Para ello, apoya tu espalda contra un árbol que te
resulte simpático o abrázalo, descargando todo tu cuerpo contra él. Deja que
la fuerza armonizadora y energética del árbol se transmita a tu interior
CUERPO ETÉRICO: Protege los chackras y
loe equilibra. Protege el campo electromagnético
También
puedes tumbarte en una pradera florida y repleta de aromas y dejar que las
vibraciones de las delicadas flores te envuelvan y penetren.
También las flores cortadas o las flores colocadas en un florero que tengas
cerca de ti pueden transmitirte algo de su energía activadora y armonizadora.
emociones como la angustia, la furia, la opresión y
las preocupaciones generan en el aura figuras nebulosas oscuras. Cuanto más
abre una persona su conciencia al amor, la entrega y la alegría, más claros
y transparentes son los colores que irradia su aura emocional.
Las frecuencias energéticas que emitimos atraen vibraciones energéticas
iguales del entorno y se unen con ellas. Esto significa que, con frecuencia,
nos encontraremos con personas y circunstancias que precisamente reflejan
aquello que nosotros queremos evitar o de lo que queremos librarnos
conscientemente, o aquello que tememos.
Los
cuerpos energéticos representan portadores de conciencia en determinados
planos de vibración, y cuando su índice de vibración aumenta transmiten al
hombre energías vitales, sensaciones y conocimientos superiores dentro de su
ámbito de funciones específico.
Una disolución de las estructuras emocionales sólo
puede producirse a través del cuerpo espiritual, que manifiesta la sabiduría,
el amor y la bendición de nuestro yo superior, permitiendo al mismo tiempo
conocer las relaciones interiores partiendo de la visión universal y
holística de dicho yo. Este vínculo podemos establecerlo a través del chakra
del corazón y del chakra coronal.
Cuando las vibraciones de nuestro cuerpo espiritual se unen con el cuerpo
emocional y lo penetran, éste comienza a vibrar más rápidamente y empieza a
expulsar las energías negativas almacenadas, que tienen frecuencias menores.
Con ello perdemos el recuerdo emocional de estas experiencias y podemos
perdonarnos a nosotros mismos y a los demás.
A medida que
aumenta la disolución de las estructuras emocionales estancadas, el cuerpo
emocional comienza a irradiar profundos sentimientos de amor y de alegría
incondicional. El aura emocional luce con los colores más claros, intensos y
transparentes, y los mensajes que emite al entorno atraen la felicidad y el
amor. Una capacidad rayana en lo milagroso para atraer todo lo deseado es la
consecuencia natural de un cuerpo emocional plenamente integrado que vibra
con las frecuencias máximas que le son posibles.
A
través del cuerpo espiritual experimentamos la unidad interior con toda la
vida. Nos une con el ser puro y divino, con la razón original omnipresente
de la que han surgido y continúan surgiendo todas las manifestaciones en la
creación. Desde este plano tenemos un acceso interior a todo cuanto existe
en la creación
Sólo a través del cuerpo espiritual es posible conocer la fuente y el
destino de nuestra existencia y comprender el auténtico sentido de nuestra
vida. Cuando nos abrimos a sus vibraciones nuestra vida cobra una calidad
completamente nueva. En todas nuestras acciones somos llevados por nuestro
yo superior, y nuestra vida manifiesta la sabiduría, la fuerza, la bendición
y el amor universal, que representan las cualidades naturales del aspecto
supremo de nuestro yo.
Asimismo
los chakras irradian energía directamente al entorno, con lo que modifican
la atmósfera a nuestro alrededor. A través de los chakras podemos emitir
vibraciones curativas y mensajes, conscientes e inconscientes, influyendo
tanto positiva como negativamente sobre las personas, las situaciones e
incluso la materia
La angustia siempre provoca una contracción y, por tanto, un agarrotamiento
o bloqueo, que a su vez intensifica el sentimiento de separación y permite
que la angustia continúe creciendo. Romper este círculo vicioso y recuperar
la unidad perdida es el objetivo declarado de casi todas las vías
espirituales de Oriente y Occidente.
Estas vibraciones energéticas podemos encontrarlas, por ejemplo, en los
colores luminosos puros, en las piedras preciosas, en los sonidos y en los
aceites esenciales, y también en los elementos y en las múltiples formas de
manifestación de la naturaleza.
Tan pronto como hayas aprendido a amarte y a aceptarte enteramente, tal como
eres, irradiarás estas vibraciones a través de tu aura, y atraerás las
experiencias y vivencias correspondientes en el mundo exterior. Esto
significa que sólo entonces ganarás realmente el amor y el reconocimiento de
los demás, cuya pérdida tal vez habías temido anteriormente. Comienzan a
valorarte tal como eres en tu auténtica esencia, y te admiran por tu
auténtico valor de ser tú mismo. El amor y la comunión auténticas sólo son
posibles bajo esta premisa.
Si permaneces ahora en una atmósfera tensa en la que predominen las
vibraciones de insatisfacción, hostilidad o agresividad, tus chakras pueden
cargarse con energías negativas, o contraerse para protegerse de esos
influjos. En ambos casos la consecuencia es una subalimentación de energía
vital positiva
Si
llevas contigo un cristal de roca, potenciará la calidad luminosa y la
fuerza de irradiación protectora de tu aura. Su efecto se complementa muy
bien con la influencia de los aceites esenciales
También en el plano material se consuma una transformación con un ritmo
cíclico de siete años. Tal vez hayas escuchado ya la existencia de la prueba
biológica de que nuestro cuerpo se renueva completamente cada siete años. A
los siete años todas las células corporales han sido sustituidas por otras
nuevas, y somos personas completamente nuevas desde el punto de vista físico.
Si, por el contrario, en el plano psíquico parece como si en esos siete años
nada hubiera cambiado en realidad, se debe a que nuestro cuerpo emocional
está cargado con patrones similares a los del inicio de este periodo de
tiempo. Pero también puede suceder que al cabo de largo tiempo te encuentres
de nuevo con una persona y constates anonadado que ha dado un paso evolutivo
violento. Un cambio fundamental es absolutamente posible en siete años
EL espacio que nos rodea está lleno de prana, de energía vital
universal. De modo que una consecuencia lógica sería aprovechar y
utilizar directa y convenientemente estas fuerzas fundamentales,
altamente eficaces del cosmos. En el capitulo dedicado a la
respiración por los chakras, ya hemos indicado una posibilidad de
hacerlo. Sin embargo, existen otros métodos muy interesantes y
efectivos de utilizar estas energías cósmicas para disolver bloqueos
y para conseguir un desarrollo integral. Uno de estos métodos se
llama «Reiki» *.
Este método terapéutico natural y de efectos integrales fue (re)descubierto
aproximadamente a mediados del siglo XIX por el japonés doctor Mikao
Usui, un monje cristiano que viajó por muchos países de Oriente y de
Occidente. Reiki» significa energía vital universal», y es una
posibilidad terapéutica mediante la cual podemos transmitir
directamente al hombre esta energía fundamental que es eficaz en
todo el universo. En el Reiki, el terapeuta únicamente actúa como
una especie de catalizador o de canal de paso. La energía cósmica
fluye a través de las manos del terapeuta hasta el interior del
paciente, sin necesidad de que añada sus propias energías. En la
actualidad, el Reiki es uno de los métodos terapéuticos naturales
que más se está expandiendo. Hace algunos años publicamos sobre este
tema el libro titulado Reiki - universale Lebensenergie zur
ganzeitlichen Selbstheilung, Patientenbehandlung und Fernheilung von
Korper, Geist und Seele («Reiki: energía vital universal» para la
autocuración integral, el tratamiento de pacientes y la curación a
distancia de cuerpo, espíritu y alma»), que ya ha sido traducido a
varios idiomas y se ha reeditado varias veces
Los colores son sonidos que se han hecho visibles, si bien vibran
con frecuencias mucho más elevadas de las que puede percibir nuestro
oído. Para su percepción, la naturaleza ha creado otro medio: el ojo.
