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Paracelso (Theophrastus
Phillippus Aureolus Bombastus von Hohenheim ) nació en 1493 en Einsiedeln
(Suiza). Su padre era médico y parece que le inculcó un interés por la
naturaleza, especialmente aquellos aspectos relacionados por la mineralogía, la
alquimia y, posiblemente, la medicina popular. La familia se trasladó en 1502 a
Villach, en Carintia. Allí pudo estar en contacto con las minas que Los Fugger
poseían.
Paracelso
consideró -como dice Laín- al universo como una gran farmacia y a Dios
como el "boticario supremo". En su obra, toda realidad natural se convierte en
fármaco siempre que el médico, mediante la observación y la alquimia, sepa
descubrir los diversos modos de su acción sobre el organismo. Así, el hombre,
entre Dios y la naturaleza, debe erigirse en un explorador y administrador de
tales tesoros curativos.
Paracelso trasciende, por tanto, la vieja idea de que el médico es un
"servidor de la naturaleza". No es raro que no tuviera problemas en utilizar
medicamentos químicos o de origen mineral frente a los cuales los clásicos y los
médicos de su época fueron tan cautos. Para él enfermedad y remedio "se
atrevían "
y el médico debía hacer lo posible para encontrarlo en la naturaleza. Era
partidario del principio contraria contrariis curantur, pero no como una
contraposición de las cualidades, sino como "ataque específico contra la semilla
de la enfermedad para destruirla". También creyó, como afirma Laín, que el
médico debía administrar el tratamiento según los
modelos reales de la correlación y la semejanza entre el macrocosmos y el
microcosmos, y que la voluntad y fe del médico y enfermo influían
sobre la enfermedad y la acción terapéutica.
http://www.revistamedica
.8m.com/histomed112-
Rebatió dichas creencias con gran firmeza y
trató de convencer a sus colegas de que las enfermedades se debían a ciertos
agentes externos y ajenos al cuerpo a los que se podía atacar con la ayuda de
determinadas sustancias químicas. Estaba contra la idea que entonces tenían los
médicos de que la cirugía era una actividad marginal relegada a los barberos.
Uno de los principios de Paracelso fue:
"Únicamente un hombre virtuoso puede ser buen médico", para él la medicina tenia
cuatro pilares: 1) Astronomía 2) Ciencias naturales 3) Química 4) El amor
En una planta hay más virtud y energía que en
todos los gruesos libros que se leen en las universidades, a los que no ha sido
concedida larga vida
El hombre debe aprender toda su sabiduría del
gran Mundo o Macrocosmos, y no de un solo organismo o Microcosmos. Todo médico
se hace, pues, en esta concordancia; el conocimiento del Mundo y, en él y por
él, el conocimiento del hombre, Lo cual no constituye dos cosas sino una, que ha
de ser finalmente complementada por la experiencia
El ser humano.
Macrocosmos/
microcosmos
El hombre ha sido sacado de la tierra y de los
elementos, y por tanto debe alimentarse con estos. Sin el gran mundo no podría
vivir, sino que estaría muerto, y así es como el polvo las cenizas del gran
mundo. Está asentado entonces, que el hombre se sostiene a partir de los cuatro
elementos, y que tome de la tierra su alimento, del agua su bebida, del fuego su
calor y del aire su aliento. Pero todos estos son sólo para sustentar su cuerpo,
la carne y la sangre. Pero el hombre no es sólo carne y sangre, sino que en su
interior está el intelecto que no proviene de los elementos, como las
complexiones, sino de las estrellas. Y la condición de las estrellas es esta,
que toda la sabiduría, inteligencia, industria del animal, y todas las artes
peculiares del hombre están contenidas en ellas. De las estrellas el hombre
tiene estas mismas cosas, y que se llaman la luz de la Naturaleza; en efecto, es
lo que el hombre haya encontrado por la luz de la Naturaleza (Astronomia Magna)
Los sentidos no son corpóreos sino que son del
espíritu así como las estrellas son del espíritu. El hombre entonces atrae por
el espíritu de su astro, en quien ese espíritu es concebido y nace. Pues el
espíritu del hombre se nutre tanto como el cuerpo... El hombre está dividido en
dos partes; un cuerpo elemental, es decir, carne y sangre, por lo que ese cuerpo
debe nutrirse; y en espíritu, de donde está obligado a mantener su espíritu del
espíritu del astro. El hombre mismo es polvo y cenizas de la tierra. Tal,
entonces, es la condición del hombre, viendo que él mismo está formado de ese
modo (Astrología Magna)
Un hombre y una mujer no pueden generar un
hombre, sino junto que aquellos dos, los elementos y el espíritu de las
estrellas. Estos cuatro constituyen al hombre. El semen no está en el hombre,
salvo en tanto entra en él elementalmente. Cuando, en el acto de concepción, los
elementos no operan, no se genera ningún cuerpo. Donde el astro no opera, no se
produce ningún espíritu... El cuerpo y el espíritu deben estar allí. Estos dos
constituyentes forman al hombre... El astro, mediante su espíritu, confiere los
sentidos (Astrología Magna)
No ignoramos vuestros conocimiento sobre los
movimientos del firmamento, que habéis estudiado hasta en sus más pequeños
detalles, así como los que poseéis sobre la tierra, los seres que la pueblan,
los "elementos" y las "substancias". Lo único que nos extraña es que no hayáis
reconocido ese mismo Universo en el hombre, al considerar los admirables
movimientos de los cuerpos de los planetas y de las estrellas, sus exaltaciones,
conjunciones y oposiciones y todo lo que la abstrusa y profunda doctrina
astronómica encierra, tanto más cuanto que nadie que ignore la astronomía puede
llegar a alcanzar una verdadera sabiduría médica. (Libro de las Entidades)
De dos gemelos que son idénticos, ¿cuál lo ha
tomado del otro, de modo que pueda parecerse? Ninguno, ¿Por qué, entonces, nos
llamamos criaturas de Júpiter y de la Luna, cuando de hecho somos a ellos como
los gemelos el uno del otro? (Liber Paragranum)
No puede amarse el alma sin amar el cuerpo y
no es posible cohibirlo y aherrojarlo sin que el alma resulte perjudicada en
igual proporción (Opus Paramirum, Libro III)
Debes contemplar al hombre como un trozo de
Naturaleza encerrado en el cielo. Éste te lo muestra pieza a pieza; porque de él
está hecho el hombre, y la materia con la que fue creado te mostrará también a
qué imagen está hecho... La naturaleza exterior marca la figura de lo interior,
y si la exterior desaparece, pierde también la interior, porque el exterior es
la madre del interior. Así el hombre es como el retrato de los cuatro elementos
en un espejo; si se disgregan los cuatro elementos, el hombre se hunde. Si
aquello que se encuentra ante el espejo está quieto, descansa también la imagen
del espejo. Y así la Filosofía no es otra cosa que tan sólo el saber y el
conocimiento de aquello que tiene su reflejo en el espejo. E igual que la imagen
del espejo no da a nadie la clave de su ser y a nadie puede darse a conocer,
sino que es tan sólo un retrato muerto, así es también el hombre en sí: no sabrá
nada de sí mismo. Porque el conocimiento procede tan sólo de ese ser exterior
cuyo retrato en el espejo es. (Astronomía Magna, 1537)
Hemos visto que en el "gran compuesto" se
encuentra el Mundo entero, es decir, el cielo, las virtudes de la tierra y el
hombre microcósmico, encerrados en una gota. El hombre se encuentra, pues,
encerrado en la Farmacopea con todos sus miembros, articulaciones, naturaleza,
propiedades y esencias, tanto buenas y sanas como malas y enfermas. Por eso,
cuando absorbe algo de esa gran composición, se absorbe a sí mismo en el Limbo
del que ha sido creado y entonces el cuerpo medio lo une, restituyéndole lo que
le falta. (Opus Paramirum, Libro II, cap. 3)
El hombre no surgió de la nada, sino que está
hecho de una materia... La Escritura dice que Dios tomó el limus terrae, la
materia primigenia de la tierra, como una masa, y formó de ella al hombre.
Además, dice también que el hombre es ceniza y polvo, arena y tierra, lo que
demuestra ya suficientemente que procede de esa materia primigenia... Pero limus
terrae es también y a la vez el Gran Mundo, y así el hombre está hecho de cielo
y tierra. El limus terrae es un extracto del firmamento, del Universo,
y a un tiempo de todos los elementos (Astronomia Magna, 1537)
Porque hay que saber que el hombre posee dos
clases de vida: la vida "animal" y la "sideral"... Así también el hombre tiene
un cuerpo "animal" y otro "sideral"; y ambos forman una unidad y no están
separados. Ello ocurre de este modo: el "cuerpo animal", el cuerpo de carne y
sangre, está siempre muerto por sí mismo. Sólo el "cuerpo sideral" hace que a
ese cuerpo llegue el movimiento de la vida. El "cuerpo sideral" es fuego y aire;
pero también está unido al cuerpo animal del hombre. Así que el hombre mortal
consiste en agua, tierra, fuego y aire (Volumen Primum de la Philosophia Magna)
Los secretos del Gran y el Pequeño Mundo sólo
se distinguen en su forma de manifestación, pues son UNA sola cosa y UN solo
ser. Cielo y tierra fueron creados de la nada, pero están compuestos de tres
cosas, de mercurio, azufre y sal... Igual que el Gran Mundo está así formado por
las tres materias primigenias, así también el hombre -el Pequeño Mundo- fue
hecho de aquellas en las que consiste. El hombre no es pues otra cosa que
mercurio, azufre y sal (Liber Paragranum)
Porque como por fuera, así por dentro; lo que
no está fuera, tampoco está dentro del hombre. Lo exterior y lo interior son UNA
sola cosa, UNA constelación, UNA influencia, UNA concordancia, UNA duración...
