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| La
existencia de vegetales, hongos, minerales, partes de animales, etc.
con propiedades terapéuticas para los mamíferos precede en miles de
millones de años a la aparición del hombre, y su uso etno-médico
precede en cientos de miles de años a la aparición de la Tecno-Medicina,
y a los intentos de las Multinacionales farmacéuticas de aplastar
cultural y comercialmente a las Fitoterapias.
Los vegetales son los grandes captadores de la
energía fotónica del Sol, sostenedor último de la energía biológica
del planeta. Desde el Paleozoico los vegetales han crecido simultánea,
sinérgica y armónicamente con los animales, a los que alimentan,
complementan y a los que utilizan para sus fines de desarrollo y
reproducción. A cambio de aportar a los animales nutrientes,
información y biorregulación, así como energía (no solo física, sino
también sutil), reciben de ellos la polinización precisa a distancia,
la diseminación de las semillas de sus frutos, así como el anhídrido
carbónico y los abonos de sus heces que las harán crecer, cerrando así
sabia y establemente el ciclo ecológico. Las plantas útiles dan
alimento y curación a los hombres y, a cambio, reciben de ellos
selección, protección, abono y riegos.
Según el chamanismo y ciertas Etno-Medicinas,
determinados vegetales y hongos (o, mejor, las entidades que viven en
ellas) son, además, «plantas de poder» o «de conocimiento» que,
mediante ciertos rituales de iniciación, purificación y sintonización,
sirven para poner en comunión al chamán (y al paciente) con otras
dimensiones y niveles de conciencia, en la que participan (y se
hermanan) todos los seres vivientes, corpóreos o incorpóreos, y todos
los reinos de la Naturaleza. Estas dimensiones y niveles de conciencia
escapan a la detección de la «ciencia» del hombre blanco, y sin estos
rituales de iniciación, purificación y sintonización (que son secretos
y se transmiten de maestro a discípulo) esas mismas plantas solo
actuarán como vulgares drogas psicodislépticas, que confundirán y
esclavizarán al hombre.
La Tradición Sagrada Universal nos dice que Dios
quiso crear las plantas mucho antes que a los animales y al hombre,
tal y como, además, lo atestigua el registro fósil y la Paleontología.
El libro del Génesis nos dice que Dios, tras crear el universo vegetal,
vio que era bueno y le dio su bendición; e, incluso, ayudó al
hombre y mujer primordiales a reconocer las propiedades de cada uno de
los arbustos y árboles del Edén, (puesto por Él al servicio de los
seres humanos), y a darles un nombre.
Las plantas medicinales son parte del reino
vegetal, que es parte básica de la Naturaleza, y la Naturaleza es obra
del Creador. Dios no puede haber hecho cosas malas. Un viejo Hadit del
Islam nos recuerda que en la Naturaleza creada existen siempre
remedios para cualquier mal que pueda acaecernos: «Dios no hizo
descender ningún mal, sin darnos con él su remedio».
A pesar de ello, es indudable que todos los
elementos naturales (piedras, agua, vegetales, animales, etc.) pueden
causar daño por catástrofes naturales imprevistas, o si la ignorancia
y mala fe de los hombres son realmente altas. Se puede, por ejemplo,
matar con piedras, pero no se «confiscan», «testean», «registran», «reglamentan»,
«autorizan», etc. las piedras por el hecho de que podrían usarse para
matar. De la misma forma, la Fitoterapia, aunque puede hacer mucho
bien y puede por lo común hacer escaso daño al hombre, si las dosis de
ignorancia, de desconexión tribal, y de mala fe fueran muy altas,
deberíamos admitir que la Fitoterapia puede llegar a matar a algún ser
humano. Pero no por ello se nos ocurriría «testear» y «autorizar» los
vegetales que pudieran ser mortales por su mal uso; al menos a ningún
gobernante se le ocurrió hacerlo en el pasado.
Durante millones de años los animales y los
hombres han ingerido los productos de la Naturaleza sin necesidad de «analizar
bioquímicamente» lo que estaban tomando y sin «testear su eficacia con
bases rigurosas». Y durante miles de años, sin necesidad de análisis
ni experimentaciones, los reinos y las naciones castigaron al que
hacía fraude en sus mercadeos, y también sin tests ni análisis previos
castigaron a quién envenenaba o hacía daño. Los castigos eran duros, y
ejemplarizantes. Pero es que, aunque no actuasen los poderes públicos
(nunca darán abasto para controlarlo todo, más bien ocurre lo
contrario, afortunadamente), actuaba el mercado pues, como
hemos dicho, piensen lo que piensen los funcionarios que quieren «protegerla»
y «tutelarla»... la gente no es tonta.