A través de su forma de vibración especifica (longitud de onda o
frecuencia), los colores ejercen sobre nosotros una poderosa
influencia, con independencia del hecho de que lo hagan
conscientemente o no. Siempre estamos expuestos a influencias
cromáticas: fenómeno que comienza con los grandiosos fenómenos de la
naturaleza, el azul del mar y del cielo, el verde de los bosques y
las praderas, el marrón del terruño recién arado, el amarillo de la
arena del desierto, y hasta el cambiante juego de colores de la
aurora y el crepúsculo. Pero también nuestro pequeño mundo
individual está marcado y configurado cromáticamente: a través de
nuestro vestido y nuestra ropa de cama, de los muebles y alfombras
de nuestra vivienda y del puesto de trabajo; incluso el color de
nuestros alimentos tiene sus repercusiones. En todas partes estamos
expuestos a las vibraciones cromáticas, cuyo efecto se percibe
consciente o inconscientemente.
Utilizar los colores consciente y sensatamente, o aprovecharnos
de su efecto, es algo que está a nuestro alcance, y que casi debería
darse por hecho. Las diferentes vibraciones cromáticas influyen
sobre nosotros en gran medida a través de los chakras. En los
capítulos dedicados a cada uno de los chakras de este libro se
describen los colores que están en estrecha relación con el chakra
mencionado. Básicamente, son los colores espectrales de la
difracción de un rayo de luz
, de los que se asigna uno a cada chakra. Todos nosotros conocemos
esta difracción de la luz, que se produce cada vez que un rayo de
luz incide sobre un vidrio con un ángulo determinado, o también
sobre un prisma fabricado especialmente para este fin
Para efectuar la terapia con música de chakras debes sentarte o
tumbarte cómodamente de forma que puedas relajarte.
Si estás sentado, ten en cuenta que la espalda debe estar recta,
para que las energías puedan fluir sin obstáculos entre los
diferentes centros energéticos.
Ábrete a la música y deja que fluya dentro de ti. Deja que sus
vibraciones modifiquen las vibraciones de tu cuerpo, de tu espíritu
y de tu alma. Deja a un lado tus expectativas e ideas e introdúcete
en su sonido, métete completamente en él. En la primera parte de la
música dirige suavemente tu atención, sin efectuar ningún esfuerzo,
hacia el centro radical, y «observa» lo que allí sucede. Permite
todas las imágenes y sentimientos que la música desencadene en ti.
Experimentarás cómo, a medida que asciendes de un chakra al
siguiente, te vas encontrando cada vez más relajado, y al mismo
tiempo te sientes más vivo y feliz. Tal vez sientas que los sonidos
operan con una intensidad muy particular en determinados centros
energéticos, o quizás percibas claramente los bloqueos en algún
chakra. En tal caso, la siguiente vez puedes favorecer el flujo
energético en ese chakra con algunos cristales de roca (ver el
capitulo correspondiente a la terapia con piedras preciosas).
Cuando la música haya dado su último acorde, disfruta durante un
rato el silencio que se ha producido.- Es un silencio vivo que
probablemente experimentes raras veces. Al igual que la luz incolora
contiene todos los colores, este silencio contiene todos los sonidos
del universo. En este maravilloso y pleno silencio tu alma está
extraordinariamente despierta y dispuesta a captar el sonido divino
que resuena a través de todos los fenómenos, y a las manifestaciones
o revelaciones que esta «voz de Dios» te ofrece.
Para finalizar, imagínate cómo el silencio parte desde el chakra
coronal y fluye a todos los centros energéticos.
Puedes repetir este baño purificador y vivificante de energía
espiritual todas las mañanas y todas las tardes; o siempre que
sientas necesidad; o, sencillamente, cuando quieras disfrutar.
Si tienes algún fragmento de música que te guste especialmente
porque te relaja, te tranquiliza, te transporta y te llena de
alegría interior en mayor medida que los demás, también puedes
utilizarlo, como es natural, como apoyo para cualquier otra forma de
terapia.
También nos gustarla recomendarte el baile. Una vez que has
compuesto tú mismo un viaje musical a través de los chakras, baila a
sus sones siempre que te sientas con ganas de hacerlo. Deja que sea
tu cuerpo el que encuentre las formas de expresión adecuadas.
Mediante esta danza, vibras al unísono con el juego en movimiento de
la creación en todos los planos. Sus fuerzas pueden expresarse a
través de tu cuerpo y fluir con más intensidad dentro de las
acciones de la vida diaria. Naturalmente, también puedes bailar al
son de la música de cada chakra concreto, si quieres unirte
preferentemente con las fuerzas de este centro energético y
expresarlas activamente
Queremos presentarte sólo dos terapias más relacionadas con el
sonido, o meditaciones con sonido, que también te serán muy eficaces.
Aquí, el único instrumento es tu propia voz, de forma que las
vibraciones te penetren por dentro y por fuera. Además, cada vez
entonarás un solo tono para revitalizar cada uno de los chakras
individualmente.
Por la teoría de los armónicos sabemos que en cada tono están
contenidos todos los demás, aunque nosotros normalmente no los
percibimos conscientemente. Cuando vibra una cuerda (y también
nuestras cuerdas vocales son como las cuerdas de un instrumento), no
vibra sólo la cuerda entera es decir, el tono fundamental, sino que
resuena también la mitad de la cuerda, es decir, la siguiente octava
superior; y también resuenan los dos tercios de la cuerda, es decir,
la quinta; y resuenan tres cuartos de la cuerda (la cuarta), y un
quinto de la cuerda (la sexta mayor), y cuatro quintos de la cuerda
(la tercera mayor), y cinco sextos de la cuerda (la tercera menor),
etcétera. Esto significa que toda la escala resuena como serie de
armónicos. En la India existen varios instrumentos, que destacan y
acentúan de manera muy especial los armónicos, de forma que puedan
ser percibidos conscientemente por el oído humano. Algo similar
sucede en el canto armónico
Para nosotros, el conocer los armónicos que resuenan
involuntariamente significa que, con cada tono que entonamos para un
determinado centro energético, también se producirá un efecto sobre
todos los demás centros, de forma que cada vez, además de estimular
un chakra individual, surgirá una armonía con todos los restantes
centros energéticos.
Ambas formas de la terapia por el sonido puedes efectuarlas
sentado o de pie: si estás sentado, preferentemente en la posición
de loto, o en la posición del sastre o del diamante (de rodillas,
con el trasero apoyado sobre los talones).
La primera de las formas de terapia por el sonido que queremos
exponerte aprovecha los tonos de la escala que están asignados a los
chakras, así como las vocales del alfabeto, teniendo en cuenta que
en la India la «m¨ también se considera vocal. El efecto de las
vocales puedes consultarlo en los capítulos dedicados a los chakras.
Entona las vocales al espirar. Canta cada vocal tres veces con
intensidad normal, dirigiendo tu atención al chakra correspondiente,
y deja que el tono entre en resonancia en esa zona.
Comienza con el chakra radical y canta las vocales en el
siguiente orden:
«u» en do profundo para el primer chakra,
«o» cerrada en re para el segundo chakra,
«o» abierta en mi para el tercer chakra,
«a» en fa para el cuarto chakra,
«e» en sol para el quinto chakra
«i» en la para el sexto chakra.
«m» en si para el séptimo chakra.
En las vocales del alfabeto está contenido todo el cosmos. Te
conducen hacia el interior y hacia el exterior, hacia abajo y hacia
arriba, y están coronadas por la «m¨ de la unidad perpetua.
Puedes recorrer la escala entera una vez hacia abajo y una vez
hacia arriba. Después, permanece un rato en silencio como se ha
descrito, y deja que resuenen las experiencias.