UN fruto. (Liber Paragranum)
Por más que nuestros ojos vean físicamente,
estamos ciegos en realidad ante la luz de la Naturaleza... Bajo esta luz de la
Naturaleza expondré ahora, pues, lo que hay en las cosas de invisible y que es
tan admirable por cierto como lo visible. En verdad os digo que la luz de la
Naturaleza hace visibles muchas cosas que espontáneamente no lo son... La
percepción del Macrocosmos nos conducirá a la Filosofía del Gran Mundo (Opus
Paramirum, Libro V, Prefacio)
¿Qué ha recibido el hombre de su padre y su
madre de lo que pueda vanagloriarse? En su esencia y sus propiedades, no es sino
lo que ellos fueron, nada más que un estómago hambriento y una burda y mísera
sinrazón, nada más que una imagen desnuda, expuesta a la Muerte. ¿Qué va hacer
de sí el hombre, o qué hacer consigo mismo, cuando no es más que un cuerpo
desnudo? Sólo posee en realidad lo que le fue dado aparte de éste, nada más.
Sólo lo que Dios depositó en él y lo que está contenido en ese don es lo que
sabe y lo que es. (Un opúsculo De Generatione Hominis, 1520)
El mundo entero rodea al hombre como el
círculo rodea a un punto. De ello se desprende que todas las cosas están
referidas a este punto, de forma no diversa a la del corazón de una manzana, que
está rodeado y mantenido por el fruto y obtiene de él su alimento... Así el
hombre es también un corazón y el mundo su manzana; y como le sucede al corazón
de la manzana, así le sucede al hombre en el mundo que le rodea... Cada cosa
tiene su propio origen; por una parte en lo eterno, por otra en lo temporal. Y
la sabiduría -ya sea la del cielo o la de la tierra- sólo se puede alcanzar
mediante la fuerza de atracción del centro y del círculo. (Astronomia Magna)
Que piense el hombre quién es lo que tiene y
ha de ser de él. Porque la compositio humana es poderosa y forma una unidad
desde la pluralidad... El hombre necesita más que su entendimiento cotidiano
para saber lo que él mismo es; sólo quien aprende a conocerse a sí mismo y sabe
de dónde viene y quién es prestará más profunda atención a lo eterno (Astronomia
Magna)
La luz de la Naturaleza es un administrador de
la Sagrada Luz. ¿Qué daño hace a la lengua natural el que hable la lengua de
fuego? ¿O qué pierde la lengua de fuego frente a la natural? Es como un hombre y
una mujer que dan a luz un hijo, y sin ambos no podría ocurrir; no es distinto
lo que ocurre con el hombre al que se dan las dos luces para que vivan en él (Astronomia
Magna)
La muerte se mantiene (adsidet) a
nuestro lado, esperando pacientemente que nuestras guerras intestinas le
ofrezcan la ocasión para ponerse ante nosotros y poseernos, ya que la muerte
ignora verdaderamente la hora en la que debe introducirse en nuestro cuerpo y en
la que debe matar. El miedo de que escape ese preciso momento, la hace
mantenerse atenta, exacta y cuidadosa del instante en que debe hacer su
aparición, pero a pesar de todo jamás podrá la muerte desobedecer los designios
y las órdenes que desde el cielo le dicta nuestro Señor. (Opus Paramirum)
Nada existe verdaderamente en el cielo ni en
la tierra que no esté en el hombre (Opus Paramirum, Libro IV, cap. 17)
Pues el alma (Gemüt) del hombre es
algo tan grande que nadie puede expresarlo. Y así como Dios mismo, y la
materia prima y el cielo son los tres eternos e inmutables, así también lo
es el alma humana. Por esa razón, el hombre encuentra la felicidad a través de y
con su alma. Y si conociéramos adecuadamente nuestras almas, nada nos sería
imposible sobre esta tierra (Liber de imaginibus 12)
El asiento y sede del alma esá en el corazón,
en el centro del hombre; alimenta los espíritus que actúan en él, y que saben de
lo bueno y de lo malo. Vive en el hombre en aquel punto en el que eá la vida,
contra la que combate la muerte. (Astronomia Magna)
El cuerpo es la casa del alma, pero el alma es
la cassa de los buenos y los alos espíritus que habitan en el hombre. (Astronomia
Magna)
Aquél que se investiga a sí mismo es el que
llega más lejos; porque ir al fondo de las cosas y acumular experiencia son
cosas que conducen a Dios (Philosophia Magna)
Quien nada sabe nada ama. Quien nada sabe nada
entiende... Pero quien entiende, quien ama, quien nota, quien vie... Cuanto más
conocimiento haya en una cosa, tanto mayor el amor... Todo estriba en el
conocimiento. De él viene todo fruto... Cada cual cree en aquello que conoce
Un creyente debe ser un sabio y un hombre
ingenioso para saber qué es lo que cree. Cuando un inútil, un necio cree, su Fe
está muerta. (Astronomia Magna)
Quien busca encuentra; quien busca en su cielo
interior (Wer da sucht, der findet; wer da sucht in dem inneren Himmel-
Philosophia Sagax, Libro II, prefacio
Sal, azufre y mercurio. Alquimia.
Ojos de fuego.
Los secretos del
Gran y el Pequeño Mundo sólo se distinguen en su forma de manifestación, pues
son UNA sola cosa y UN solo ser. Cielo y tierra fueron creados de la nada, pero
están compuestos de tres cosas, de mercurio, azufre y sal... Igual que el Gran
Mundo está así formado por las tres materias primigenias, así también el hombre
-el Pequeño Mundo- fue hecho de aquellas en las que consiste. El hombre no es
pues otra cosa que mercurio, azufre y sal (Liber Paragranum)
La tierra es negra,
marrón y sucia, nada hay en ella hermoso ni agradable; pero en ella se ocultan
los colores todos; verde, azul, blanco, rojo. No hay ninguno que no tenga.
Cuando llegan la primavera y el verano, afloran todos los colores que -si no lo
atestiguara la tierra misma- nadie hubiera supuesto en ella. Igual que de tal
tierra negra y sucia surgen los colores más nobles y finos, así algunas
criaturas han salido de la "materia originaria", que en su falta de separación
sólo era suciedad al principio. ¡Mirad el elemento agua, cuando está sin
separar! Y después, ved cómo de ella surgen todos los metales, todas las rocas,
los brillantes rubís, los relucientes granates, los cristales, el oro y la
plata; ¿pero quién los hubiera advertido en el agua... excepto Aquel que los
engendró en ella? Así que Dios sacó de las materias básicas lo que había metido
en ellas, y puso todo lo creado en su destino y en su sitio (Philosophia
Tractatus Quinque)
El formador y el modelador del árbol está en
el mismo, es decir, en su semilla. Otro tanto ocurre con las hierbas; tampoco la
semilla representa más que el principio de la forma, para cuyo conocimiento se
requieren además la lluvia, el licor de la tierra y otras cosas más, cada una de
las cuales está representada en las ramas, los tallos, las hojas y las flores.
De esta manera todas las formas están ya contenidas en el exterior de todas las
cosas capaces de crecer. Por eso cuando esas formas nos abandonan quedamos
incapacitados para crecer, acabando por morir en un estado precario y bajo una
forma elemental (deserta). Al contrario, cuando estamos en pleno
crecimiento, necesitamos hacer acopio de esas formas o alimentos a fin de que en
ningún momento lleguen a faltarnos, ya que sólo su esencia, semejante al fuego,
puede incrementar nuestra forma e imagen, sin la cual pereceríamos de
consunción.
Esa es la razón por la cual debemos conocernos a nosotros mismos, si no queremos
morir por falta de forma (Opus Paramirum, 151).
¿Quién entre los profanos será capaz de ver
aceite en la madera o agua en la piedra? Nadie sin duda. Nadie, excepto el
médico, el cual buscará a la inversa, la madera en el aceite y la piedra en el
agua. Lo que constituye la adopción de la más sutil filosofía (Philosophia
Sagax). (Opus Paramirum, Libro III)
Los ojos no deben sólo ver, sino también
sentir y las cosas deben instituirse según la naturaleza de la anatomía, es
decir, deducidas del fundamento verdadero y natural, resueltas (consequi)
las unas de las otras según sus propias bases, y no guiadas solamente por
nuestra opinión o juicio. De este modo alcanzaremos a ver y percibir lo
invisible como lo visible (Opus Paramirum, Libro IV)
La rosa, que es magnífica en su primera vida,
cuando la anima la esplendidez de su perfume (gustus), no tiene utilidad médica
alguna, siendo preciso que se pudra, muera y renazca después nuevamente, para
que adquiera tal virtud. Sólo entonces podréis hablar de sus propiedades
medicinales y administrarla en vuestras recetas.