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| La
medicina tradicional y natural conocida internacionalmente como
alternativa, energética y naturalista o complementaria, forma parte
del acerbo de la cultura universal, es decir, conceptos y prácticas
que se han heredado de generación en generación.
Su desarrollo no se ha limitado a la acumulación
de conocimientos derivados de la práctica, sino también al diseño de
un cuerpo teórico completo, sobre el arte de curar, integrado a los
sistemas de salud modernos; lo que ha determinado que los gobiernos de
varios países se responsabilicen con elaborar legislaciones al
respecto.
Los factores naturales conforman el medio en el
cual nace, evoluciona y se desarrolla el hombre, por lo que resultan
de vital importancia para las actividades del ser humano; al mismo
tiempo que han puesto de manifiesto – mediante investigaciones– su
valor en la prevención, curación y rehabilitación de diversas
patologías.
Sin embargo, su generalización se ha realizado
lentamente; su desarrollo y práctica han producido, en ocasiones,
rechazo en numerosos médicos en el ámbito internacional, por causa de
insuficiente información al respecto y por la oposición de las grandes
industrias farmacéuticas que florecieron y se convirtieron en
poderosas empresas con enormes influencias en gobiernos, asociaciones
y facultades médicas, luego de las dos guerras mundiales. Basta
señalar que en 1987 las ganancias de estos grandes consorcios
alcanzaron la cifra de noventa billones de dólares y de éstos, más de
la mitad, correspondió a doce grandes firmas norteamericanas.
El abuso tecnológico y terapéutico, la expansión
incontrolable de gastos en recursos que pueden ser sustituidos por
otros menos dañinos, y la iatrogenia provocada por esta desmedida
utilización de fármacos, son elementos fehacientes que han suscitado
preocupación y alerta en los organismos internacionales de salud, los
cuales se han pronunciado al respecto.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) en el
contexto de su 29 Asamblea Mundial, celebrada en 1978 en Ginebra,
Suiza, reconoció por primera vez la importancia de los profesionales
de la medicina tradicional y natural y la de los medicamentos y
técnicas que utilizan; y que son las fuentes de recursos disponibles
más importantes para la consecución de la meta de salud para todos en
el año 2000. También promueve la utilización apropiada de los sistemas
tradicionales de medicina como parte de los programas de asistencia
primaria de salud y estimula así el estudio de la utilidad potencial
de ésta, como uno de los pilares básicos sobre los que debe
sustentarse esta atención. |
Enlaces
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http://wikipedia |
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Es importante recalcar que la llamada
Medicina Tradicional China jamás ha sido aceptada ni en sus
fundamentos teóricos ni en sus aplicaciones prácticas por los expertos
occidentales que practican una medicina científica. También
debe tenerse en cuenta que la inmensa mayoría de los efectos
supuestamente curativos de esta MCT se explicaban tradicionalmente por
mecanismos bien conocidos, como el efecto placebo o la
evolución espontánea de enfermedades hacia su curación sin tratamiento
y que existen explicaciones científicas para otros efectos de esos
tratamientos. |
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sonccowasi |
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El término
"Aya" significa en Quechua "Espíritu"
o "Muerto" y "Huasca"
liana, bejuco, soga. Su traducción literaria sería
"Soga de Muerto" o "Enredadera de la Muerte".
Es una enredadera que puede crecer masivamente envolviendo un árbol
hasta de 10 o 15 mts. de altura. Su tallo tiene la tendencia de
enroscarse sobre sí mismo acompañándose de tallos hermanos y formando
así una especie de cuerda trenzada que llega a veces a un diámetro de
10 -15 cm. Su corteza es lisa, de color marrón verdoso y sus flores se
abren en racimos de color rosado, lila o blanco. |
js |
La tecnomedicina no es tan buena.
«No es oro todo lo que reluce», dice el refrán. La Tecno-Medicina ha
tenido grandes aciertos y glorias, que no vamos a dejar de reconocer (y
usar), pero asimismo tiene numerosas zonas de sombra, de fracaso y de
impotencia, como es lógico.
Aunque desde niños nos han apabullado con la intensa propaganda (mediática
y cultural, consciente e inconsciente) que envuelve a la Tecno-Medicina y
Tecno-Farmacia reales, debemos aprender a reconocer los pies de barro del
gigante que quiere aplastar a nuestras Etno-Medicinas.
Su propia población «está de
vuelta».
La imagen que nos enseña la Tecno-Medicina (dirigida claramente por la
Tecno-Farmacia que, a su vez es dirigida descaradamente por las
Multinacionales farmacéuticas), pretende estar basada en saberes «objetivos»
y «neutros» y lleva en sí la ilusión de la ciencia en estado puro.