La última forma de terapia por el sonido: en lugar de las vocales
utiliza los mantras radicales asignados a los chakras. Los mantras
son sílabas meditativas que actúan a través de vibración. Expresan
determinados aspectos de la unidad indivisa divina y unen a los
meditantes con esta fuerza cósmica. Para la meditación con los
chakras se utilizan los denominados mantras bija o mantras
radicales. «Bija significa energía simiente, fuerza radical, la
fuerza que hay detrás de toda manifestación material. En ellos se
concentran en gran medida las manifestaciones especiales de la
unidad suprema. Vamos a enumerar aquí una vez más los mantras bija
que activan cada uno de los chakras.
LAM para el primer chakra.
VAM para el segundo chakra.
RAM para el tercer chakra
YAM para el cuarto chakra
HAM para el quinto chakra.
KSHAM para el sexto chakra.
OM para el séptimo chakra.
Que nosotros sepamos, no entra dentro de la doctrina tradicional
entonar los mantras radicales en los tonos de la escala. Pensamos
que deberías probar de qué forma te resulta más agradable y efectivo.
También puedes recitar los mantras interiormente, sin sonido
audible.
Dado que las dos terapias por el sonido descritas en último lugar
(o meditaciones por el sonido) requieren muy poco tiempo, puedes
practicarlas con facilidad todos los días. Al hacerlo es mejor que,
al igual que en todas las demás formas de terapia lleves puestas
ropas lo más naturales posible, y que te rodees dé plantas naturales.
Hemos descrito al principio de este capitulo como todas las cosas
generan su propia música. Estas vibraciones repercuten sobre
nosotros igual que las vibraciones de la música audible y de los
ruidos perceptibles, si bien en una media menor. Generan en nosotros
una resonancia que modifica nuestros propios patrones de vibración o
que puede perturbar su funcionamiento armónico. Podemos suponer que
todas las cosas crecidas y surgidas de forma natural provocan
sonidos armónicos en consonancia entre sí y que nos ponen en
sintonía con la gran sinfonía de la creación. Por contra, las
sustancias y materiales creados artificialmente generarán casi
siempre disonancias, comparables con a los ruidos, con frecuencia
desagradables, que generan las máquinas creadas por el hombre Esto
puede ser una razón por la que las personas sensibles no se sientan
bien ni en el mundo del plástico ni con ropa sintética.
Si practicas regularmente de la forma descrita una cualquiera de
las terapias por el sonido, sentirás cómo te vas abriendo cada vez
más a la música de la vida.
Para finalizar este capítulo, quisiéramos decir unas palabras del
músico sufí indio Hazrat Inayat Khan: «La experiencia de la armonía
y de la unicidad puede hallarla un hombre en todas partes: en la
belleza de la naturaleza, en los colores de las flores, en todo en
cuanto ve, y en todo cuanto encuentra a su paso. En las horas de
meditación y de soledad y en las horas en las que está inmerso en el
mundo. Dondequiera que oiga música experimenta una alegría y armonía
plenas. Al derribar los muros que le rodean experimenta la unicidad
con lo absoluto. Este ser uno es una manifestación de la música de
las esferas».
CUERPO ETÉRICO: Protege
los chackras y loe equilibra. Protege el campo electromagnético
Este
cuerpo es el inmediato superior después de nuestro cuerpo fisico denso y
verdaderamente se lo considera como parte de este ultimo en algunas
disciplinas orientales.
Es de suma importancia ya que dependiendo de su integridad y correcto
funcionamiento el ser humano gozarìa de salud eternamente. pero lo
fundamental es como procesamos nuestras emociones, pasiones y sentimientos
para que la trama de dicho cuerpo eterico, que se compone de finos hilos de
luz dorada, no ser rasgue y puedan filtrarse energias ajenas e inarmónicas
que luego operaran los tan conocidos problemas fisicos a partir de la
instalación en el aura de las larvas energéticas que produciran las
distintas enfermedades o malestares fisicos de variada naturaleza.
El cuerpo eterico es sumamente importante para la salud física y tambien
para ese intercambio e interaccion que efectuamos con nuestro entorno con
las otras personas y la naturaleza y sus distintos reinos
El cuerpo etérico es
aquel que tiene una influencia directa sobre nuestro
cuerpo físico y sobre nuestros estados de salud, por lo cual debe
ser atendido y no descuidado. El
cuerpo físico está subordinado a nuestro cuerpo etéreo,
y la atención hacia éste lo potencia
:El
cuerpo etérico, llamado también el cuerpo vital, formado por los
cuatro éteres. En la Biblia, se le llama "cuenco de oro" (Eclesiastés,
12:6). El cuerpo etérico tiene las siguientes funciones: a pesar de
ser de naturaleza sutil, es la base sobre la que se apoya cada una
de las partes del cuerpo físico denso; vivifica o tonifica las
células; es un centro de distribución para todas las fuerzas que
proceden de las dimensiones superiores y que están destinadas a la
dimensión física, las que son transmitidas a través de los nervios,
del sistema endocrino y del sistema sanguíneo; es el transmisor y
receptor de los impulsos telepáticos de naturaleza intuitiva, mental
o emocional; y proporciona el canal para que la conciencia activa
capte los mundos más sutiles. El cuerpo etérico está por debajo del
umbral de la conciencia, y generalmente sólo se le reconoce en
términos de vitalidad o de falta de vitalidad
Un chakra se
puede considerar como un oscilador con una frecuencia natural
particular. Un oscilador puede ser cualquier objeto que se mueve de
manera regular y periódica, como la cuerda de un violín o un péndulo.
Dos osciladores que tengan la misma frecuencia natural pueden
desarrollar una resonancia armónica, es decir, que las vibraciones
de un oscilador pueden reforzar las del otro. Por ejemplo, si se
toca la cuerda de un violín mientras un segundo violín está sobre la
mesa, la cuerda correspondiente de ese segundo violín empezará a
vibrar. En este caso, las ondas vibratorias han pasado a través del
aire de un violín a otro. Del mismo modo, si hay varios relojes de
péndulo colgados en la misma pared, de modo que los péndulos tengan
la misma longitud pero no estén sincronizados, después de algún
tiempo todos los relojes estarán sincronizados. Entonces, podemos
concluir que las ondas vibratorias pasan por la pared de un reloj a
otro
La
curación por radiación se puede entender como un proceso por el cual
se establece una resonancia armónica entre chakras equivalentes en
el curador y en el paciente. En este caso, las ondas vibratorias son
transportadas por los subplanos etéricos, permitiendo así a los
chakras del paciente "sincronizarse" con los del curador. Las ondas
vibratorias del chakra de la corona del sanador, a través del chakra
del entrecejo, pueden ayudar al paciente a estar alineado con su
propósito espiritual. Las ondas emanadas del chakra del corazón del
sanador pueden conducir a un sentido de compasión o de unidad con
los demás. Las ondas emanadas del chakra de la garganta pueden
ayudar al paciente a fortalecer y clarificar la mente. Y las ondas
del chakra del plexo solar pueden llevar paz interior y calma a las
emociones en el paciente
Tanto el curador
como el paciente tienen que reunir ciertas condiciones para que la
curación por radiación tenga éxito. El curador debe ser capaz, en
primer lugar, de experimentar las cualidades monádicas dentro de sí
mismo y después tiene que saber irradiar las vibraciones
correspondientes. Para este proceso, necesita tener ciertos chakras
etéricos desarrollados. En particular, el curador necesita tener su
chakra básico activo y su chakra del entrecejo desarrollado para
irradiar la energía de la voluntad que emana de este chakra; su
chakra del corazón tiene que estar desarrollado para irradiar la
energía de compasión; su chakra de la garganta tiene que ser activo
para irradiar la energía de inteligencia activa; y su chakra del
corazón tiene que ser activo y su chakra del plexo solar estar
desarrollado para irradiar la energía de compasión de su chakra del
plexo solar
Para una
captación adecuada, el paciente tiene que tener activos algunos de
sus chakras, además de manifestar la buena voluntad de captar las
energías que le son irradiadas: hemos utilizado la frase buena
voluntad, porque está sujeta al libre albedrío. En particular, si el
paciente está "muy evolucionado", su chakra de la coronilla es lo
suficientemente activo como para captar la energía de compasión. Si
es "una persona normal y corriente", su chakra de la garganta será
lo suficientemente activo como para captar la energía de la
inteligencia activa. Pero aunque el paciente estuviera "muy poco
evolucionado y en un nivel humano relativamente bajo", su chakra del
plexo solar estaría aún lo suficientemente activo como para captar
la energía de compasión
Toda
emoción se irradiará en su aura correspondiente a través del cuerpo
emocional.