Pues así como todo lo que pasa por el ventrículo (estómago) experimenta la
putrefacción, con cuyos productos se construye el ser humano, así nada de lo que
ha de formar la Medicina puede quedar imputrefacto.
La razón por la cual no existen remedios para la primera vida está en que no hay
en ella nada que escrutar, dado que toda su complexión y todo su ser está
destinado a perecer sin dejar ningún rastro. Así pues, nada de lo que no perdure
y de lo que no resuelva en una nueva natividad está sometido a la Medicina. De
lo que resulta que todo el trabajo del médico no estará encaminado sino a
conseguir una nueva natividad. Ahí están y de ahí provienen el verdadero Azufre,
el Mercurio y la Sal auténticas, en los que se contienen (extent) todos
los Arcanos, obras, curaciones y fundamentos.
Sólo cuando la segunda vida ha sido introducida y que la primera se ha retirado
del cuerpo, estamos en condiciones de usar y aprovechar la primera materia y de
encontrar allí mismo la última. De esta vida media ha de salir pues la nueva
vida, libre ya de toda otra enfermedad o muerte que no sea el gran fin en el que
todas las cosas han de perecer. (Opus Paramirum, Libro I, cap. 6)
La razón por la cual ninguna nueva vida puede
perdurar está justamente en su fragilidad, lo cual es a la vez el motivo y
fundamento de la muerte.
Todo el fundamento de esto está por consiguiente en que el hombre considere que
sólo cuando se exponga y separe el cuerpo medio, han de manifestarse las cosas
primeras. Sólo aquel que las reconozca para la vida nueva (ex nova vita)
conocerá verdaderamente el objeto de esta vida.
Sobre esto existen dos partes (subjecta): una constituída por el
enfermo, a solas, con su vida media vegetativa y cuya nueva vida, o sea la
salud, se le ha escapado transitoriamente; y otra, en la que está la Medicina,
que trata de proteger la vida media a través de la nueva vida. Por eso los
Arcanos están en la vida nueva y no en la primera ni en la media. (Opus
Paramirum, Libro I, cap. 6)
No debéis sorprenderos de que cuando los ojos
no están educados no puedan ver muchas de estas cosas, ya que el cuerpo medio
(medium corpus) obscurece los ojos, poseyendo en cambio la ciencia
sobre la que debe apoyarse todo médico. Esa ciencia revela más cosas al médico
que al profano... La ciencia es verdaderamente el origen de la fuerza del
médico, ya que sólo a través de él pueden revelarse públicamente los milagros de
Dios... Así, ninguna cosa que esté escondida podrá dejar de ser revelada por el
médico, cuya luz podrá ser proyectada sobre la tierra, el agua, el firmamento,
el fuego y sobre todas las cosas, en fin, que quieran contemplar las maravillas
del Dios que las ha creado y en cuya mente viven antes de todo.
El que aún haya cosas sin explicación se debe solamente a que el trabajo
intelectual necesario no ha sido aún proyectado con la profundidad debida.
Puede decirse que la ceguera de los ojos, el glaucoma, la catarata y la mancha
blanca, invaden también las otras profesiones... Estas cegueras se parecen todas
entre sí e importa mucho que sean corregidas. Pues así como la ceguera de médico
es la muerte del enfermo, así la otra ceguera es la muerte del alma (Opus
Paramirum Libro I, cap. VI)
Las enfermedades extrañas requerirán así que
el médico las estudio con métodos extraños, aplicándoles las concordancias que
correspondan, preparando y separando las cosas visibles y reproduciendo sus
cuerpos a su última materia con ayuda del arte espagírico o de la Alquimia... El
médico, en efecto, sólo debe serlo de las enfermedades que
conozca, pero no de las que ignore. Por eso no debe preocuparse como no nos
preocupamos nosotros, de ser influidos por los árabes, bárbaros o caldeos. Y no
creer en nada de los otros que no haya sufrido la prueba del fuego, pues eso no
es verdadera Medicina, ya que como hemos dicho repetidamente, el fuego crea al
médico. Aprended pues la Alquimia, también llamada Espagiria, y ella os enseñará
a discernir lo falso de lo verdadero. Con ella poseeréis la luz de la Naturaleza
y con ella por tanto podréis probar todas las cosas claramente, discurriéndolas
de acuerdo a la lógica y no por la fantasía. (Opus Paramirum, Libro I, cap. 3)
Así pues es preciso que abramos bien los ojos
en este arte a fin de que distingamos las cosas no sólo médicamente sino con la
verdadera mirada del fuego y no con la sencilla contemplación de los rústicos y
los profanos. Este ha de ser el fundamento desde el que acometeremos el estudio
del tratamiento médico, a la vez que el motivo que nos haga separarnos
definitivamente de las complexiones y de los cuatro humores... La verdad es que
toda enfermedad tiene que ser caliente o fría. ¿Cuál podría carecer de estos
"colores"? Diremos que ninguna; y sin embargo ésos no son más que signos y no
enfermedades propiamente dichas. De modo que aquel que tome los signos por la
materia se engañará fatalmente (Opus Paramirum, Libro I, cap. IV)
No puede existir ninguna verdad fundamental en
las enfermedades o en el hombre que no haya recibido su luz de la Naturaleza,
según puede probarse siempre por numerosos testimonios. Esa es en efecto la gran
luz del Mundo. Y os digo que así como el oro puede contrastarse hasta siete
veces por el fuego, así el médico debe probarse siete y más veces aún por el
fuego, ya que el fuego probará a su vez las tres substancias, mostrándolas al
desnudo, puras, limpias y sencillos. Por eso no puede decirse que nada haya sido
probado debidamente en tanto no haya sido sometido a la prueba del fuego. El
fuego prueba todas las cosas y siempre, al separar las impurezas, acaba haciendo
aparecer las tres substancias puras. Así el médico será probado no por propia
naturaleza sino según el arte teórico y práctico en que se haya iniciado bajo el
bautismo del fuego. Porque estas tres cosas, estos tres principios, no son
perceptibles para los ojos de los rústicos y no se dejan captar fácilmente,
siendo justamente el fuego el que develará la obscuridad que los envuelve,
exponiéndolos nítidamente a nuestros sentidos. (Opus Paramirum, Libro I, cap. 1)
Es necesario que las causas de la salud y de
la enfermedad sean claramente visibles y que ninguna obscuridad se proyecte
sobre ellas, razón por la cual nos hemos referido antes al fuego, en cuyo seno
se encuentran escondidas todas las cosas y bajo cuya acción se ponen de
manifiesto. De esta visibilidad (aspectu) nacen los testimonios de la
ciencia médica. Por eso el médico es médico por la medicina y no sin la
medicina, pues ésta es anterior a él y existe por sí misma; de lo que se deduce
que su estudio está en la observación de los hechos y no en la fantasía del
médico... Pues en verdad que el fuego ha sido conferido a los maestros y no a
los discípulos.
Os aclararé esto: digo que no hay nada en el interior del hombre, por más
brillante que sea su genio, que pueda hacer de él un médico. Nada en él
pertenece al arte de la medicina, pues en esto su espíritu está tan vacío como
una cesta; a pesar de ello ese espíritu -esa cesta- se halla en disposición de
albergar las cosas que le sean entregadas y que son verdaderos tesoros. Todavía
ese genio brillante y bien dispuesto carece de experiencia, de ciencia y de arte
médico, pues en realidad todo lo que aprendemos y experimentamos debe quedar
encerrado por un tiempo y sólo aplicarlo después en el momento oportuno.
Considerad ahora estos dos ejemplos:
Ved el vidriero y preguntaos de dónde o de quién ha recibido su arte.
Convendréis conmigo en que no ha sido de él mismo, ya que su razón no ha podido
aún penetrarse de los fundamentos de su arte, a pesar de lo cual le ha bastado
tomar la materia y echarla en el fuego para que la luz de la Naturaleza haga
aparecer el cristal ante sus ojos.
Ved ahora el carpintero. El carpintero que construye una casa puede a su vez
alcanzar este arte por el simple impulso de su iniciativa razonada, con tal de
que posea un hacha y una madera buena para su trabajo.
El médico es como el vidriero, pues por más que tenga ante él un enfermo y a su
disposición los diversos medicamentos, carece de la ciencia y del conocimiento
de las causas. Si por el contrario posee el hacha y la madera del carpintero,
puede llegar a ser médico verdaderamente. Tanto de una manera como de la otra,
por más que como buen artesano se prepare una buena hacha y ponga luego todo su
talento personal en aprender a servirse de ella debidamente, necesitará del
fuego para que el tesoro oculto se manifieste, esto es, para que la Farmacopea y
la ciencia encerrada en su inteligencia alcancen la finalidad de su medicina....