Sin embargo, y a pesar del fuerte aparato de prestigio, seriedad y
eficacia que normalmente las envuelve, dentro de Europa y Estados Unidos
existe una importante corriente de decepción ante las impotencias, los
retrocesos y las bio-consecuencias ambientales e individuales a medio y
largo plazo, de una ciencia y una técnica que, en teoría, debería habernos
liberado. Por otra parte, han sido sonados los casos de corrupción de
funcionarios públicos relacionados con la Sanidad que han logrado salir a
la luz pública en bastantes países del llamado Primer Mundo. Profesionales
conscientes y sectores concienciados de la población del primer y Segundo
Mundo (especialmente jóvenes) muestran una crítica creciente ante los
métodos que la ciencia y la técnica biosanitarias reales utilizan.
Podría decirse que cuando (los gobiernos de) los países del Tercer
Mundo «van»... la población más escarmentada, mejor informada y más
consciente del mundo que tanto admiran «ya está volviendo». Quizás, si
tanto se empeñan nuestros responsables sanitarios, logren con sus
normativas reguladoras subirse a un tren que históricamente empieza a
echar humo, y del que los viajeros más alertados de ciertos vagones... se
están planteando en bajar. Este artículo es una prueba de ello.
La tecno-farmacia descalifica
las moléculas y los organismos vivientes.
Se
presenta la creciente sofisticación y complejidad técnica de los productos
de las Multinacionales farmacéuticas como un «avance», cuando sólo es eso:
sofisticación y complejidad técnica, cada vez menos accesible incluso a
los propios médicos y farmacéuticos europeos y norteamericanos, así como a
las organizaciones supranacionales de control (OMS). Nótese, además, que
la sofisticación y complejidad técnica es justo lo que más diferencia la
Tecno-Farmacia de las Fitoterapias indígenas y, por extraña casualidad, lo
que más quieren imponer en la nueva normativa en ciernes.
Sin embargo, un ser vivo es mucho, muchísimo más que la suma agregada
de las moléculas que lo componen, y para que una planta o mezcla de ellas
actúe no necesitamos obligatoriamente conocer sus moléculas y las dosis en
las que están presentes en dichas plantas (tampoco la Tecno-Farmacia las
conoce, a pesar de lo que dice, sino en una ínfima minoría).
La imagen propagandística de la Tecno-Farmacia presenta como «descubrimientos»
punteros lo que en muchos casos no pasan de ser síntesis químicas y
hermosas (y caras) presentaciones farmacéuticas de productos (ligeramente
modificados) pre-existentes en la Naturaleza, y que durante siglos fueron
sobradamente conocidos y utilizados por las Etno-Medicinas y Fitoterapias,
como es el caso de la aspirina (infusiones de sauce), antipalúdicos (quinina),
agentes tromolíticos (venenos de serpientes), etc.
Es presentada como un gran «avance» la «síntesis» que la Tecno-Farmacia
realiza de tal o cual molécula (convenientemente modificada, para que el
producto farmacéutico resultante sea patentable, claro está) de una planta
que previamente vieron usar a los etno-médicos de los países que
colonizaban. Sin embargo, esta «síntesis» molecular es vista por las
Etno-Medicinas y Fitoterapias como una grave alteración y
desnaturalización del poder terapéutico de la planta, y como una brutal
separación de dicha molécula del complejísimo ecosistema bioquímico que el
vegetal supone, así como de los niveles energéticos sutiles que el «alma»
de la planta conlleva.
La producción industrial de dicha molécula aislada y modificada y su
uso masivo (ponderal) en los enfermos obtiene efectos indudables en los
síntomas o en los microbios que actúan, que son irresistibles en primera
instancia por el organismo, lo que en ocasiones de especial gravedad puede
ser útil. Sin embargo, estos efectos no alteran las verdaderas causas de
la enfermedad (o de la proliferación microbiana) y suelen generar, por
tanto, recidivas y dependencias (que resultan altamente rentables para el
marketing tecno-farmacéutico). Y la ruptura de armonía que supone su uso
masivo continuado de la molécula es respondido tarde o temprano por el
organismo y el ecosistema que lo envuelve, produciendo a menudo
degradaciones orgánicas y del entorno peores que las que había en un
principio.
«Pan para hoy y hambre para mañana», como dice el refrán. Este cambio
de calidad por cantidad y este desplazamiento de los problemas (acrecentados)
hacia el futuro es un paradigma continuo que subyace en gran parte de los
«avances» de la Tecno-Medicina y Tecno-Farmacia modernas, tal y como
expondremos en este artículo.
Pequeños avances... dentro de
grandes retrocesos.