La energía
que actúa detrás de la manifestación material del cuerpo y sus
funciones y capacidades está compuesta por un sistema energético
complejo sin el cual no podría existir el cuerpo físico. Este
sistema energético está formado por tres componentes fundamentales:
1 ) Los
cuerpos no materiales o cuerpos energéticos.
2) Los
chakras o centros energéticos.
3) Los
nadis o canales energéticos.
En este
sistema los nadis constituyen una especie de arterias intangibles.
La palabra «nadi» procede del sánscrito y significa aproximadamente
«tubo», «vaso» o «arteria». Su función consiste en conducir el «prana»
o energía vital a través del sistema energético no material.
La
palabra sánscrita «prana» puede traducirse por «energía absoluta».
En el ámbito cultural chino y japonés esta fuerza vital universal se
denomina «chi» o «ki». Representa la fuente original de todas las
formas energéticas y se manifiesta en diferentes áreas existenciales
mediante frecuencias distintas. Una de sus manifestaciones es la
respiración, una de las formas por las que podemos absorber «prana»
dentro de nosotros
Dado que
los chakras mantienen una interrelación muy estrecha con los cuerpos
energéticos, en este capítulo nos gustaría describir primeramente la
apariencia externa y las funciones de estos cuerpos. En el capítulo
siguiente se incluye una descripción general de los chakras, y en
los siete capítulos dedicados a cada uno de los chakras se encuentra
una exposición detallada de las funciones de cada uno de estos
centros energéticos.
En
general, se distinguen cuatro cuerpos energéticos:
1 ) El
cuerpo etérico.
2) El
cuerpo emocional o astral.
3) El
cuerpo mental.
4) El
cuerpo espiritual o causal
El
cuerpo etérico posee
aproximadamente la misma extensión y forma que el cuerpo físico.
Por ello también se encuentra la denominación de «doble etérico» o
«cuerpo físico interior». Es el portador de las fuerzas
modeladoras para el cuerpo físico, así como de la energía vital
creadora y de todas las sensaciones físicas.
El
cuerpo etérico se forma de nuevo en cada reencarnación del hombre, y
vuelve a disolverse en el plazo de tres a cinco días después de su
muerte física (el cuerpo astral, el cuerpo mental y el cuerpo causal
continúan existiendo después de la muerte, y en cada nueva
encarnación se unen otra vez al recién formado).
El
cuerpo etérico atrae energías vitales del sol a través del chakra
del plexo solar, y
energías vitales de la tierra a través del chakra basal.
Acumula estas energías y, a través de los chakras y los nadis, las
conduce al cuerpo físico en flujos vitales ininterrumpidos.
Las
dos formas de energía se encargan de mantener un equilibrio vivo en
las células corporales. Cuando
el «hambre de energía» del organismo está saciado, la energía
sobrante del cuerpo etérico se irradia hacia fuera a través de los
chakras y de los poros. Sale a través de los poros en filamentos de
energía rectos de aproximadamente 5 centímetros de longitud y
constituye el aura etérica, que, por lo general, es la primera
fracción del aura total percibida por las personas clarividentes.
Estos rayos se disponen en
torno al cuerpo físico formando como un manto protector. Impiden a
los gérmenes patógenos y a los contaminantes penetrar en el cuerpo,
y simultáneamente irradian un flujo constante de energía vital hacia
el entorno.
Esta
protección natural significa que, básicamente, una persona no puede
enfermar debido a causas de origen externo. Las razones de una
enfermedad radican siempre en ella misma.
Los
pensamientos y emociones negativos, y una forma de vida que no esté
en consonancia con las necesidades naturales de cuerpo (sobreesfuerzo,
alimentación insana, abuso de alcohol, nicotina y drogas), pueden
consumir la energía vital etérica, por lo que la irradiación
energética natural perderá intensidad y vigor.
De esta forma surgen zonas débiles en el aura. Los filamentos
energéticos mencionados aparecen doblados o se sobrecruzan en
formas desordenadas. El clarividente puede reconocer «agujeros» o «grietas»
en el aura, a través de los cuales pueden penetrar en el cuerpo las
vibraciones negativas y las bacterias causantes de enfermedades.
Además, la energía vital puede «escapar» de la zona no material a
través de estas heridas.
Debido
a esta estrecha relación existente entre el estado de cuerpo físico
y la radiación energética del cuerpo etérico, a menudo se habla
también de un aura de la salud. Antes de manifestarse en el cuerpo
físico, las enfermedades se manifiestan en el aura etérica. Y pueden
ser detectadas y tratadas en este plano. La denominada fotografía
Kirlian consiguió hacer visible por primera vez esta radiación
energética, propia de cada ser vivo*. Basándose en este invento, se
han hecho diagnósticos muy precisos y se han detectado enfermedades
incluso cuando aún se encontraban en fase latente.
El
cuerpo etérico, y con él el cuerpo físico, reaccionan de forma
particularmente intensa a los impulsos mentales que proceden del
cuerpo mental. Aquí estriba la razón de los éxitos que el
pensamiento positivo tiene sobre la salud. Nosotros podemos
favorecer la salud de nuestro cuerpo utilizando prudentemente las
sugestiones positivas.
Otra
función importante del cuerpo etérico consiste en servir de
intermediario entre los cuerpos energéticos superiores y el cuerpo
físico. Transmite al cuerpo emocional y al cuerpo mental las
informaciones que recogemos a través de los sentidos corporales, y
simultáneamente transmite energías e informaciones desde los cuerpos
superiores al cuerpo físico. Cuando el cuerpo etérico se encuentra
debilitado, este flujo de información y energía se halla
obstaculizado, y el hombre puede parecer indiferente tanto en el
plano emocional como en el mental.
Para
armonizar y recargar el cuerpo etérico son idóneas las diversas
formas de terapia que se describen más adelante en este libro.
A este
respecto es interesante señalar que las plantas, en particular las
flores y los árboles, también poseen una radiación energética muy
semejante al aura etérica del hombre. Puedes utilizar esta radiación
para proporcionar nueva energía a tu propia aura. También se
encuentra en los aceites esenciales, cuya aplicación exponemos en el
capitulo correspondiente del presente libro. Pero también puedes
ponerte en contacto directo
Para ello, apoya tu espalda contra un árbol que te resulte simpático
o abrázalo, descargando todo tu cuerpo contra él. Deja que la fuerza
armonizadora y energética del árbol se transmita a tu interior.
También puedes tumbarte en una pradera florida y repleta de aromas y
dejar que las vibraciones de las delicadas flores te envuelvan y
penetren. También las flores cortadas o las flores colocadas en un
florero que tengas cerca de ti pueden transmitirte algo de su
energía activadora y armonizadora. Las plantas reaccionan a tu amor
y a tu agradecimiento por este servicio aumentando aún mas su fuerza
de irradiación, pues entre sus misiones figura la de ayudar de esta
forma al hombre.
El
cuerpo emocional, con
frecuencia denominado también cuerpo astral, es el portador de
nuestros sentimientos, de nuestras emociones y de las cualidades
de nuestro carácter; ocupa aproximadamente el mismo espacio que el
cuerpo físico. En una persona poco desarrollada, sus contornos
están poco delimitados: el cuerpo emocional se presenta como una
sustancia nebulosa que se mueve caótica y desordenadamente en
todas las direcciones. Cuanto más desarrollada esté una persona en
la definición de sus sentimientos, sus simpatías y las cualidades
de su carácter, tanto más claro y transparente se manifestará su
cuerpo emocional. El clarividente puede observar un contorno
nítidamente marcado que se adapta perfectamente a la forma del
cuerpo físico.