Pues todo cuanto el fuego enseña no puede ser probado ni comprendido sin el
fuego. (Opus Paramirum Libro I, cap. 1)
Porque va en contra
de la Filosofía el que las florecillas no deban participar de la eternidad;
aunque se marchiten, comparecerán cuando se reúnan todas las estirpes. Y no se
ha creado nada en el Mysterium Magnum, en el Gran Mundo milagroso de
Dios, que no esté representado también en la eternidad (Philosophia ad
Athenienses, Libro II)
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Aurelio Felipe
Teofrasto Bombast Hohenhiem (Paracelso) |
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Las siete reglas de Paracelso
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1º Lo primero es
mejorar la salud.
Para ello hay que respirar
con la mayor frecuencia posible, honda y rítmica,
llenando bien los pulmones, al
aire libre o asomado a una ventana. Beber
diariamente en pequeños sorbos,
dos litros de agua, comer muchas frutas,
masticar los alimentos del modo
más perfecto posible, evitar el alcohol, el
tabaco y las medicinas, a menos que
estuvieras por alguna causa grave sometido a
un tratamiento. Bañarte
diariamente, es un habito que debes a tu propia
dignidad.
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2º Desterrar absolutamente de tu
ánimo, por mas motivos que existan, toda idea
de pesimismo, rencor, odio, tedio,
tristeza, venganza y pobreza.
Huir como de la peste de
toda ocasión de tratar a personas maldicientes,
viciosas, ruines, murmuradoras,
indolentes, chismosas, vanidosas o vulgares e
inferiores por natural bajeza de
entendimiento o por tópicos sensualistas que
forman la base de sus discursos u
ocupaciones. La observancia de esta regla es
de importancia decisiva: se trata
de cambiar la espiritual contextura de tu
alma. Es el único medio de
cambiar tu destino, pues este depende de nuestros
actos y pensamientos. El azar no
existe |

|
3º Haz todo el bien
posible.
Auxilia a todo desgraciado siempre
que puedas, pero jamás tengas debilidades por
ninguna persona. Debes cuidar
tus propias energías y huir de todo
sentimentalismo |

|
4º Hay que olvidar
toda ofensa, mas aun: esfuérzate por pensar bien del mayor
enemigo.
Tu alma es un templo que no debe
ser jamás profanado por el odio. Todos los
grandes seres se han dejado guiar por
esa suave voz interior, pero no te hablara
así de pronto, tienes que
prepararte por un tiempo; destruir las superpuestas
capas de viejos hábitos, pensamientos
y errores que pesan sobre tu espíritu, que
es divino y perfecto en si, pero
impotente por lo imperfecto del vehículo que le
ofreces hoy para manifestarse, la
carne flaca. |

|
5º Debes recogerte
todos los días en donde nadie pueda turbarte, siquiera por
media hora, sentarte lo más
cómodamente posible con los ojos medio entornados y
no pensar en nada.
Esto fortifica enérgicamente el
cerebro y el Espíritu y te pondrá en contacto
con las buenas influencias. En
este estado de recogimiento y silencio, suelen
ocurrírsenos a veces luminosas
ideas, susceptibles de cambiar toda una
existencia. Con el tiempo todos los
problemas que se presentan serán resueltos
victoriosamente por una voz
interior que te guiara en tales instantes de
silencio, a solas con tu conciencia.
Ese es el daimon de que habla Sócrates |

|
6º Debes guardar absoluto silencio de todos tus
asuntos personales.
Abstenerse, como si hubieras
hecho juramento solemne, de referir a los demás,
aun de tus más íntimos todo cuanto
pienses, oigas, sepas, aprendas, sospeches o
descubras. por un largo tiempo al
menos debes ser como casa tapiada o jardín
sellado. Es regla de suma importancia |

|
7º
Jamás temas a los hombres ni te inspire sobresalto el DIA mañana.
Ten tu alma fuerte y limpia y
todo te saldrá bien. Jamás te creas solo ni débil,
porque hay detrás de ti ejércitos
poderosos, que no concibes ni en sueños. Si
elevas tu espíritu no habrá mal
que pueda tocarte. El único enemigo a quien
debes temer es a ti mismo. El
miedo y desconfianza en el futuro son madres
funestas de todos los fracasos,
atraen las malas influencias y con ellas el
desastre. Si estudias atentamente
a las personas de buena suerte, veras que
intuitivamente, observan gran parte
de las reglas que anteceden. Muchas de las
que allegan gran riqueza, muy cierto
es que no son del todo buenas personas, en
el sentido recto, pero poseen muchas
virtudes que arriba se mencionan. Por otra
parte, la riqueza no es sinónimo de
dicha; Puede ser uno de los factores que a
ella conduce, por el poder que nos
da para ejercer grandes y nobles obras; pero
la dicha más duradera solo se
consigue por otros caminos; allí donde nunca
impera el antiguo Satán de la
leyenda, cuyo verdadero nombre es el egoísmo.
Jamás te quejes de nada, domina tus
sentidos; huye tanto de la humildad como de
la vanidad.
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Visible e invisible, mitad del cielo
La maquinaria del universo se divide en dos partes, un cuerpo
visible y un cuerpo invisible. Lo visible y tangible es el cuerpo del universo,
que consta de tres principios, Azufre, Mercurio y Sal. Este es el cuerpo
elemental del universo, y los mismos elementos son ese cuerpo. El cuerpo que no
es tangible, sino impalpable e invisible, el cielo sideral o firmamento. El
firmamento que vemos es corpóreo, visible y material. Este, empero, no es el
firmamento mismo, sino su cuerpo. Nadie ha visto nunca al firmamento, sino sólo
su cuerpo, así como el alma del hombre no es visible. El universo entero está
así dividido en dos partes, en cuerpo y firmamento. Además, el firmamento
consiste de dos partes. Una es el cielo entre las estrellas; el otro en el globo
de la tierra. De aquí que el firmamento se compone de dos esencias. Una es
peculiar al firmamento del cielo, y la otra es peculiar al elemento de este
globo y esfera. El firmamento del globo o esfera es de naturaleza tal que a
partir suyo nace todo los que el cuerpo de la tierra o los elementos
proporcionan. Así, del fundamento del firmamento del globo brotan los frutos, lo
que no podría realizarse sin el firmamento. Y lo mismo con todas las cosas que
se producen desde el suelo. El otro firmamento tiene su especial operación en el
cielo, esto es, se relaciona solamente con el hombre. Ahora, aunque ambos
sistemas estelares, el superior y el inferior, están vinculados, conjuntos,
unidos, y van el uno con el otro, hay sin embargo esta diferencia, que las
estrellas superiores gobiernan los sentidos superiores, y que las inferiores
gobiernan las cosas que crecen; esto es, el sistema superior ordena el intelecto
animal, y el inferior aquellas cosas que crecen, brotando de la esfera misma.
(Astrología Magna)
El hombre está dividido en sí mismo; efectivamente, en el
cuerpo del globo y el cuerpo de los sentidos, esto es, en un cuerpo visible,
palpable, y un cuerpo invisible e impalpable; o, en otras palabras, en un cuerpo
elemental de los tres principios, Sal, Azufre y Mercurio, y un cuerpo estelar.
Por lo que se refiere al cuerpo del hombre, es meramente carne y sangre. Aquello
que es impalpable en el, se llama espíritu. Así el hombre está formado de carne,
sangre y espíritu. Además, la carne y la sangre no son el hombre, sino el
espíritu que existe en sí mismo. El espíritu del hombre es sabiduría, sentido e
intelecto; y esto son el hombre. El cuerpo es meramente materia bruta. El
espíritu está sujeto a as estrellas, y el cuerpo está sujeto al espíritu. Así,
el astro gobierna al hombre en su espíritu, y el espíritu gobierna al cuerpo en
la carne y la sangre. Ese espíritu, empero, es mortal, puesto que no es el alma.
El alma es sobrenatural, y aquí no hablo de eso sino de lo que, siendo creado en
Adán, se atrinchera en la Naturaleza, es decir, carne, sangre y este espíritu.
