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Una de las ventajas más significativas de
los germinados es el hecho de que hacen fácilmente digerible aquello que por
sí mismo no lo es. Nos referimos a que muchas semillas -de cereales o
leguminosas, por ejemplo- son alimentos que los humanos no podemos comer tal
cual porque crudas resultan difíciles de digerir y, sin embargo, al germinar
se convierten en un alimento fácilmente asimilable que libera todos sus
nutrientes encapsulados y aumenta de forma espectacular el valor nutricional
de la propia semilla y hasta de la planta o fruto a la que hubiera dado
lugar. Un simple dato: al germinar las semillas pueden aumentan su peso un
600% y su volumen un 2.900%. Y lo mismo ocurre con sus aportes de nutrientes.
Por ejemplo, en la soja germinada el contenido de vitamina A y carotenos se
duplica en sólo 2 días, alcanza el 280% a las 54 horas y llega al 370% de su
cantidad inicial en apenas 72. En cuanto a la vitamina C contenida en el
trigo aumenta un 600% en los primeros días de germinación y su vitamina E se
triplica en sólo cuatro días. Por lo que respecta al volumen y contenido de
agua, pasa a ser de entre un 5 y un 10% en la semilla a ser de en torno a un
70% en el germinado. Estos porcentajes dicen mucho acerca del potencial
nutritivo de estos productos.
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Los granos
de cereales y leguminosas, contienen los mejores nutrientes de la planta, ya
que poseen la energía para crear una nueva planta
Cuando un grano de cualquier cereal
o leguminosa cuenta con el agua, oxígeno y calor suficientes germina. Una
vez germinados son más nutritivos y fáciles de digerir. Las semillas así
tratadas se incluyen en la dieta porque permiten vivir más años y hacerlo
con buena salud
El
proceso de germinación es muy sencillo. Tras dejar los granos a remojo
durante una noche, y escurrir y cambiar este agua en repetidas ocasiones,
aparecen unos brotes. Con ellos también aparecen o se incrementan las
propiedades nutritivas del producto.
los
germinados son el alimento "vivo" más antiguo que se conoce. De hecho, las
primeras referencias se remontan a la China de hace seis milenios donde,
además de como alimento, se empleaban a modo de remedio terapéutico para
tratar diversas dolencias. Pero no sería hasta el siglo XVIII cuando se
conocerían en Europa sus poderosos efectos antiescorbúticos de la mano del
legendario Capitán Cook quien durante más de tres años consiguió que ningún
miembro de su tripulación muriera de escorbuto por falta de vitamina C
suministrándoles a diario un té elaborado con judías germinadas.
Posteriormente, ya en el siglo XX, se ha contrastado que las semillas
germinadas son el remedio más barato y efectivo para combatir esta grave
dolencia. Y no sólo eso porque también se sabe que sus enzimas, vitaminas,
minerales, oligoelementos, aminoácidos y clorofila les confieren unas
interesantes propiedades antioxidantes, desintoxicantes, inmunoestimuladoras,
reconstituyentes, favorecedoras de la regulación intestinal y tonificantes
del sistema nervioso.
En resumen, comer semillas germinadas es comer vida con lo que ello
significa de incorporar vigor y energía a todas las células del cuerpo.
Los alimentos
germinandos tiene un alto contenido de vitaminas. Se pueden hacer en casa muy
fácilmente con los granos de las menestras que tenga a la mano.
Cubra un poco de
lentejas con agua, espere unos días y verá cómo aparecen brotes blancos. Tal
vez muchos crean que el alimento se echó a perder, pero no; precisamente
esos brotes están llenos de vitaminas, algunos minerales y una poderosa
acción antioxidante.
A
los brotes se les conoce como alimentos germinados; el frejol chino es un
ejemplo. Según el nutricionista Yácomo de las Casas, de Vie Spa, "los
alimentos germinados son más nutritivos y fáciles de digerir, tienen una
alta cantidad de fibra, y enzimas digestivas, previenen la formación de
radicales libres o elementos cancerígenos por su alto contenido de vitamina
C (germinados de trigo, lenteja, soya, garbanzo y judía), vitamina E (todos),
vitamina A (alfalfa), así como las vitaminas B1, B2 y B3".
Los germinados son uno de los pocos
alimentos que ingerimos cuando aún están vivos y este simple hecho aumenta
exponencialmente su valor nutricional que se mantiene intacto hasta el mismo
momento en que los comemos. Entonces ayudan a su propia digestión de modo
que permiten que el organismo descanse y se regenere. Por otro lado, su
riqueza en enzimas, clorofila, aminoácidos, minerales, vitaminas y
oligoelementos vivos les convierte en alimentos completos que pueden
contribuir a corregir las carencias de la alimentación moderna. En fin, unos
productos quizá no muy conocidos que, además, podemos cultivar y conservar
fácilmente en casa.
La
otra gran ventaja de estos alimentos es que se pueden producir en casa. Se
almacenan y transportan fácilmente sin estropearse, no requieren mucho
trabajo ni dedicación y tampoco son caros. El cultivo de germinados en
nuestra propia casa nos permite asegurarnos que los alimentos que consumimos
estén libres de pesticidas e insecticidas.
La
germinación es una autentica alquimia de la vida, en la que podemos obtener
un inmejorable alimento nutritivo y vital. Se trata de alimentos vivos de
primer orden que se convierten de secas y duras semillas de naturaleza
ligeramente acidificante para el organismo, en brotes tiernos alcalinos,
ricos en enzimas digestivas, vitaminas, aminoácidos, clorofila y minerales
muy asimilables, que ayudarán a mantener nuestro equilibrio ácido-base y a
recuperar nuestra autentica calidad de vida
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