El aura
del cuerpo emocional presenta una forma ovalada y puede extenderse a
varios metros de distancia en torno a la persona.
Toda
emoción se irradiará en su aura correspondiente a través del cuerpo
emocional. Este proceso se
produce fundamentalmente a través de los chakras, y en menor medida
a través de los poros. El aura emocional está inevitablemente en
movimiento. Junto a las peculiaridades del carácter fundamentales y
relativamente constantes que se reflejan como los colores esenciales
permanentes del aura, cada sentimiento instantáneo, cada estimulo
del ámbito de las emociones, se reflejará en el aura. Es un juego
indescriptible de colores irisados que cambian constantemente con
toda clase de matices.
Por
ejemplo, emociones como la angustia, la furia, la opresión y las
preocupaciones generan en el aura figuras nebulosas oscuras. Cuanto
más abre una persona su conciencia al amor, la entrega y la alegría,
más claros y transparentes son los colores que irradia su aura
emocional.
Ninguno
de los otros cuerpos no materiales marca con tanta fuerza como el
cuerpo emocional la visión del mundo y de la realidad del hombre
medio. En el cuerpo emocional se hallan almacenadas, entre otras,
todas nuestras emociones no liberadas, las angustias y agresiones
conscientes e inconscientes, las sensaciones de soledad, rechazo y
falta de autoconfianza, etc.: emiten sus vibraciones a través del
aura emocional y transmiten el mensaje inconsciente que enviamos al
mundo exterior. Y aquí es donde se realiza el principio de la
atracción mutua.
Las frecuencias energéticas que emitimos
atraen vibraciones energéticas iguales del entorno y se unen con
ellas. Esto significa que, con frecuencia, nos encontraremos con
personas y circunstancias que precisamente reflejan aquello que
nosotros queremos evitar o de lo que queremos librarnos
conscientemente, o aquello que tememos.
De esta forma, el entorno nos sirve como espejo para todos aquellos
elementos que hemos relegado desde nuestra vida consciente a las
áreas del inconsciente. Efectivamente, los sentimientos no liberados
del cuerpo emocional aspiran a mantenerse con vida y a crecer dentro
de lo posible. Así nos llevan una y otra vez a situaciones que se
encargan de repetir las vibraciones emocionales originales, puesto
que esas vibraciones son como su alimento.
La
frecuencia de la angustia en una persona atrae situaciones en las
que ve confirmada una y otra vez su angustia. Si esa persona
encierra en si agresiones, siempre encontrará personas que
exteriorizan las vibraciones de furia y agresión. Por ejemplo, si
nos hemos propuesto no decir palabrotas en determinadas situaciones,
pero sin haber liberado la agresión dentro de nosotros, puede
suceder que alguien de nuestro alrededor comience inesperadamente a
decir palabrotas.
El
pensamiento consciente y los objetivos mentales del cuerpo mental
tienen poca influencia sobre el cuerpo emocional, que sigue sus
propias leyes. El cuerpo mental puede dirigir el comportamiento
hacia el exterior, pero no suprimir las estructuras emocionales
inconscientes.
Así, por ejemplo, una persona puede aspirar
conscientemente al amor o el éxito, e inconscientemente irradiar
frecuencias energéticas contradictorias de celos y falta de
autoconfianza, que le impedirán alcanzar su objetivo consciente.
Somos un ser real, un yo
real, que viene encarnando a lo largo de muchas vidas, buscando
su evolución y cumpliendo en cada una de ellas con una misión que le
es encomendada.
Cada uno de nosotros viene a este plano físico como quien va a una
escuela, a aprender mientras crece.
Así como para ir a una escuela se nos coloca un uniforme, para poder
estar en este plano se nos dan cuatro cuerpos inferiores, que no son
más que la vestimenta de nuestro yo real. Esto sucede porque el yo real es energía de alta frecuencia
vibratoria y no puede manifestarse en el mundo de la materia sino es
a través de la materia, entonces se nos dan cuerpos que son
materia, estos son:
El cuerpo FISICO, ETERICO,
EMOCIONAL y
MENTAL
Fueron creados para que el yo real se exprese a través de ellos.
EL
CUERPO FISICO: es el
más denso de los cuatro, es el que tiene a su cargo el
ACTUAR, a través de él,
hacemos lo que sentimos y pensamos. Fue creado para que podamos
expresar en este plano todo lo que tenemos como
PODER. EL
CUERPO ETERICO: Es el que da y distribuye vitalidad en
el cuerpo físico, posee puntos energéticos y generadores de
energía que son emisores y receptores. EL
CUERPO EMOCIONAL: Fue creado para expresar en este
plano todo el caudal de amor que posee todo el caudal de amor que
posee nuestro yo real. No está capacitado para amar, expresa por
sí sólo sensaciones. EL
CUERPO MENTAL: Fue creado para expresar en este plano
toda la sabiduría que posee nuestro Yo Real. Se acumulan en él
conocimientos, cultura, es decir, un conjunto de datos pero nunca
sabiduría.
Estos cuerpos tienen
funciones diferentes, frecuencias diferentes y se comunican con
planos diferentes del planeta, por lo tanto:
LES ES IMPOSIBLE
ARMONIZARSE. ESA ES NUESTRA TAREA.
Cuando el
ser utiliza a estos cuerpos como lo que son: vehículos inferiores,
ACTUAMOS,
SENTIMOS, Y PENSAMOS ARMONIOSAMENTE.
Cuando esto no
sucede, como ahora, que les hemos dado el mando y por ser de
idiosincrasias diferentes, sólo pueden arrastrarse unos a otros.
Entonces:
Hacemos
por odio, amor, desesperación, cariño, etc., lo que sentimos
pero sin pensarlo.
Hacemos
fríamente calculado lo que pensamos sin sentirlo o a veces
contrariamente a lo que sentimos.
Sentimos
que tenemos que hacer algo, pensamos que lo tenemos que
hacer, pero no lo podemos realizar.
Al no estar armonizados desde
el Yo Real actúan por su cuenta y siempre uno de ellos va delante de
los otros.
Ejemplo a:
Actúo por enojo, impulsivamente, luego nuestro mental comienza a
analizar el hecho y a censurarnos y por último sentimos malestar
físico, casi siempre en nuestro aparato digestivo. Ejemplo b: El mental comienza a hacer análisis anticipados de
una situación con todos los balances, resaltando casi siempre, los
aspectos negativos, de lo que va a suceder. El emocional se afecta
con lo cual nos alteramos o nos deprimimos y en el momento de
efectuarse la circunstancia estamos afónicos, afiebrados o con dolor
de cabeza. Ejemplo c: Cuando por problemas emocionales o por un mental
muy acelerado sobre-exigimos al cuerpo físico, como erosión llega un
momento en que éste toma el mando y nos enfermamos.
Vale decir que
siempre queda un cuerpo que es ignorado en su totalidad o
parcialmente en nuestras actitudes.
Nuestra tarea es educarlos para que actúen como lo que son, los
vehículos que necesitamos para expresarnos en este plano con todo el
potencial que tenemos..
Las
estructuras emocionales continúan existiendo a través de las
diferentes encarnaciones siempre que no se liberen, puesto que el
cuerpo emocional perdura después de la muerte física y se une en la
reencarnación con el nuevo cuerpo físico. Las experiencias no
liberadas almacenadas en el cuerpo emocional determinan en gran
medida las circunstancias de la nueva vida.