(Astronomía Magna)
Al igual que los elementos celestes, también el hombre tiene
una constelación y un firmamento (Libro de las Entidades)
Las cosas no están en los objetos para experimentar solamente
lo que concierne al cuerpo visible, pues éste no es sino una parte del cuerpo
total del hombre. (Opus Paramirum)
Sabed que nuestro mundo y todo lo que vemos y podemos tocar
en nuestro entorno no son más que la mitad del Cosmos. Aquel mundo que no vemos
es igual al nuestro en peso y medida, en esencia y condición. De donde se sigue
que también hay otra mitad del hombre que actúa en ese mundo invisible. Cuando
sabemos de la existencia de ambos mundos, entendemos que sólo las dos mitades
forman un hombre completo; porque son por así decirlo como dos hombres unidos en
un cuerpo (Opus Paramirum)
Antes que nada, el médico tiene que saber que debe entender
al hombre en esa otra mitad que concierne a la astronomicam philosophiam, y que
ha de transferir el hombre a ella y transferir los cielos al hombre. De otro no
podrá curar a los hombres, los cielos retienen dentro de su esfera la mitad de
todos los cuerpos y los males. ¿Quién puede ser un médico y no conocer las
enfermedades de otra mitad?... ¿Qué es un médico que no sea experto en
cosmografía? Es un tema en el que debiera estar especialmente versado... puesto
que todo conocimiento se origina en la cosmografía, y sin él nada ocurre" (Liber
Paragranum)
Observad que el cuerpo se nutre exclusivamente a través de
esos cuatro miembros, y que todo lo demás son planetas que no necesitan
alimentarse, al igual que el resto del firmamento. O sea, que el cuerpo es
doble: planetario y terrestre. Y que el hombre se compone de esas dos criaturas:
el conjunto de cosas nutritivas y el conjunto de cosas que necesitan ser
alimentadas. (Libro de las Entidades)
Sólo vemos, normalmente, al hombre y a las criaturas por la
mitad (Opus Paramirum, Libro V, prefacio)
Cuando nos hallemos ante enfermedades cuyo origen no nos sea
posible conocer por medio del cuerpo visible, debemos encender la luz que nos
permita hablar, pues si no, las obras que esas enfermedades representan nos
exhortarán a callar, por más que esto nos parezca en todo caso un tanto
incomprensible. Si nos guiamos por esa luz podremos
reconocer que ésa otra mitad invisible del hombre existe realmente y que su
cuerpo no es sólo carne y sangre, sino una cosa demasiado brillante para
nuestros groseros ojos. En esa parte están pues las enfermedades
invisibles de todas las enfermedades (Opus Paramirum, Libro V, prefacio, 309)
Por eso nos conviene buscar siempre la causa por la que cada
obra ha sido hecha tal cual es y por eso, si su razón visible no nos convence,
debemos buscar inmediatamente la invisible. Lo invisible puede así hacerse
visible igual que lo que no posee esa propiedad, siempre que esté presente su
propia luz y sepamos buscarlo bajo su resplandor. Esas enfermedades están
escondidas en las grandes iniciales (Versahlen) y pueden subsistir en
nosotros como enfermedades espirituales... En el caso de las enfermedades, el
espíritu es visible a su luz, por cuanto constituye la mitad del hombre. (Opus
Paramirum, Libro V, Prefacio)
En
definitiva: sabed que la Fe puede producir todo cuanto el cuerpo produce,
incluso la misma muerte, tan bien como con un disparo de arcabuz.
Válgaos pues este ejemplo como enseñanza y aprended por él que sois desde luego
visibles y corporales, pero además y al mismo tiempo no lo sois, y que todo
cuanto hace nuestro cuerpo visible lo hace también invisible (Opus Paramirum,
Libro V, cap. 3)
Recordad
ahora que hay algo en nuestro organismo que no necesita de los alimentos
exteriores y que llamamos el firmamento del cuerpo,
ya que de la misma manera que el cielo vive en su
firmamento sin necesitar alimento alguno, así también el firmamento corporal se
nutre por sí mismo (se habet) (Libro de las Entidades)
El hombre es hijo de dos padres; el uno es la "tierra", el
otro el "cielo"... De la tierra recibe el cuerpo material, del "cielo" su
índole. Así aquélla conforma su figura, y el cielo le regala la "luz de la
Naturaleza". Todo hombre refleja la índole de su padre; puede hacer aquello que
es innato. Y se ha dado poder a los hijos para disponer sobre la herencia de sus
padres (Opus Paramirum)
La estructura del mundo está hecha
de dos partes; de una parte aprehensible y sensible y de otra invisible e
insensible. La parte aprehensible es el cuerpo, la invisible el
"astro". La aprehensible a su vez está compuesta de tres partes: azufre,
mercurio y sal; la invisible consiste también en tres: ánimo, sabiduría y arte.
Ambas partes juntas constituyen la vida (Astronomia Magna: Wie jetzo gemelt
is das Machina Mundi fabricirt ist in zwei theil: in einem greiflichen unnd
empfindlichen; Der ander Theil ungreifbaren und unempfinddlichen. Der Greiflich
ist der Leib, der unsichtbar das Gestirn. Das greisslich: ist gesetzt auss
dreien Stücken, auss Sulhure, Mercurio und Sale; der ungreiflich ist auch in
drey gesetzt, in das Gemüth, Weisheit und Kunst und sie beide seind gesezt in
das Leben... Unnd alles vom Gestirn... Aber di Bildniss Gottes nicht)
Aún cuando sea hijo de Saturno, y Saturno haya ensombrecido
su nacimiento, el hombre puede dominar a Saturno y convertirse en hijo del Sol (Astronomia
Magna)
Porque como por fuera, así por dentro; lo que no está fuera,
tampoco está dentro del hombre. Lo exterior y lo interior son UNA sola cosa, UNA
constelación, UNA influencia, UNA concordancia, UNA duración... UN fruto. (Liber
Paragranum)
El cielo es el hombre y el hombre el cielo, y todos los
hombres juntos son el cielo, y el cielo no es más que un hombre. Hay que saber
eso para entender por qué las cosas son así en un lugar y en otro de otro modo,
por qué aquí hay un nuevo, allá un viejo y en todas partes tantas cosas
distintas. Pero todo esto no se ve en el cielo, sino en la distribución de las
fuerzas actuantes en él... Nosotros los hombres tenemos un cielo y éste también
está en cada uno de nosotros en toda su plenitud, indiviso y correspondiente a
la naturaleza de cada cual. Por eso cada vida humana sigue su propio curso, por
eso fallecimiento, muerte y enfermedad están desigualmente repartidas, según la
acción de cada cielo. Porque si el mismo cielo estuviera en todos nosotros,
todos los hombres tendrían que estar enfermos al mismo tiempo y sanos al mismo
tiempo. No obstante no es así, porque la unidad del Gran Cielo se disolvió en
nuestra multiplicidad en los instantes del parto. En cuanto un hijo es
concebido, recibe su propio cielo. Si todos los niños fueran dados a luz en el
mismo instante, todos llevarían el mismo cielo en sí, y su vida seguiría el
mismo curso. Así pues, según como se encuentre la bóveda estelar, así se
inculcará el "cielo interior" del hombre. ¡Un milagro sin igual! (Astronomia
Magna)
Qué maravillosamente ha sido creado y configurado el hombre,
cuando se penetra en su verdadero ser... y es una grandeza -pensad en esto- que
no haya nada en el cielo ni en la tierra que no se encuentre también en el
hombre... En él está Dios, que también está en el cielo, y todas las fuerzas del
cielo se reflejan también en el hombre. ¿En qué otro sitio puede hallarse el
cielo si no es en el hombre? Dado que actúa desde nosotros, sin duda tiene que
estar también en nosotros. Por eso conoce nuestro ruego antes de que lo
formulemos, porque está más cercano a nuestro corazón que a nuestra palabra...
Dios ha construido su cielo en el hombre, hermoso y
grande, noble y bueno; porque Dios está en su cielo, es decir, en el hombre. Él
mismo dice que Él está en nosotros y nosotros somos su templo (Opus
Paramirum)
Igual que el firmamento con todas sus constelaciones forma un
todo en sí mismo, así también el hombre es en sí un firmamento poderoso y libre.
E igual que el firmamento descansa en sí mismo y no es regido por ninguna
criatura, tampoco el firmamento del hombre es regido por otras criaturas, sino
que es por sí, solo y sin atadura de ninguna clase. Porque hay dos clases de lo
creado: cielo y tierra son una, el hombre la otra... Todo lo que la ciencia
astronómica ha averiguado profunda y ponderadamente mediante la contemplación de
los aspectos y de las estrellas... puede ser para vosotros una enseñanza y una
ciencia para el "firmamento corporal" (Escritos más tempranos, alrededor de
1520)
Así como el cielo existe según sus atributos, por él y para
él mismo, así el hombre aparece en su interior constelado de astros. Y al igual
que el firmamento, que está en el cielo en su propio poder (pro se), libre de
toda dependencia, el firmamento del hombre está en él libre también de toda
obediencia, poderoso e independiente de las influencias de todas las criaturas.