La propaganda al uso nos presenta como «avances terapéuticos decisivos»
que debemos agradecer a la ciencia y técnicas modernas medicamentos que no
son más que mejoras relativas de grandes empeoramientos de la salud... ¡generados
directa o indirectamente por (el estilo de vida derivado de) esa misma
ciencia y técnicas modernas!.
En este sentido: ¿Podemos decir que los nuevos super-(antimicrobianos/inmuno-supresores/anti-coagulantes,beta-bloqueantes,
etc.) representan un «avance decisivo» de la ciencia/técnica modernas...
cuando precisamente las super-infecciones, inmuno-transtornos,
alteraciones cardiocirculatorias, etc. son máximas en los países en donde
mayor acción ha ejercido la ciencia/técnica modernas y su estilo de vida y
alimentario relacionado?.
Promesas incumplidas... ¡e
invertidas!.
Durante muchos años los mass-media estuvieron publicitando
insistentemente las glorias de la Tecno-Medicina y Tecno-Farmacia,
hablando de la «desaparición» mundial de la viruela y, debido a los
fármacos y usos «científicos» y «seriamente contrastados», prometiéndonos
un retroceso constante de la enfermedad (especialmente de las infecciones
y del cáncer). Y desde 1978 oímos insistentemente el eslogan de la propia
OMS de «Salud para todos en el año 2000» si nos sumábamos al glorioso
caballo de la Tecno-Medicina. Aunque no tenemos más que mirar a nuestro
alrededor para constatar el incumplimiento de tantas promesas y eslogans,
comentemos los fracasos más emblemáticos:
El encubierto fracaso del
cáncer.
No sólo no ha desaparecido el cáncer sino que su incidencia ha ido
lentamente aumentado en términos globales, precisamente en los países más
sometidos a los «beneficios» preventivos y terapéuticos de la
Tecno-Medicina. Tras medio siglo de inversiones multimillonarias estamos
casi como al principio: costosas campañas de prevención y de diagnóstico
precoz que no logran bajar la creciente incidencia, mutilantes cirugías,
desvitalizantes radioterapias y quimioterapias... y poco más.
Se presenta la mejoría en la supervivencia a tres o cinco años vista
que se ha producido en el tratamiento de algunos tumores como importantes
«avances» de la lucha contra el cáncer, ocultando en las estadísticas el
patético descenso de la calidad de vida que se produce por las (costosísimas)
cirugías y re-cirugías, radicalmente mutilantes, y por las (costosísimas)
radio y quimioterapias intensamente desvitalizantes. ¿Dónde están aquí la
escrupulosa lucha contra los encarecimientos artificiales y donde están
los rigurosos test de eficacia y de ausencia de efectos secundarios a que
quieren someter a las Etno-Medicinas y Fitoterapias?. ¿Qué pasaría si
alguna Etno-Medicina cobrase la décima parte de pesetas o alguna
Fitoterapia produjese la décima parte de los efectos secundarios que
produce la Tecno-Medicina?.
La Tecno-Medicina llama éxito a obtener una medida de cantidad a cambio
de ceder 100 medidas de vitalidad y calidad (por no decir de dignidad);
llama éxito a desplazar los problemas hacia el futuro, para así poder
proclamar en bonitas diapositivas que «ha mejorado claramente la
supervivencia», ocultando que en muchos casos se trata de una
supervivencia descualificada a un horizonte de 3 o 5 años y que la
supervivencia final global apenas ha variado. Y, cuando ya no puede
desplazar más los problemas hacia el futuro, llama «mejora en la calidad
de vida» a la analgesia, que en muchos casos no es mas dopamiento con
opiáceos y psicofármacos y silenciamiento del paciente... cuando no
eutanasia encubierta.
La rebelión de los
micro-organismos.
La expresión actual de la viruela parece haber enmudecido, a nivel
mundial; como contrapartida, decenas de nuevas amenazas víricas (algunas
de ellas temibles) han aparecido o re-aparecido sobre el planeta. Pero de
nuevo es la ciencia y técnica modernas quienes nos aseguran la
no-desaparición de los agentes de la viruela: aunque oficialmente negados,
numerosos bancos microbianos militares del mundo «cientificamente
desarrollado» guardan las variantes más «virulentas» de la viruela, valga
la redundancia.
La experiencia nos enseña que la Tecno-Medicina no es tan beneficiosa
como su auto propaganda proclama (y que tanta fascinación provoca en los
países «en vías de «desarrollo»»), sino que puede ser finalmente más
perjudicial de lo que pensamos. Tras medio siglo de utilización de
variados y sofisticados antimicrobianos en hombres y animales ha ocurrido
lo siguiente: simplemente ha disminuido durante los primeros decenios la
incidencia de los microorganismos menos agresivos y virulentos,... pero ha
ido creciendo en los últimos decenios la incidencia de numerosas
infecciones emergentes y reemergentes, cada vez más agresivas y
resistentes. Nuestra situación final apunta ser peor que la inicial y la «piel
del cordero» resulta que encubría dentro un «lobo feroz».