Cuando
hayamos comprendido realmente y de una vez por todas estas
relaciones, debemos cesar obligatoriamente de vernos en el «papel de
víctimas» y de atribuir la culpa de nuestras debilidades y miserias
a otras personas o a las circunstancias. Eso significa en si mismo
una gran liberación, puesto que entonces ya sabemos que tenemos gran
parte de nuestro destino en nuestras propias manos, y podemos
empezar a cambiar nuestra vida cambiándonos a nosotros mismos.
La
mayor proporción de «nudos emocionales» del cuerpo emocional se
encuentra localizada en la zona del chakra del plexo solar. Este
chakra nos proporciona el acceso más directo a nuestras estructuras
emocionales a través de la vivencia inmediata. Sin embargo, si
queremos percibir y conocer estas estructuras mediante el
entendimiento consciente, debemos traspasar los contenidos del
chakra del plexo solar con la forma de manifestación suprema del
cuerpo mental, la visión intuitiva, a la que tenemos acceso a través
del chakra frontal. Pero ni siquiera esto significa una liberación
real.
Una disolución de las estructuras emocionales
sólo puede producirse a través del cuerpo espiritual, que manifiesta
la sabiduría, el amor y la bendición de nuestro yo superior,
permitiendo al mismo tiempo conocer las relaciones interiores
partiendo de la visión universal y holística de dicho yo. Este
vínculo podemos establecerlo a través del chakra del corazón y del
chakra coronal.
El yo
superior no enjuicia, no divide las experiencias en «buenas» y «malas».
Nos indica que tenemos que recorrer determinadas experiencias sólo
para comprender qué sentimientos y acciones tienen como consecuencia
una separación de la mente divina original, causando con ello
sufrimiento, y para comprender y aprender a entender las leyes
cósmicas del equilibrio natural. En los ámbitos de la vida en los
que hoy nos consideramos «víctimas», en anteriores encarnaciones
nosotros fuimos con gran frecuencia los «autores».
También
en la terapia de los chakras tiene una importancia decisiva una
actitud interior en la que afirmamos todas las experiencias y
contenidos del cuerpo emocional y en la que contemplamos las
imágenes y sensaciones que aparecen espontáneamente, sin rechazar o
enjuiciar nada de ello, puesto que de esta forma nuestro yo superior
puede asumir él «mando» e imbuir en todo nuestro ser las energías
espirituales de nuestro cuerpo energético supremo.
Cuando
las vibraciones de nuestro cuerpo espiritual se unen con el cuerpo
emocional y lo penetran, éste comienza a vibrar más rápidamente y
empieza a expulsar las energías negativas almacenadas, que tienen
frecuencias menores. Con ello perdemos el recuerdo emocional de
estas experiencias y podemos perdonarnos a nosotros mismos y a los
demás.
A
medida que aumenta la disolución de las estructuras emocionales
estancadas, el cuerpo emocional comienza a irradiar profundos
sentimientos de amor y de alegría incondicional. El aura emocional
luce con los colores más claros, intensos y transparentes, y los
mensajes que emite al entorno atraen la felicidad y el amor. Una
capacidad rayana en lo milagroso para atraer todo lo deseado es la
consecuencia natural de un cuerpo emocional plenamente integrado que
vibra con las frecuencias máximas que le son posibles.
Nuestros pensamientos e ideas, y nuestros conocimientos racionales e
intuitivos, son portados por el cuerpo mental. Su vibración es mayor
que la del cuerpo etérico y la del cuerpo emocional, y su estructura
es menos compacta. Es de forma ovalada, y en el desarrollo superior
del hombre su volumen puede extenderse hasta ocupar aproximadamente
el mismo espacio que el cuerpo emocional y el aura emocional juntos.
La irradiación áurica del cuerpo mental tiene un alcance de unos
cuantos metros más.
En una persona poco desarrollada mentalmente, el cuerpo mental
tiene la apariencia de una sustancia blanca lechosa. Los pocos
colores existentes son apagados y sin brillo, y su estructura
aparece relativamente opaca. Cuanto más vivos son los pensamientos y
cuanto más profundos son los conocimientos intelectuales de una
persona, tanto más claros e intenso son los colores que irradia su
vehículo mental.
Al igual que el cuerpo emocional, el cuerpo mental también posee
una octava mayor y una octava menor. Sus frecuencias menores se
manifiestan en el pensamiento lineal del entendimiento racional, a
través del cual buscan su acceso a la verdad la mayoría de las
personas. Este tipo de actividad racional se basa en las
percepciones del plano físico. Junto a esto, el cuerpo físico y sus
sentidos recogen informaciones que transmiten al cuerpo emocional a
través del cuerpo etérico; el cuerpo emocional transforma las
informaciones en sentimientos y los retransmite después al cuerpo
mental, que, a su vez, reacciona ante ellos con la formación de
pensamientos verbales.
Con frecuencia, debido a la influencia del cuerpo emocional y de
sus estructuras emocionales no liberadas, las informaciones se
distorsionan y el pensamiento se tiñe. Surgen esquemas mentales
recurrentes a través de los cuales enjuiciamos los acontecimientos
de nuestro mundo. Esto significa que el entendimiento racional no es
ni mucho menos imparcial y objetivo, aun cuando se arrogue esa
cualidad.
Los pensamientos que surgen en el cuerpo mental por esta vía
generalmente giran en torno al bienestar personal y a los intereses
del devenir terrenal y mundano. En este caso la solución racional de
los problemas se convierte en la función principal del cuerpo
mental. Sin embargo, esto significa una distorsión de su carácter
original y una limitación de sus capacidades.
El aura del hombre desde dentro hacia fuera: 1) El aura etérica. 2)
El aura emocional. 3) El aura mental. 4) El aura espiritual
La auténtica función del cuerpo mental consiste en recoger las
verdades universales que le llegan del plano del cuerpo espiritual e
integrarlas con el entendimiento racional, que las transfiere a las
situaciones concretas y lleva a una solución del problema en
consonancia con las leyes universales.
Los conocimientos que de esta forma nos llegan del plano
espiritual de nuestro ser se manifiestan como intuición en forma de
intuiciones repentinas, a menudo en imágenes o incluso en sonidos
que después se transforman en pensamientos verbales. Nos permiten
mirar al interior de la auténtica naturaleza de las cosas y tienen
una estructura holográfica, al contrario que el entendimiento lineal
que parte de la concepción racional.
El acceso a la octava superior del cuerpo mental lo encontramos
en una unión del chakra frontal con el chakra coronal. Si el cuerpo
mental está plenamente desarrollado, se convierte en el espejo del
cuerpo espiritual, y el hombre realiza en su vida la sabiduría y el
conocimiento integral del yo superior
El cuerpo espiritual, a menudo denominado también cuerpo causal, es
el que mayor frecuencia de vibración posee de todos los cuerpos
energéticos. En personas que aún son demasiado inconscientes en el
plano espiritual se extiende conjuntamente con su aura sólo un metro
aproximadamente alrededor del cuerpo físico. Por contra, el cuerpo y
el aura espirituales de personas totalmente despiertas pueden
irradiar hasta varios kilómetros de distancia, con lo cual la forma
ovalada original se transforma en un circulo regular.
Si has tenido alguna vez la oportunidad de estar en presencia de
un maestro iluminado, tal vez habrás observado que la atmósfera
cambiaba repentinamente cuando te alejabas algunos kilómetros de él.
La experiencia de la luz, de la plenitud y del amor que puede
llenarte en la cercanía de un maestro pierde su intensidad tan
pronto como sales del área de su aura.
El
cuerpo espiritual y su aura
irradian en los colores más suaves, que al mismo tiempo poseen una
fuerza de iluminación indescriptiblemente profunda. Del plano
espiritual del ser fluye incansablemente la máxima y más radiante
energía hacia el cuerpo espiritual. A medida que esta energía va
transformándose en frecuencias menores, inunda también el cuerpo
mental, el cuerpo emocional y el cuerpo etérico. Aumenta las
vibraciones de estos cuerpos, de forma que en su ámbito de acción
correspondiente pueden encontrar su máxima forma de expresión. Hasta
qué punto podamos percibir conscientemente, absorber y aprovechar
esta energía depende del desarrollo de los chakras.