De lo cual debéis concluir que hay en verdad dos clases de seres: una, el cielo
y la tierra (Macrocosmos) y otra, el hombre (Microcosmos)
(Libro de las Entidades)
Tan grande como la diferencia entre los dos cuerpos -el
visible y el invisible, el material y el etéreo- en forma y figura es la que
distingue su esencia entre sí... Son como un matrimonio, que es uno en la carne,
pero doble en esencia... Y como esto es así, en el hombre habita una
contradicción... A saber, que el astro en él tiene otra índole, otro ánimo, otra
intención que los elementos inferiores; y por otra parte estos elementos tienen
a su vez otra sabiduría y otra índole que el astro del hombre. De ello se sigue
que sean contrapuestos entre sí. Por ejemplo; el cuerpo elemental, material,
quiere exuberancia, concupiscencia; el astro, en cambio, estudiar, aprender,
practicar las artes, etc. De ahí surge una contradicción en el hombre mismo. El
cuerpo visible, material, quiere lo uno, el invisible, etéreo, lo otro, y
ninguno quiere lo mismo. Por eso cada uno de estos cuerpos vive el impulso de
superar lo que le ha sido dado, y ninguno quiere mantenerse en el centro y
actuar con medida. Ambos quieren desbordar sus límites y el uno quiere desplazar
al otro; así surge la enemistad entre ellos. Porque todo lo que supera su medida
trae la perdición (Astronomia Magna)
En la Naturaleza hallamos una luz que nos ilumina como no
pueden hacerlo el Sol y la Luna. Porque está hecha de tal modo que sólo a medias
vemos a los hombres y a todas las demás criaturas, y por eso tenemos que seguir
investigando... No debemos ahogarnos en nuestra labor diaria, porque quien
busca... encuentra... Y si seguimos la luz de la Naturaleza resultará que
también está ahí la otra mitad del hombre, y que el hombre no está hecho tan
sólo de carne y sangre... sino también de un cuerpo invisible para nuestro burdo
ojo. (Opus Paramirum)
La Luna emite una luz, pero a ella no se advierten los
colores; pero en cuanto se alza el Sol es posible distinguirlos a todos entre
sí. Así pues, la Naturaleza tiene una luz que brilla como el Sol; e igual que la
luz del Sol respecto a la de la Luna, así la luz de la Naturaleza brilla más
allá de la fuerza de los ojos. A su luz se hace visible lo invisible; por ello,
tened siempre presente que una luz eclipsa a la otra (Opus Paramirum)
Como el Sol puede brillar a través de un cristal y el fuego
irradia calor de las estufas, aunque no atraviesen ambos cuerpos, así el cuerpo
humano puede hacer que su fuerza actúe a lo lejos y seguir quieto en su sitio,
como el Sol que brilla a través del cristal y sin embargo no lo atraviesa. Por
eso no se puede atribuir nada al cuerpo mismo, sino sólo a las fuerzas que
brotan de él, igual que el olor del almizcle, aunque su cuerpo pueda estar
quieto. (Opus Paramirum)
Los pensamientos son libres y nada
los domina. En ellos reposa la libertad del hombre, y ellos aventajan la luz de
la Naturaleza. Porque de los pensamientos
nace una fuerza creadora que no es elemental ni sideral... Los pensamientos
crean un nuevo cielo, un nuevo firmamento, una nueva fuente de energía (Kraft)
de la que fluyen nuevas artes... Si uno se propone crear algo, crea
por así decirlo un nuevo cielo, y del mismo afluye a él la obra que quiere
crear... Porque tan poderoso es el hombre, que es más que cielo y tierra. (Astronomia
Magna)
Sabed que hay dos filósofos, los filósofos del cielo y los de
la tierra. Y del mismo modo cada esfera es sólo una cara del médico, y cada uno
por sí no es aún un médico completo. El que tiene el conocimiento de las esferas
inferiores es un filósofo, el que lo tiene de las superiores un astrónomo. Pero
ambos tienen un solo entendimiento y un solo arte, y ambos participan del
secreto de los cuatro elementos... Igual que en el cielo hay un Saturno de
naturaleza ígnea, hay uno en la Tierra de naturaleza terrenal; e igual que hay
un Sol en el agua, hay uno en el cielo. Y cada uno está por cuadruplicado en el
hombre. Incluso lo que está en el más apartado rincón de la tierra arroja su
sombra sobre el hombre, que también está impregnado de lo que yace en las
profundidades del mar... ¿Cuál es la diferencia entre Sol, Luna, Mercurio,
Saturno y Júpiter en el cielo y en el hombre? Sólo en la figura se fundamenta.
Por eso no hay cuatro Arcana, sino sólo uno, pero en cuádruple orientación,
igual que una torre está orientada a los cuatro vientos. Y del mismo modo que a
la torre no le puede faltar una esquina, tampoco puede un médico prescindir de
una de esas partes. Porque una parte no hace un médico entero, ni dos partes ni
tres, sino las cuatro partes. Como los Arcana constan de cuatro partes, su
integridad precisa también de los cuatro. (Liber Paragranum)
Debéis saber pues que el hombre ha sido colocado entre estas
tres substancias y un cuerpo intermediario que es el "cuerpo vivo", "entidad
viviente", "soplo vital" o "ánima", razón de ser de los médicos y de las
enfermedades, siendo primera materia todo lo que está antes de esta vida, y
última materia todo lo que está después (Opus Paramirum, Libro 1 cap. 3)
De este modo el cuerpo del hombre absorbe (assumit) el cuerpo
del Mundo, lo mismo que el hijo recibe la sangre del padre. Estos no
constituyen, en efecto, más que dos almas con un mismo cuerpo y una misma
sangre, de lo que se deduce que también el cielo, la tierra, el aire y el agua
están segun la Ciencia, en el cuerpo del hombre, dado que el hombre constituye
por sí mismo un verdadero Mundo. Por eso el Saturno y el Júpiter del Microcosmos
atraen (asciscit) al Saturno y al Júpiter celestes. Esa conjunción entre los dos
cielos hace que existan también afinidades entre los elementos de la tierra. (Opus
Paramirum)
Por eso importa mucho constituir una Medicina tal que
encierre en ella el firmamento universal, tanto el de la esfera superior como el
de la inferior. Y por eso la Naturaleza, llamando en su ayuda al cielo, a la
tierra y a todas sus virtudes y potencias, puede resistir a la muerte con tanta
intensidad (Opus Paramirum)
Con ello queda establecido que si el médico quiere conocer al
hombre y a sus enfermedades, debe empezar por descubrir las enfermedades de
todas las cosas universales que la naturaleza padece en el gran Mundo o
Macrocosmos y que son las que en definitiva dan al hombre sus sufrimientos: así,
tal cosa sufre de esta manera y tal otra de este modo, pero todo sufre en el
hombre. Pues si el hombre proviene de la totalidad del limbo, es lógico que
lleve en él todos los bienes y todos los males. Luego de lo cual ha establecido
Dios un intermediario (medium) para que a través de él continuemos sin
desviarnos con la medida y e orden que han sido prefigurados desde el comienzo
de las cosas. (Opus Paramirum)
Es preciso, por lo tanto, conocer primero estas tres
substancias y sus propiedades en el Macrocosmos (in magno mundo) para poderlas
referir y hallar después fácilmente en el hombre (Microcosmos), comprendiendo
así lo que él es y lo que en él existe (Opus Paramirum, Libro I, cap. 2)
Dios que está en el cielo, está a la vez en el hombre. ¿Dónde
está el cielo sino en el hombre? Lo cierto es que la mejor manera que podemos
tener de servirnos del cielo es tener el cielo en nosotros mismos. Gracias a ese
cielo que tan íntimamente nos conoce puede Dios saber directamente nuestros
deseos y llegar así más cerca de nuestros corazones, de nuestros pensamientos y
de nuestras palabras. Con ello impregnará nuestro cielo con su cielo, haciéndolo
según su semejanza, más espacioso, agraciado, noble y excelente, ya que no hay
duda de que Dios está en el cielo y por ende en el hombre (Opus Paramirum, Libro
IV, cap. 17)
Por medio de discursos puede
conducirse al bien o al mal, ya que en este caso la palabra del orador posee un
cielo y una inclinación indudables (Opus Paramirum, Libro IV, cap..
18)
Astro (Astrum, Gestirn) e Imaginación (Imaginatio,
Einbildungskraft)
Sabe que en el astro hay muchas esencias, esto es, no un
astro, sino muchos. También sabe que existe una estrella que es superior a todo
el resto. Esta es la estrella Apocalíptica. La segunda estrella es aquella del
ascendente. La tercera es la de los elementos, y de estas hay cuatro; así se
establecen seis estrellas. Además de éstas hay aún otra estrella, la
imaginación, que gesta una nueva estrella y un nuevo cielo (Astronomía Magna)
La medicina usa la imaginación fijada fuertemente en la naturaleza de las
hierbas y en la curación. Aquí hay necesidad de fe de que tal imaginación pueda
actuar en el médico. Si esto está presente, la imaginación concibe y
produce el espíritu. El médico es espíritu, no cuerpo. De aquí se infiere que el
mismo hecho vale en todas las artes. Además, hay médicos que sin imaginación,
sin fe, que se llaman fantásticos. La fantasía no es imaginación, sino la
frontera de la locura. Estos trabajan por cualquier resultado, pero no estudian
en esa escuela en la que deberían. Aquél
que nace en la imaginación descubre las fuerzas latentes de la Naturaleza,
que el cuerpo con su mera fantasía no puede hallar; pues la imaginación y
la fantasía difieren la una de la otra. La imaginación existe en el espíritu
perfecto, mientras que la fantasía existe en el cuerpo sin el espíritu perfecto.
