy singulares y distintas a los ensayos epidemiológico-estadísticos.

A pesar de esta utilidad, estos métodos son costosos, desdibujan gravemente las diferencias individuales, dependen de numerosas suposiciones y restricciones de partida (que luego tienden a olvidarse, cuando se publican, en base a procesos de generalización) y, a pesar de los recursos matemáticos y de procedimiento que intentan minimizar los errores y sesgos estadísticos, jamás están extentos de ellos. Y, lo más importante: no implican causalidad, ni en base a ellos se pueden confirmar o descartar hipótesis, sino solo en base a cierta probabilidad.

Los métodos epidemiológico-estadísticos sólo son válidos para sugerir la existencia o ausencia de fenómenos grupales y siempre que se utilicen de buena fe; en caso contrario, su mal uso (o su utilización fuera de los ámbitos en que no deban ser usados) permite la deformación de la realidad con apariencia y retórica «científica», motivo por el cual las estadísticas son tan ampliamente utilizadas por políticos y publicistas, para enfatizar ciertos aspectos y minimizar otros, sugerir falsos descartamientos o confirmaciones, y usar restricciones mentales que sólo serán evidentes para expertos avezados que dispongan de datos de base.

En cuanto a su exigencia... sirven para dejar fuera del mercado de la salud a las Etno-Medicinas y Fitoterapias ancestrales de nuestros pueblos.

 El tamaño del filtro «científico»... varía según los intereses.

Food and Drug Administration.Cuando ha existido, el rigor de los requisitos exigidos por los occidentales para los preparados terapéuticos ha variado considerablemente: o bien se «filtran mosquitos» (sabido es que la conocidísima penicilina no pasaría hoy en día los requerimientos exigidos por la FDA americana para los nuevos antibióticos) o bien se tragan camellos: la misma FDA autorizó en 1985 el AZT como tratamiento básico para el SIDA, un antitumoral descartado en 1968 por su alta toxicidad, mutagenicidad, cancerogenicidad, teratogenicidad y efectos secundarios; en cuanto a los tests de eficacia que se presentaron para su re-aprobación, fueron desbaratados por el primer estudio a gran escala (Estudio Concorde) que se hizo fuera de los ensayos presentados por la multinacional poseedora de la patente, a pesar de lo cual el carísimo AZT ha seguido usándose hasta el presente.

Pero quién es poderoso, es poderoso: hasta en el último rincón del Tercer Mundo veremos anuncios y ventas de la multinacional Coca Cola, cuya suave pero evidente capacidad adictiva es patente, cuya «curva de estimulación» es mucho más larga y prolongada que la de la cafeína (componente que también tiene) y cuya fabricación depende de la importación de un jarabe básico elaborado en los Estados Unidos y cuya elaboración se obtiene de toneladas de hojas de coca que, periódicamente, llegan desde Colombia y otros países: ¿acaso algun «estado soberano» del mundo o alguna organización supranacional de control ha logrado alguna vez que esta multinacional de «refrescos» se someta a unos controles sanitarios que comiencen por que la Compañía consigne (aunque sea bajo expediente administrativo secreto) la composicion completa y exacta de sus ingredientes?. ¿Acaso nuestras Etno-Medicinas y Fitoterapias son menos que la Coca-Cola?.

Algo nos hace suponer que para las Etno-Medicinas el tamaño (procedimental y económico) del filtro sería mas bien estrecho... lo suficientemente estrecho. Sino, al tiempo.

 Saber responder a los tópicos comunes.

Empezamos a entrever lo que se esconde tras la piel de cordero de la Tecno-Medicina que viene a poner orden en las según ellas primitivas y caóticas Etno-medicinas. Su seductora retórica estadística nos hablará a través del propagandeador de turno (normalmente un «científico acreditado» o un «serio artículo científico»), por lo que hemos de aprender a responder a sus falacias, cuando las haya.

A sí es que, cuando os digan que la ciencia y la técnica han permitido «liberarse» al hombre de las antiguas servidumbres y le han hecho más «poderoso» y «autónomo», preguntad: ¿Qué liberación?. ¿Qué poder?. ¿Qué autonomía?. ¿La del endeudamiento progresivo de nuestros países?. ¿La de la pérdida y olvido de los recursos autóctonos de autoabastecimiento y autocuración?. ¿El del río de emigrantes africanos ilegales que intentan llegar a y sobrevivir en los países de quienes dependemos tecnológica, económica y culturalmente cada vez más?.

Y cuando os digan que los «adelantos» de la medicina, veterinaria y agrocultura «científicas» han mejorado los indicadores biológicos de los países en donde se aplica, preguntad: ¿Qué indicadores biológicos?. ¿El del alarmante descenso de la variabilidad de especies e individuos que se observa en los animales y vegetales de los suelos, ríos y mares de los países industrializados?. ¿El del alarmante descenso de la espermiogenesis, de la capacidad de lactación y de la natalidad que se observa en los países «avanzados», y tanto mas cuanto más «desarrollados» estén?.