A través del cuerpo
espiritual experimentamos la unidad interior con toda la vida. Nos
une con el ser puro y divino, con la razón original omnipresente de
la que han surgido y continúan surgiendo todas las manifestaciones
en la creación. Desde este plano tenemos un acceso interior a todo
cuanto existe en la creación.
El cuerpo espiritual es esa parte divina que hay en nosotros que
es inmortal y que perdura a toda la evolución, mientras los demás
cuerpos no materiales se disuelven paulatinamente a medida que el
hombre va desarrollándose a través de los niveles de conciencia que
exige una existencia en el plano terrenal, en el plano astral y en
el plano mental.
Sólo a través del cuerpo espiritual es posible conocer la fuente y
el destino de nuestra existencia y comprender el auténtico sentido
de nuestra vida. Cuando nos abrimos a sus vibraciones nuestra vida
cobra una calidad completamente nueva. En todas nuestras acciones
somos llevados por nuestro yo superior, y nuestra vida manifiesta la
sabiduría, la fuerza, la bendición y el amor universal, que
representan las cualidades naturales del aspecto supremo de nuestro
yo.
EN nuestro universo todo está sujeto a ritmos y ciclos claramente
específicos. Éstos empiezan en el plano atómico y se extienden a
todas las formas de existencia de la creación entera. En el latido
de nuestro corazón y en nuestra respiración, en la sucesión rítmica
de días y noches, en las estaciones, e incluso en el desplazamiento
predecible de las estrellas, detectamos las regularidades rítmicas
descritas. También en la evolución de los seres vivos podemos
detectar ciclos periódicos. Así, por ejemplo, en las plantas
observamos cómo primero aparece el germen, después le siguen las
hojas, el capullo, la flor, y finalmente el fruto. Siempre se
respeta una determinada secuencia de fases evolutivas, que no son
libremente intercambiables entre sí: es bastante evidente que el
hombre, como ser inteligente en un cuerpo material, también ha
evolucionado según leyes periódicas. No solo se hace más viejo cada
día y van aumentando sus capacidades y experiencias, sino que su
evolución se consuma en ciclos evolutivos mentales y espirituales
muy especiales. No en todas las épocas de la vida todos los temas
tienen la misma importancia, y si observamos este hecho con más
detenimiento nos damos cuenta que la «madre naturaleza» nos enfrenta
a tareas muy específicas en épocas concretas, tareas que hay que
resolver en ese momento exacto. Si bien estas tareas pueden
presentarse con diferentes «ropajes», en general cabe decir que una
evolución determinada sólo podemos consumarla de forma óptima en una
época determinada de la vida. Por ejemplo, es muy difícil recuperar
a los 25 años de edad una evolución que omitimos cuando teníamos una
edad comprendida entre 5 y 12 años. Y así ocurre que el edificio
vital de algunas personas se apoya durante toda una vida sobre unos
cimientos tambaleantes, porque en los años de juventud no se
efectuaron determinadas experiencias o sólo se formaron
insuficientemente ciertas capacidades.
El conocimiento de los ciclos de la vida no es nuevo: en todo
caso podríamos decir que se ha perdido otra vez. Diversas escuelas
intelectuales, sin embargo, siguen implicando hoy día este
conocimiento con la evolución total del hombre. En círculos
antroposóficos, y dentro de éstos la pedagogía de Waldorf
fundamentalmente, se conocen muy bien estas relaciones, y se
elaboraron razonablemente los planes de aprendizaje para adaptarlos
a una evolución humana correcta en función de los ciclos evolutivos
naturales e internos del niño. El fundador del movimiento
antroposófico, Rudolf Steiner, nos dejó un legado inmenso sobre este
tema (por ejemplo, el libro Vom Lebenslauf des Menschen [«Del
curriculum del hombre»]). En la antropología antroposófica
reconocemos un camino vital que transcurre en fases rítmicas
claramente articuladas, dividido en «ciclos de siete años». Es
totalmente evidente que el tiempo oculta en sí mismo cualidades
diferentes, o que en determinadas épocas de su vida el hombre está
diferentemente «abierto» a determinadas influencias y experiencias,
y, por tanto, «maduro» para progresos evolutivos totalmente
específicos.
Resulta interesante que este conocimiento se integra sin fisuras
en el conocimiento del funcionamiento y las funciones de nuestro
sistema de chakras. De este modo, partiendo del centro basal,
pasamos cada siete años a un chakra diferente, cuyas cualidades
constituyen un tema fundamental de nuestra vida durante ese tiempo.
Simultáneamente, ese periodo se divide en siete temas principales
adicionales, cada uno de ellos de un año de duración, y que
igualmente comienzan en el chakra basal, para recorrer año tras año
uno de los siete chakras siguientes.
Después comienza un nuevo ciclo de otros siete años, pero esta
vez con el patrón fundamental del segundo chakra. Así, año tras año
recorremos una etapa evolutiva más, que se compone del tema
fundamental septenario y de siete temas principales de un año.
Después de 5 x 7 años alcanzamos aproximadamente la mitad de nuestra
vida. Después de 7 x 7 años de vida terminamos un ciclo completo de
49 años. De forma que al entrar en el quincuagésimo año de vida
comienza una etapa totalmente nueva, tenemos efectivamente la
oportunidad de comenzar otra vez desde el principio, pero esta vez
en una «octava superior» de la evolución. También después de los 50
años de edad nos esperan etapas de aprendizaje totalmente especiales,
que hay que consumar. Así, algunas personas terminan a la edad de 98
años el segundo gran recorrido por los ciclos evolutivos humanos.
La angustia siempre provoca una contracción y, por tanto, un
agarrotamiento o bloqueo, que a su vez intensifica el sentimiento de
separación y permite que la angustia continúe creciendo. Romper este
círculo vicioso y recuperar la unidad perdida es el objetivo
declarado de casi todas las vías espirituales de Oriente y Occidente.
EXISTEN fundamentalmente dos vías para actuar sobre nuestros chakras
con un efecto liberador y armonizador. El primer camino consiste en
exponer los chakras a vibraciones energéticas que se aproximen a las
frecuencias con las que vibra de forma natural un chakra sin
bloqueos y que funcione armónicamente. Estas
vibraciones energéticas podemos encontrarlas, por ejemplo, en los
colores luminosos puros, en las piedras preciosas, en los sonidos y
en los aceites esenciales, y también en los elementos y en las
múltiples formas de manifestación de la naturaleza.
La aplicación práctica de estos medios la describimos en los
capítulos terapéuticos de este libro.
Tan pronto como a nuestros chakras afluyen frecuencias que son
más elevadas y más puras que las que corresponden a su estado actual,
comienzan a vibrar con mayor rapidez, y las frecuencias más lentas
de los bloqueos se van disolviendo progresivamente. Los centros
energéticos pueden absorber nuevas energías vitales y
retransmitirlas sin obstáculos a los cuerpos no materiales. Es como
si, a través de nuestro sistema energético, soplara una fresca
brisa. El prana que afluye carga el cuerpo etérico que, a su vez,
transmite la energía al cuerpo físico. También fluye hasta dentro
del cuerpo emocional y del cuerpo mental, donde también comienzan a
disolverse los bloqueos, puesto que sus vibraciones son más lentas
que las de la energía que fluye a su interior. Finalmente, el pulso
de la energía vital afecta a los nadis de todo el sistema energético,
y el cuerpo, el espíritu y el alma comienzan a vibrar de forma más
elevada, y a irradiar salud y alegría.