Aquél que imagina compele a las hierbas a manifestar su naturaleza oculta. Del
mismo modo la imaginación en las artes inciertas compele a las estrellas a hacer
según aquél que imagina, cree y opera. Pero puesto que el Hombre no imagina o
cree perfectamente en todo momento, las artes y las ciencias son inciertas,
aunque de hecho en sí mismas sean ciertas y, obtenidas mediante la imaginación,
puedan dar resultados verdaderos. (Astronomía Magna)
La estructura del mundo está hecha de
dos partes; de una parte aprehensible y sensible y de otra invisible e
insensible. La parte aprehensible es el cuerpo, la invisible el "astro". La
aprehensible a su vez está compuesta de tres partes: azufre, mercurio y sal; la
invisible consiste también en tres: ánimo, sabiduría y arte. Ambas partes juntas
constituyen la vida (Astronomia Magna)
El "astro interior" del hombre es igual al "astro exterior"
en su condición, índole y naturaleza, en su desarrollo y estado, y distinto
únicamente en su forma y materia. Porque por naturaleza son un solo ser en el
éter y también en el Microcosmos, en el hombre... Como el sol brilla a través de
un cristal -por así decirlo sin cuerpo y sin sustancia- así también penetran las
estrellas en el cuerpo... En el hombre están el Sol, la Luna y todos los
planetas, igual que las estrellas y el entero caos... El cuerpo atrae al
cielo... y esto ocurre conforme al gran orden divino. El hombre consta de cuatro
elementos que no sólo corresponden -como algunos afirman- a los cuatro
temperamentos, sino también a su naturaleza, su esencia y sus propiedades. En él
está el "joven cielo", es decir todos los planetas están hechos a imagen del
hombre y son hijos del Gran Cielo, que es su padre. ¡Pero el hombre ha sido
creado de cielo y tierra, y es por tanto igual a ellos! (Liber Paragranum)
Ha de conocerse acabadamente a Marte en el cielo, que se ve
allí como una brasa ardiente. Pero además de éste existen muchos otros Marte y,
además, otros cuatro en los cuatro elementes, y finalmente, uno en la
imaginación. (Astrología Magna)
Cuatro cosas forman parte de la concepción y el parto; el
cuerpo, la imaginación, la forma y el efecto. El "cuerpo" sigue el mandato
hereditario por el que ha de convertirse en cuerpo y en ninguna otra cosa.
Porque es una ley de la Naturaleza que la encina tenga que nacer de una bellota,
y así ocurre también con el cuerpo del hombre. De la "imaginación" y aquello a
lo que se dirige su sentido recibe el hijo su razón. E igual que el cielo
inculca al hijo su movimiento, su buena y mala manera, ora con más fuerza, ora
con más finura, así también la imaginación del hombre sigue -como las estrellas-
un curso marcado, y hace que la razón del niño se vuelva hacia lo más alto o
hacia lo más bajo. La tercera cosa, la "forma", fuerza al niño a tener el
aspecto de aquel de quien procede. Y por último, es el "efecto" el que
condiciona la salud y enfermedad del cuerpo. Porque del mismo modo que un
constructor fuerte hace un trabajo bueno y sólido y uno débil lo hace débil, así
ocurre también en la concepción. (Escritos de Nuremberg de 1529)
Si el Astro nos ha enfermado, el Astro podrá curarnos, lo
mismo que la sangre, pues en su propia naturaleza reside el verdadero socorro (auxilium)
y no en las cosas extrañas (Opus Paramirum, Libro IV, cap. 19)
La imaginación de una mujer encinta es tan fuerte que es
capaz de influir en la semilla y dirigir el fruto de su vientre en una u otra
dirección. Sus "estrellas interiores" actúan fuerte y poderosamente sobre el
fruto, de forma que su esencia queda fuerte y profundamente marcada y es
configurada por ellas. Porque en el seno materno el hijo está expuesto a la
influencia materna, y está por así decirlo confiado a la mano y a la voluntad de
su madre, como el barro a la mano del alfarero. Este crea y modela de él lo que
quiere y lo que le apetece. (Escritos de los años 1537/41)
Así que el niño no precisa ni de astro ni de planeta; su
madre es su estrella y su planeta (De la concepción del hombre, 1520)
Hemos de discutir el medio entre las estrellas principales y
el cuerpo. Hay un astro que gobierna todas las cosas; en el hombre la
inteligencia animal, en las bestias la sensación, en los elementos sus
operaciones. El astro es la cosa suprema creada a partir de destrucción o
disolución; y es aquello en el Olimpo que tiene todas estas cosas bajo sí. Su
oficio es operar en el hombre, operar en los elementos, operar en los animales,
girar y cambiar sus sentidos y su mente. Ahora bien, es imposible hacer esto sin
un medio. El mismo medio es y debe ser un astro situado en aquellas cosas donde
opera el supremo. Por este medio se produce un efecto en la sustancia y sobre el
cuerpo. Ilustremos este asunto con un ejemplo. Si Marte ha de actuar en un
hombre, esto no puede hacerse sin un medio, que servirá como astro material. Por
medio de este actúa Marta. Así, la estrella superior debe actuar en un loro, es
necesario que haya en el loro un astro como un medio por el cual actúa el astro
superior. Por tanto es claro que hay un astro en el hombre, en las aves y en
todos los animales; y lo que estos hagan, lo hacen por el impulso de la
influencia superior que se recibe de la constelación y regula la desigual
concordancia. (Astrología Magna)
Hay un astro semejante en los elementos como en la tierra, y
uno que es eficaz. El astro recibe una impresión de la estrella superior, y
luego por sí mismo actúa sobre la tierra, de modo que se extrae de la tierra lo
que existe o yace oculto en ella. Lo mismo ocurre con el elemento de agua y el
resto. Así, una persona es primero de todo un astrólogo a partir del astro
superior, y otro a partir del astro de los hombres. Hay un astrólogo del astro
de los elementos, y hay un astrólogo del astro de los animales. Así, hay cuatro
astrólogos de los elementos, dos de los astros de los hombres y de los animales
respectivamente, lo que hacen seis; y luego uno del astro superior, que es el
séptimo. Además de esto, hay aún otra astrología nacida de la imaginación en el
hombre, superior a las demás, siendo la octava en este orden. Esto, como lo
demás, ha sido descuidado y dejado de lado por los astrólogos; pero quienquiera
ser considerado un astrólogo debe tener un conocimiento perfecto de los ocho.
(Astrología Magna)
El astro se divide en ocho partes; uno es efectivo, seis están sometidos a
él; el octavo es en sí mismo efectivo y como el primero, no, en algunos sentidos
es superior y más excelente que el primero, como se verá más claramente cuando
hablemos del nuevo cielo y el firmamento (Astrología Magna)
Lo que viene de la carne es todo animal y se rige por la
naturaleza animal; el cielo tiene poca influencia en eso. Sólo lo que viene del
"astro" es lo humano en nosotros; está abandonado a su acción. Pero lo que
procede del espíritu, lo divino en el hombre, fue modelado en nosotros a imagen
de Dios, y sobre esto no tienen influencia ni la tierra ni el cielo (Astronomia
Magna)
La luz de la Naturaleza en el hombre viene del astro, y la
carne y sangre del hombre forman parte de los elementos materiales. Así que hay
dos influencias en el hombre; la una de la luz del firmamento; de ella forman
parte sabiduría, arte, razón. Todas son hijas de este padre... La segunda
influencia proviene de la materia... Y lo que procede de la carne y la sangre no
debe ser atribuido al "astro". Porque el cielo no da ni concupiscencia ni
codicia... Del cielo solo vienen sabiduría, arte y razón. (Astronomia Magna)
En el "astro" están ocultas todas las capacidades, todas las
artes, todos los oficios y también toda sabiduría, toda razón y también la
locura y lo que a ella pertenece; porque no hay nada en el hombre que no afluya
a él desde la luz de la Naturaleza; pero lo que está en la luz de la Naturaleza
está sometido a la acción del astro. El astro es para nosotros la escuela de la
que hay que aprenderlo todo. (Volumen Primum de la Philosophia Magna)
El astro está sometido al sabio, ha de regirse por él y no él
por el astro. El astro sólo rige, gobierna, coacciona y fuerza a un hombre que
aún es animal, que no puede hacer más que seguirle -como el ladrón no puede
rehuir a los galgos, el asesino a la rueda del tormento, el pescador a los
peces, el pajarero a los pájaros o el cazador a la caza-. Pero ello se debe a
que un hombre así no se conoce a sí mismo y no sabe utilizar las energías que
yacen ocultas en él, y no sabe que también lleva el astro en sí, que es el
Microcosmos y guarda en sí todo el firmamento con todas sus potencias. Por eso
con razón puede ser llamado necio y tonto y ha de estar sometido en dura
esclavitud a todo lo terreno y mortal. (Astronomia Magna)
Cuando nace un niño, nace al mismo tiempo con él su
firmamento y sus siete miembros, que al igual que los planetas... se bastan a sí
propio. Teniendo en cuenta que cuando hablamos de firmamento nos referimos al
firmamento "lleno", es decir, ocupado, precisamente como el firmamento del niño.