Cuando en los últimos años las Multinacionales farmacéuticas han visto
las orejas de este lobo (estas ya eran indisimulables) la propaganda al
uso ha empezado a decirnos ahora (durante decenios permaneció
callada) que la responsabilidad de esta preocupante tendencia... es
atribuible a los «otros». Es decir, la fatal tendencia se debe al «mal
comportamiento» de los microbios (que tienen la fea costumbre de mutar y
pegarnos sustos) y también al «mal comportamiento» que, con los
antibióticos, tienen los médicos y pacientes (que, por comodidad o pánico,
los usan demasiado imprecisa e indiscriminadamente).
Nunca he visto un «mea culpa» ni un acto de comedimiento en la soberbia
ciencia/técnica modernas, y muy pocas son las mentes lúcidas que ponen en
duda las maravillosas ventajas «liberadoras» finales que se atribuyen a
los productos de este nuevo dios en que se ha convertido la «ciencia». Un
dios que deviene en realidad un nuevo «becerro de oro» para las
Multinacionales farmacéuticas y sus servidores directos o indirectos.
A pesar de que la propaganda al uso carga la responsabilidad (como
siempre) en el «mal comportamiento» de médicos y pacientes con los
antibióticos, este es un factor cierto pero secundario: la verdad es que
esto no ha sido casual sino que se ha producido de forma inorillable,
previsible (y anunciada desde los años 60 por los cerebros más lúcidos de
la medicina moderna). Ha sido precisamente la antibiótico terapia «científica»
la que ha facilitado la mutación y propagación de cepas con agresividad y
resistencia creciente, produciendo ella misma una «selección natural» (o,
mejor dicho, artificial) de los microorganismos que quería combatir. Y
ello ha sucedido por el simple hecho de no poder usar la
antibiótico terapia demasiado intensamente (sucumbirían entonces nuestra
flora intestinal y esas pequeñas «bacterias» que son nuestras mitocondrias
intracelulares) y por el simple hecho de ser usada extensamente (¿Podría
no haberlo sido?). La utilización «correcta» de los antibióticos debe ser
muy tenida en cuenta, ciertamente, pero aunque se realice cabalmente, esto
sólo representará un retraso cuantitativo en el tiempo de la aparición de
resistencias microbianas.
Tras la «Hubris» de los primeros decenios, ha venido la «Némesis» o
contestación de la Naturaleza... como era de esperar.
El flagelo moderno del SIDA.
Los usos técnicos y de medicamentos cuyo uso (y abuso) supone profundas
perturbaciones en los ecosistemas biológicos y cuyas consecuencias a medio
y largo plazo apenas estamos empezando a atisbar, siguen presentándosenos
como «avances espectaculares». Además de los antibióticos, se nos presenta
ahora una gama de «antivíricos», análogos de nucleótidos, inhibidores de
las proteasas, etc.
Se olvida de nuevo lo mismo que esta ocurriendo con los antibióticos:
no podremos usarlos demasiado intensa o duraderamente y su uso extensivo
acabara produciendo una selección artificial de resistencias y respuestas
genéticas (generalmente en forma de cánceres y apoptosis celulares) a
medio y largo plazo.
En el «éxito» de la Tecno-Farmacia esta precisamente su fracaso: pues
quién dice «antibiótico» (anti-bacteriano), está diciendo anti-flora
intestinal, anti-metabolismo mitocondrial, etc.; y quien dice «anti-víricos»
está diciendo en realidad anti-ácidos nucleicos (y nosotros estamos
repletos de DNA, RNA, Transcriptasa inversa, etc.); y quién dice «anti-proteasas»
(anti-síntesis/degradación de proteínas víricas) está diciendo en realidad
inhibición de la síntesis y degradación de millones de proteínas útiles
propias, y recordemos que nuestra vida depende básicamente de las
proteínas. ¿Seguiremos huyendo hacia delante?.
Además, tenemos de nuevo aquí el paradigma del pirómano que viene
después a vendernos un extintor: ¿Cómo podemos ufanarnos de que los
análogos de nucleótidos, inhibidores de las proteasas, etc. (que
actualmente se utilizan para el tratamiento del SIDA) representan un
«avance decisivo» de la Tecno-Medicina... cuando crecen las voces de los
científicos disidentes que señalan que los casos constatados de
SIDA se han propagado precisamente desde el Primer Mundo y tras decenios
de estrés inmunológico creciente?.