Y cuando os digan que, desde que actúa la Tecno-Medicina, ha aumentado la esperanza de vida de la Humanidad preguntad: ¿De qué Humanidad: la del hombre negro, la del Tercer Mundo?. Y, en cualquier caso: ¿Durante qué periodo: el de las vacas gordas o el de las vacas flacas?. ¿Entran en la estadística «subproductos tecnológicos» -antaño inexistentes- como son los muertos por catástrofes climáticas (o las hambrunas subsecuentes) debidas al recalentamiento del planeta, los no nacidos, los abortados, los muertos en las masivas guerras y genocidios (de eficacia «tecnológica») de nuestro tiempo, y los muertos de hambre por las catastrofes socio-económicas subsecuentes?.

Un instrumento bueno... corrompido.

Lo anteriormente señalado son los «frutos malos» de una «ciencia» y «técnica»... sin conciencia. Pero las hemos de distinguir de la Ciencia y Técnica con Conciencia, que es la que reconoce en la Naturaleza a nuestra hermosísima Madre, y a la sabia Maestra que nos guía, al Vaso Sagrado que nos constituye; Ciencia y Técnica con Conciencia que, a pequeña escala, siempre fue el hacer de las Etno-Medicinas y las Fitoterapias.

La Ciencia y la Técnica son instrumentos poderosos que Dios ha puesto en nuestras manos y que no debemos temer de usar; pero la brutal rapiña y usura con las que los hombres blancos las han ejercido en los últimos siglos, las han convertido hasta el presente en instrumentos más malditos que benditos, al menos para los africanos. Esta forma y talante soberbio y despiadado de usar la ciencia y la técnica convierten muchas veces un instrumento teóricamente bueno (o, al menos, neutro) en instrumento insidiosamente perverso; o, por utilizar el símil evangélico, convierten un árbol inicialmente bueno en productor de «frutos malos», frutos que debemos aprender a distinguir y a denunciar.
 

Enlaces

Por el Padre César Fernández de la Pradilla. Doctor en medicina alternativa, experto en radiestesia médica y fitoterapia africana.

Son tan innúmerables las experiencias sociales que el hombre amazónico tranformó en cultura y, dentro de ella, en medicina, que cuando hablamos de Shamanismo no solo debemos referirnos a las plantas curativas sino también a los elementos vitales naturales que desde hace por lo menos 10,000 años fueron usados con cada vez más pulida maestría por los shamanes de este pulmón del orbe que es la Amazonía y transformados en hechos de conciencia médica que abarcan los ámbitos de la psiquiatría, la sociología, la antropología y la filosofía dentro de un marco mítico o mágico que sin dejar de ser fáctico-positivo no se desmiembra de su naturaleza artística y solemnemente amorosa.

Los que nos interesamos por la salud de la humanidad y del planeta tenemos el deber de integrarnos, y eso es lo que estamos intentanto lograr en los Seminarios y Prácticas Shamánicas que dictamos en nuestra sede de Tarapoto - Perú. O si amerita nuestra visita al extranjero, lo hacemos. El shamanismo amazónico nos hace sentir ciudadanos del mundo, por lo tanto nuestra tarea y nuestra fé no se circunscriben solo al país de nuestro nacimiento. Las fronteras para los shamanes no existen, nuestra convicción crece cuando amamos y servimos sin distinción de credos, razas o límites geográficos.

El shamanismo tiene por uno de sus principios básicos la identificación con la madre tierra, quien representa a todo el universo. Pero nuestra aptitud no es la de los creyentes que piensan que el EDÉN se otorgó a la humanidad para usarlo y vivir felices; los shamanes creemos que más bien somos guardianes guerreros que cuidamos a ese EDÉN pues de ello depende la vida de todos los seres vivientes. Esto nos califica como ecologistas por antonomasia, celosos guardianes de nuestro hábitat que los mercaderes insensibles están destruyendo sin tener en cuenta que se aniquila a la humanidad.

Ante esta emergencia todos los habitantes del mundo deben saber que la guerra nuclear es un juguete comparada con la destrucción de la naturaleza, la contaminación y la degradación de la capa de ozono.

AYAHUASCA El principio activo básico es un alcaloide que ya había sido descrito muchos años antes:  la Harmina.  Esta substancia recibió su nombre de una planta del Cercano Oriente, la harmala (Peganum Harmala). El Ayahuasca tiene una concentración de alcaloides igual al 0.1 - 0.6% del producto seco. El 62-96% de este contenido está constituido por harmina. Contiene además tetra-hidroharmina en una concentración de 1-29% y el resto de los alcaloides está representado por harmalina, harmol, harman y otros de núcleo similar pertenecientes a las beta-carbolinas
La harmina y su familia alcaloidea son inhibidores de la mono-amino-oxidasa (MAO) cerebral y, como tales, permiten acumular norepinefrina y son antidepresivos. Así, químicamente puros, pueden producir una cierta sensación de euforia y bienestar. En la práctica ritual, sin embargo, el Ayahuasca nunca se utiliza en forma pura. Siempre se acompaña de otros vegetales que contienen otros alcaloides triptamínicos. El aditivo principal usado para el Ayahuasca en el brebaje indígena que recibe el nombre de "Chacruna". es la Psychotria viridis, una planta psicoactiva. Tras 28 años de investigación por el Dr. Jorge González Ramírez ahora el preparado que se ingiere contiene 32 plantas que gratifican todos los sistemas del cuerpo,cerebro y espíritu

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