Cuando en este proceso de purificación y clarificación se liberan
las energías estancadas, sus contenidos aparecen una vez más en
nuestra conciencia. Con ello podemos vivir de nuevo las mismas
sensaciones que causaron el bloqueo: nuestras angustias, nuestra ira
y nuestro dolor. Las enfermedades corporales pueden aflorar por
última vez antes de ser totalmente limpiadas. Durante estos procesos
probablemente nos sintamos intranquilos, excitados o incluso muy
cansados. Tan pronto como las energías tienen el camino expedito,
retornan a nosotros una profunda alegría, serenidad y claridad.
Sin embargo, muchas personas no tienen el valor de atravesar los
necesarios procesos de clarificación. A menudo, sencillamente, no
tienen conocimiento de ellos, y las experiencias que se presentan
las interpretan como un paso atrás en su evolución.
De hecho, los bloqueos de nuestro sistema energético sólo se
purifican en la medida en que, desde nuestra evolución completa,
estamos dispuestos a mirar a la cara a la parte indeseada y
reprimida de nosotros mismos, y a redimirla mediante nuestro amor. Y
con esto llegamos a la segunda vía, que hemos mencionado al comienzo
de este capitulo. Esta vía debería acompañar permanentemente al
primer camino de la activación directa y de la purificación de los
chakras, pero al mismo tiempo es en si misma una posibilidad
independiente de armonizar nuestro sistema energético interno y
liberarlo de bloqueos.
Esta vía es la actitud interior de la aceptación incondicional,
que lleva a una distensión completa. Distensión supone lo opuesto,
el remedio contra la tensión, contra la contracción, y contra el
bloqueo. Mientras rechacemos consciente o inconscientemente
cualquier ámbito de nosotros mismos, mientras nos enjuiciemos a
nosotros mismos, y, por ende, condenemos y rechacemos partes de
nosotros mismos, se mantendrá una tensión que impide la distensión
completa y, por lo tanto, la disolución de los bloqueos.
Todos nos hemos encontrado más de una vez con personas que dicen
que no pueden relajarse. Esas personas necesitan permanentemente
distracción o actividad, incluso en su tiempo libre o en vacaciones,
y cuando alguna vez no hacen nada siempre queda el diálogo interior.
Tan pronto como alcanzan la paz externamente sienten una
intranquilidad interior. En estas personas el mecanismo de
autocuración es tan activo que los bloqueos comienzan a disolverse
de inmediato tan pronto como se instaura algo de tranquilidad en el
sistema energético. Sin embargo, como las personas afectadas no
comprenden este mecanismo, huyen una y otra vez a la actividad,
reprimiendo así el procesamiento y la depuración de las energías
bloqueadas.
Otras personas se encapsulan en su cuerpo mental para eludir la
confrontación con los contenidos en su cuerpo emocional. Para estas
personas, todas las vivencias transcurren a través del entendimiento.
Analizan, interpretan y categorizan, pero nunca se meten en una
experiencia con todo su ser.
También a veces nos encontramos con personas que han intentado
forzar la apertura de los chakras practicando de forma
desproporcionada y sin ser guiados por nadie, por ejemplo,
determinados ejercicios de Kundalini yoga, y acaban inundados de los
contenidos inconscientes del chakra correspondiente. Del intento de
rechazar estos contenidos pueden surgir a veces bloqueos más
profundos. Tampoco es raro que suceda que alguien que ha iniciado un
camino espiritual solo active sus chakras superiores y mantenga
inconscientemente los bloqueos de los chakras inferiores, puesto que
no quiere identificarse con los contenidos que se liberan. Una
persona de éstas puede ser que tenga acceso a maravillosas vivencias
procedentes de los ámbitos de sus chakras superiores, y, sin
embargo, puede sentir profundamente en su interior una carencia o un
vacío. La alegría incondicional, el sentimiento de alegría vital
completa y de seguridad en la vida sólo pueden surgir si todos los
chakras están uniformemente abiertos y sus frecuencias vibran en el
plano más alto posible.
No obstante, la actitud de aceptación incondicional exige mucha
honradez y valor. Honradez significa en este contexto la disposición
de vernos con todas nuestras debilidades y negatividad, y no tal
como nos gustaría vernos. Valor es la disposición de aceptar lo
observado. Es el valor de decir sí a todo sin excluir nada.
Hemos asumido en nosotros los juicios de nuestros padres para
asegurarnos su amor Hemos reprimido determinadas emociones y deseos
nuestros para satisfacer las expectativas de la sociedad, de un
grupo o de una imagen de nosotros mismos. Abandonar esto significa
orientarnos interiormente y de forma absoluta hacia nosotros y
perder el amor y el reconocimiento de los demás. Pero es únicamente
el acto del rechazo, de la negación, el que permite que las energías
nuestras adopten manifestaciones negativas. Las emociones reprimidas
solo se convierten en «malas» porque las rechazamos, en lugar de
afrontarlas con amor y comprensión. Cuanto más violentamente sean
rechazadas, tanto «peores» y mortificantes serán, hasta que en algún
momento las liberemos de su cárcel mediante nuestro amor.
Detrás de todo estímulo sentimental está, en último término, el
ansia de reconquistar el estado original paradisíaco de la unidad.
Sin embargo, tan pronto como nos adaptamos a la visión predominante
del mundo y sólo aceptamos como real el plano externo de la realidad
que puede percibirse a través de nuestros sentidos físicos y de la
comprensión racional, este deseo de comunión, de unificación con la
vida, se convierte en una voluntad de poseer. Nuestra ansia de
poseer una persona, una posición, amor y reconocimiento y bienes
materiales, sin embargo, se ve decepcionada una y otra vez, o a la
larga no se satisface según lo esperado, puesto que tal satisfacción
solo puede alcanzarse mediante una unión interior.
Por miedo a una nueva decepción reprimimos nuestras energías:
nuestro sistema energético se bloquea. Las energías que afluyen
posteriormente son distorsionadas por el bloqueo y se manifiestan
como emociones negativas, que a su vez tratamos, una vez más, de
reprimir y retener para no perder la simpatía de nuestros congéneres.
Podemos interrumpir este círculo si dedicamos toda nuestra
atención a nuestras emociones. En ese mismo momento comienzan a
transformarse, pues, finalmente, reconocemos que son sencillamente
energías que han surgido del ansia de unidad, y que fueron
bloqueadas en su manifestación original. Ahora se convierten en una
fuerza que nos ayuda a continuar en el camino hacia la totalidad.
Existe una analogía sencilla que puede aclarar estas relaciones.
Si tienes miedo de una persona y la rehuyes, nunca la conocerás en
todo su ser al completo. Si, por el contrario, le dedicas tu
atención y le haces sentir tu incondicional amor, irá abriéndose a
ti paulatinamente. Conocerás que tras sus comportamientos negativos,
que tú has condenado, no hay otra cosa que el ansia de satisfacción
decepcionada. Tu comprensión le ayudará a recorrer el camino hacia
una satisfacción real. En esta analogía, a tus emociones le ocurren
lo mismo que a esa persona.
La actitud escrita de la aceptación sin prejuicios se corresponde
con la postura de nuestro yo superior. Al asumirla conscientemente
para nosotros, nos abrimos al plano de vibraciones del guía interior
que hay en nosotros y le encomendamos la misión de guiarnos a una
existencia sana e integral completa.
Él yo superior es esa parte del alma que nos une con la
existencia divina. Es ilimitado en el espacio y en el tiempo. Por
ello tiene acceso en todo momento al conocimiento integral que
afecta tanto a la vida en el universo como a nuestra vida personal.
Si nos confiamos a su guía, nos conducirá por la vía más recta y
directa hacia la unidad interior, y los bloqueos existentes en
nuestro sistema energético se disolverán de la forma más suave
posible.
Si comprendemos estas relaciones, podremos hacer que las formas
de terapia descritas en este libro tengan una efectividad óptima.
Admite siempre todas las experiencias que aparecen durante la
realización de una terapia, incluso (y más si cabe) cuando aparecen
en un momento desagradable o negativo; dedícales tu atención neutral
y tu amor y entrégales interiormente la fuerza curativa de tu yo
superior.