Un estrés inmunológico relacionado estrechamente con el estilo de vida
derivado de la ciencia/técnica modernas y que se origina principalmente:
-
De la contaminación física y química que afecta ambiental y
alimentariamente a todas las especies del planeta, pero especialmente al
ganado, animales domésticos y personas del Primer Mundo;
-
De la vacunación y antibioticoterapia/profilaxis indiscriminada e
intensiva que se ha realizado forzadamente sobre hombres y animales;
-
Del uso creciente de inmunosupresores (no solo antibióticos, sino
también corticoides, mercaptopurinas, citostáticos, etc.);
-
De la introducción directa en el organismo de millones de proteínas
(implicadas en transplantes, transfusiones, inyecciones de
inmunoglobulinas, hemoderivados, sin hablar de las propagadas por drogas
lúdicas inyectadas con jeringuillas compartidas, etc.);
-
De los experimentos (farmacológicos y militares) de recombinación
genética cruzando fronteras de especies muy distantes; etc.
Sea cual sea el origen de esta temible pandemia, lo cierto es que ella
no existía antes de los aparentes «avances» con que nos regaló la
Tecno-Medicina y que ella (al igual que un importante grupo de
enfermedades degenerativas emergentes con dilatado tiempo de latencia que
afectan a hombres y ganado), parece depender de factores activados por el
estilo de vida ligados al «progreso» científico-técnico y a la medicina,
veterinaria y agrocultura «invasivas» occidentales modernas, factores que
sin duda han alcanzado en los últimos dos decenios el «umbral de disparo»
expresivo que ahora conocemos.
El capcioso argumento
estadístico.
La fraseología tecno-médica está llena de lenguaje estadístico, con el
que se llenan la boca (y las publicaciones que sustentan su currículum)
los aprendices de «científico» y los que ya lo son, y con el que apabullan
a los ciudadanos y autoridades de los países del Tercer Mundo.
Se presenta como un avance (útil primero, pero «obligatorio» después)
los métodos estadístico-epidemiológicos que en los últimos decenios se han
venido usando en el testeo de los nuevos productos farmacéuticos. Pero en
la realidad, estos «test» actúan como filtros metodológicos y económicos
que excluyen a todo aquel que no sea un laboratorio con utillaje
bioestadístico y presupuesto multimillonario reconocido por los
Ministerios de Sanidad y por las revistas «serias» que habrán de publicar
los resultados.
En su práctica, estos métodos utilizan experimentos en dosis diversas,
sobre muestras primero de animales (a los que aíslan, intoxican, a veces
torturan y casi siempre matan) y sobre muestras después de personas (por
una extraña casualidad las pruebas iniciales de productos potencialmente
inciertos o peligrosos casi nunca se realizan sobre «voluntarios» ricos,
habitantes en países pertenecientes a los «siete grandes»).
Sin embargo, la inmensa mayoría de los descubrimientos y avances
realizados en la Historia de la Medicina han surgido de observaciones
individuales (por no decir geniales) de casos muy individuales, pero
singularmente heurísticos; y casi nunca se han derivado de la utilización
de estos métodos epidemiológico-estadísticos. Estos métodos son
relativamente útiles como instrumentos de orientación estadística cuando
no hay otra forma mejor de guiarse, pero sobre todo son útiles para
confirmar (o, mejor dicho, para documentar) a posteriori las hipótesis que
han surgido de situaciones heurísticas muy singulares y distintas a los
ensayos epidemiológico-estadísticos.
A pesar de esta utilidad, estos métodos son costosos, desdibujan
gravemente las diferencias individuales, dependen de numerosas
suposiciones y restricciones de partida (que luego tienden a olvidarse,
cuando se publican, en base a procesos de generalización) y, a pesar de
los recursos matemáticos y de procedimiento que intentan minimizar los
errores y sesgos estadísticos, jamás están extentos de ellos. Y, lo más
importante: no implican causalidad, ni en base a ellos se
pueden confirmar o descartar hipótesis, sino solo en base a cierta
probabilidad.
Los métodos epidemiológico-estadísticos sólo son válidos para
sugerir la existencia o ausencia de fenómenos grupales y siempre que
se utilicen de buena fe; en caso contrario, su mal uso (o su utilización
fuera de los ámbitos en que no deban ser usados) permite la deformación de
la realidad con apariencia y retórica «científica», motivo por el cual las
estadísticas son tan ampliamente utilizadas por políticos y publicistas,
para enfatizar ciertos aspectos y minimizar otros, sugerir falsos
descartamientos o confirmaciones, y usar restricciones mentales que sólo
serán evidentes para expertos avezados que dispongan de datos de base.
En cuanto a su exigencia... sirven para dejar fuera del mercado
de la salud a las Etno-Medicinas y Fitoterapias ancestrales de nuestros
pueblos.
El tamaño del filtro «científico»...
varía según los intereses.
Cuando
ha existido, el rigor de los requisitos exigidos por los occidentales para
los preparados terapéuticos ha variado considerablemente: o bien se «filtran
mosquitos» (sabido es que la conocidísima penicilina no pasaría hoy en día
los requerimientos exigidos por la FDA americana para los nuevos
antibióticos) o bien se tragan camellos: la misma FDA autorizó en 1985 el
AZT como tratamiento básico para el SIDA, un antitumoral descartado en
1968 por su alta toxicidad, mutagenicidad, cancerogenicidad,
teratogenicidad y efectos secundarios; en cuanto a los tests de eficacia
que se presentaron para su re-aprobación, fueron desbaratados por el
primer estudio a gran escala (Estudio Concorde) que se hizo fuera de los
ensayos presentados por la multinacional poseedora de la patente, a pesar
de lo cual el carísimo AZT ha seguido usándose hasta el presente.
Pero quién es poderoso, es poderoso: hasta en el último rincón del
Tercer Mundo veremos anuncios y ventas de la multinacional Coca Cola, cuya
suave pero evidente capacidad adictiva es patente, cuya «curva de
estimulación» es mucho más larga y prolongada que la de la cafeína (componente
que también tiene) y cuya fabricación depende de la importación de
un jarabe básico elaborado en los Estados Unidos y cuya elaboración se
obtiene de toneladas de hojas de coca que, periódicamente, llegan desde
Colombia y otros países: ¿acaso algun «estado soberano» del mundo o alguna
organización supranacional de control ha logrado alguna vez que esta
multinacional de «refrescos» se someta a unos controles sanitarios que
comiencen por que la Compañía consigne (aunque sea bajo expediente
administrativo secreto) la composicion completa y exacta de sus
ingredientes?. ¿Acaso nuestras Etno-Medicinas y Fitoterapias son menos que
la Coca-Cola?.
Algo nos hace suponer que para las Etno-Medicinas el tamaño (procedimental
y económico) del filtro sería mas bien estrecho... lo suficientemente
estrecho. Sino, al tiempo.
Saber responder a los tópicos
comunes.
Empezamos a entrever lo que se esconde tras la piel de cordero de la
Tecno-Medicina que viene a poner orden en las según ellas primitivas y
caóticas Etno-medicinas. Su seductora retórica estadística nos hablará a
través del propagandeador de turno (normalmente un «científico acreditado»
o un «serio artículo científico»), por lo que hemos de aprender a
responder a sus falacias, cuando las haya.
A sí es que, cuando os digan que la ciencia y la técnica han permitido
«liberarse» al hombre de las antiguas servidumbres y le han hecho más «poderoso»
y «autónomo», preguntad: ¿Qué liberación?. ¿Qué poder?. ¿Qué autonomía?.
¿La del endeudamiento progresivo de nuestros países?. ¿La de la pérdida y
olvido de los recursos autóctonos de autoabastecimiento y autocuración?.
¿El del río de emigrantes africanos ilegales que intentan llegar a y
sobrevivir en los países de quienes dependemos tecnológica, económica y
culturalmente cada vez más?.
Y cuando os digan que los «adelantos» de la medicina, veterinaria y
agrocultura «científicas» han mejorado los indicadores biológicos de los
países en donde se aplica, preguntad: ¿Qué indicadores biológicos?. ¿El
del alarmante descenso de la variabilidad de especies e individuos que se
observa en los animales y vegetales de los suelos, ríos y mares de los
países industrializados?. ¿El del alarmante descenso de la espermiogenesis,
de la capacidad de lactación y de la natalidad que se observa en los
países «avanzados», y tanto mas cuanto más «desarrollados» estén?.
Y cuando os digan que, desde que actúa la Tecno-Medicina, ha aumentado
la esperanza de vida de la Humanidad preguntad: ¿De qué Humanidad: la del
hombre negro, la del Tercer Mundo?. Y, en cualquier caso: ¿Durante qué
periodo: el de las vacas gordas o el de las vacas flacas?. ¿Entran en la
estadística «subproductos tecnológicos» -antaño inexistentes- como son los
muertos por catástrofes climáticas (o las hambrunas subsecuentes) debidas
al recalentamiento del planeta, los no nacidos, los abortados, los muertos
en las masivas guerras y genocidios (de eficacia «tecnológica») de nuestro
tiempo, y los muertos de hambre por las catastrofes socio-económicas
subsecuentes?.
Un instrumento bueno...
corrompido.
Lo anteriormente señalado son los «frutos malos» de una «ciencia» y «técnica»...
sin conciencia. Pero las hemos de distinguir de la Ciencia y Técnica con
Conciencia, que es la que reconoce en la Naturaleza a nuestra hermosísima
Madre, y a la sabia Maestra que nos guía, al Vaso Sagrado que nos
constituye; Ciencia y Técnica con Conciencia que, a pequeña escala,
siempre fue el hacer de las Etno-Medicinas y las Fitoterapias.
La Ciencia y la Técnica son instrumentos poderosos que Dios ha puesto
en nuestras manos y que no debemos temer de usar; pero la brutal rapiña y
usura con las que los hombres blancos las han ejercido en los últimos
siglos, las han convertido hasta el presente en instrumentos más malditos
que benditos, al menos para los africanos. Esta forma y talante soberbio y
despiadado de usar la ciencia y la técnica convierten muchas veces un
instrumento teóricamente bueno (o, al menos, neutro) en instrumento
insidiosamente perverso; o, por utilizar el símil evangélico, convierten
un árbol inicialmente bueno en productor de «frutos malos», frutos que
debemos aprender a distinguir y a denunciar.
Enlaces
| Por el Padre
César Fernández de la Pradilla. Doctor en medicina alternativa,
experto en radiestesia médica y fitoterapia africana. |
Son tan
innúmerables las experiencias sociales que el
hombre amazónico tranformó en cultura y, dentro de ella, en medicina, que
cuando hablamos de Shamanismo no solo debemos referirnos a las plantas
curativas sino también a los elementos vitales naturales que desde hace
por lo menos 10,000 años fueron usados con cada vez más pulida maestría
por los shamanes de este pulmón del orbe que es la Amazonía y
transformados en hechos de conciencia médica que abarcan los ámbitos de la
psiquiatría, la sociología, la antropología y la filosofía dentro de un
marco mítico o mágico que sin dejar de ser fáctico-positivo no se
desmiembra de su naturaleza artística y solemnemente amorosa.
Los que nos
interesamos por la salud de la humanidad y del planeta tenemos el deber de
integrarnos, y eso es lo que estamos intentanto lograr en los Seminarios y
Prácticas Shamánicas que dictamos en nuestra sede de Tarapoto - Perú. O si
amerita nuestra visita al extranjero, lo hacemos. El shamanismo amazónico
nos hace sentir ciudadanos del mundo, por lo tanto nuestra tarea y nuestra
fé no se circunscriben solo al país de nuestro nacimiento. Las fronteras
para los shamanes no existen, nuestra convicción crece cuando amamos y
servimos sin distinción de credos, razas o límites geográficos.
El shamanismo tiene por uno de sus principios básicos la identificación
con la madre tierra, quien representa a todo el universo. Pero nuestra
aptitud no es la de los creyentes que piensan que el EDÉN se otorgó a la
humanidad para usarlo y vivir felices; los shamanes creemos que más bien
somos guardianes guerreros que cuidamos a ese EDÉN pues de ello depende la
vida de todos los seres vivientes. Esto nos califica como ecologistas por
antonomasia, celosos guardianes de nuestro hábitat que los mercaderes
insensibles están destruyendo sin tener en cuenta que se aniquila a la
humanidad.
Ante
esta emergencia todos los habitantes del mundo deben saber que la guerra
nuclear es un juguete comparada con la destrucción de la naturaleza, la
contaminación y la degradación de la capa de ozono.
AYAHUASCA
El principio activo básico es
un alcaloide que ya había sido descrito muchos años antes: la
Harmina. Esta substancia recibió su nombre de una planta del
Cercano Oriente, la harmala (Peganum Harmala). El Ayahuasca tiene una
concentración de alcaloides igual al 0.1 - 0.6% del producto seco. El
62-96% de este contenido está constituido por harmina. Contiene además
tetra-hidroharmina en una concentración de 1-29% y el resto de los
alcaloides está representado por harmalina, harmol, harman y otros de
núcleo similar pertenecientes a las beta-carbolinas
La harmina y su familia alcaloidea son inhibidores de la mono-amino-oxidasa
(MAO) cerebral y, como tales, permiten acumular norepinefrina y son
antidepresivos. Así, químicamente puros, pueden producir una cierta
sensación de euforia y bienestar. En la práctica ritual, sin embargo, el
Ayahuasca nunca se utiliza en forma pura. Siempre se acompaña de otros
vegetales que contienen otros alcaloides triptamínicos. El aditivo
principal usado para el Ayahuasca en el brebaje indígena que recibe el
nombre de "Chacruna". es la Psychotria viridis,
una planta psicoactiva. Tras 28 años de investigación por el Dr. Jorge
González Ramírez ahora el preparado que se ingiere contiene 32 plantas que
gratifican todos los sistemas del cuerpo,cerebro y espíritu |