El firmamento de cada niño, ya al nacer, tiene marcada su predestinación, que es
el tiempo que la Entidad Natural debe seguir la ordenación de los planetas
(Libro de las Entidades)
Considerad aquí conmigo las exaltaciones, conjunciones y
oposiciones de cada caso, en relación a sus firmamentos respectivos, y tened en
cuenta que dichas relaciones son de naturaleza espiritual y no material, pues
así como los astros realizan su curso, la substancia permanece inanimada, ya que
la rapidez del curso, o sean las mutaciones del firmamento corporal, no pueden
concebirse en la naturaleza de la substancia. (Libro de las Entidades)
El espíritu es lo que engendramos en nuestras sensaciones y
meditaciones y carece de materia dentro del cuerpo vivo, siendo diferente
también del alma, que es lo que nace de nosotros en el momento de morir (Libro
de las Entidades)
Es espíritu lo que suscita las enfermedades sin ningún
impedimento en grado y forma semejante a como lo hacen las demás Entidades.
Recordad acerca de esto que existen dos clases de terrenos capaces de albergar
las enfermedades y de conservar en ellas profundas y duraderas huellas. Uno de
estos terrenos es la materia, es decir, el cuerpo. El otro, inmaterial, es el
espíritu del cuerpo, de naturaleza invisible e impalpable.
El espíritu puede sufrir, tolerar y soportar por sí mismo las mismas
enfermedades que el cuerpo, razón por la cual ha sido designado como Entidad
Espiritual (Ens Spirituale). Las tres Entidades que hemos estudiado
hasta aquí -Astral, Natural y de los Venenos- pertenecen fundamentalmente al
cuerpo. Correspondiendo al Espíritu las dos restantes; la del Espíritu, que
ahora nos ocupa, y la de Dios... A pesar de esta aparente división debéis pensar
que allí donde sufre el espíritu, el cuerpo sufre también y que el cuerpo puede
mostrar las perturbaciones del espíritu. Esto se explica por la existencia en el
Universo de dos clases de enfermedades: las materiales, que se caracterizan
porque poseen o modifican el color (tinguntur) y que se nutren de las
tres primeras Entidades, y las espirituales, emanadas de la Entidad Espiritual y
de la Entidad Divina, no impregnadas de color material (Libro de las Entidades)
La finalidad del espíritu es
conservar el cuerpo ni más ni menos como el aire que protege a las criaturas
contra la sofocación. El espíritu de cada cuerpo es además substancial, visible,
tangible y sensible para los demás espíritus, todos los cuales en su mutua
aproximación pueden emparentarse lo mismo que lo hacen los cuerpos. Nuestro
propio espíritu, por ejemplo, puede entablar conocimiento con el espíritu de
otro hombre cualquiera y ambos tratarse y conocerse entre sí exactamente como
podemos hacerlo corporalmente él y yo. Los espíritus utilizan entre ellos un
idioma propio con el que se hablan libremente, sin que los unan o relacionen en
cambio nuestros discursos humanos. De todo esto puede resultar, como
comprenderéis, que os espíritus mantengan entre ellos afinidades, enemistades u
odios y que el uno alcance a herir al otro, igual que los hombres entre sí. De
esta manera decimos que puede haber lesiones del espíritu, por cuanto el
espíritu mora en el cuerpo y se traduce en él; y el cuerpo, consiguiente, sufrir
y enfermar, no materialmente, puesto que no se trata de una Entidad Material,
sino por el espíritu (Libro de las Entidades)
Cuando dos seres se buscan y se unen
en un amor ardiente y aparentemente insólito, hay que pensar que su afecto no
nace ni reside en el cuerpo, sino que proviene de los espíritus de ambos
cuerpos, unidos por mutuos lazos y superiores afinidades o bien por tremendos
odios recíprocos, en los que pueden perdurar extrañamente. Son estos los que
llamamos espíritus gemelos. Para aclarar aún más este discurso debo expresaros
que los espíritus no están engendrados por la razón, sino por la voluntad. Todo
lo que vive de acuerdo a su voluntad, vive en el espíritu así como todo lo que
vive de acuerdo a la razón lo hace contra el espíritu.
De la razón nace el alma y no el espíritu, el cual es obra exclusiva de la
voluntad, esto es, del "querer". (Libro de las Entidades)
Sólo los que poseen una voluntad perfecta y actúan de acuerdo
a ella, son capaces de engendrar un espíritu substancial y constructivo, que
nunca es un envío o una gracia del cielo, sino un producto que el hombre logra
de sí mismo (fabricat). Del mismo modo que el pedernal produce el fuego, es
engendrado el espíritu por la voluntad, pudiéndose afirmar que el espíritu será
del mismo grado que haya alcanzado la voluntad. Tened así por cierto que los que
vivan en la voluntad poseerán un espíritu; el cual podrá registrar todas las
enfermedades que aflijan al cuerpo en que tal espíritu mora. (Libro de las
Entidades)
Como consecuencia de nuestros pensamientos y meditaciones
constreñimos a nuestra voluntad con una fuerza tal que llegamos a consentir,
desear y buscar infligirle una pena o un trastorno cualquiera al cuerpo de otro
individuo. En tal caso esa voluntad fija, firme e intensa es la "madre" que
engendra el espíritu. Retened pues la doctrina de que, así como la cosa pensada
(sententia) produce la palabra y se hace "madre" del discurso, del
mismo modo donde no hay pensamiento, ni la palabra ni el discurso pueden
producirse. Lo cual es aplicable exactamente a los espíritus. Por eso el
espíritu estará en nosotros según que nuestra voluntad sea plena y perfecta.
(Libro de las Entidades)
Hay una verdad que debéis entender y observar siempre, que es
la enorme fuerza e importancia que tiene en Medicina la acción de la voluntad...
No olvidéis pues la fuerza de la voluntad, capaz de engendrar semejantes
malignos espíritus, con los que el espíritu de la razón (mens) nada
tiene en común. (Libro de las Entidades)
El carpintero es la semilla de su casa. Según sea, tal será
su casa. Es su imaginación la que hace la casa, y su mano la perfecciona. La
casa es como la imaginación. Ahora, si tal es la propiedad de la imaginación que
construye una casa, la Naturaleza también será una imaginación haciendo un hijo,
y haciéndole de acuerdo a su imaginación. Así, la forma y la esencia son una
cosa. (Astrología Magna)
El firmamento y el nuevo cielo se constituyen por la imaginación; y debiera
saberse que esta imaginación es efectiva, y produce muchas cosas, siendo
maravillosa en sus operaciones. Con frecuencia ocurre que la imaginación de los
progenitores, padre y madre, confiere al retoño nacido en esa creación un cielo
diferente, otra figura, otro ascendente además del que da la astrología. Así
ocurre con frecuencia se gesta un retoño contrario al astro, y dispuesto de otra
modo que la figura que dictan los cielos. Por la fuerza de esta imaginación han
nacido muchos hombres cultos. (Astrología Magna)
La imaginación se ocupa, no de la carne y la sangre, sino del espíritu del
astro que existe en cada hombre. Este espíritu sabe muchas cosas; futuras,
presente y pasadas, todas las artes y ciencias. Pero la carne y la sangre son
rudas e imperfectas, de modo que no pueden por sí mismas efectuar lo que el
espíritu desea. Pero si la carne y la sangre se someten a los sentidos, y son
purificadas por ellos, entonces el espíritu actúa en consecuencia, si tan sólo
el cuerpo se aviniera. Estos sentidos son supremos en las artes inciertas. Por
esta razón son llamadas artes inciertas; pues ¿quién puede saber qué imaginación
hay en ellas? ¿Qué imagina y efectúa el espíritu que es dado a ellas? Sin
embargo, el arte mismo es cierto. Pero el artista que lo usa puede ser
inadecuado para la creación de nuevos cielos y la generación de un firmamento
(Astrología Magna)
La imaginación atrae el astro a sí misma y lo
gobierna, de modo que a partir de la imaginación la operación misma puede
hallarse en el astro. Así como un hombre con su imaginación cultiva la tierra de
acuerdo a su juicio, así mediante su imaginación construye un cielo en su
astro... En adición a esto, la imaginación se fortalece y perfecciona
por la fe, de modo que deviene realidad. Toda duda destruye la obra y la vuelve
imperfecta en el espíritu de la Naturaleza. La fe, por tanto, debiera fortalecer
la imaginación. La fe obliga a la voluntad. (Astrología Magna)
Es, entonces, la imaginación por la cual una piensa en proporción, en tanto
fija su mente en Dios, o en la Naturaleza, o en el Diablo. Esta imaginación
requiere fe. Así se concluye y perfecciona la obra. Aquello que concibe la
imaginación es puesto en obra. (Astrología Magna)
El hombre tiene un cuerpo astral o sideral, que está asociado
con el astro exterior, y los dos "fabulan" (fabulieren) el uno con el
otro, de modo que el cuerpo sideral se despreocupa de los elementos. Como en el
sueño, el cuerpo elemental se calma, así está el cuerpo sideral en su operación:
así entonces vienen los sueños, como maneja el astro, así se encuentran (Erklärun
der Gantzen Astronomey, vol. X: so der Mensch ein Synderischn Leib in ihm
hatt, der vereignigt ist mir dem ausserlichen Gestirn, un die zwey Fabulieren
mit einander, so der Syderich Leib unbekümmert ist von elementischen. Als im
Shcalaff so der Elementische Leib ruhet, so ist der Syderische Leib in seiner
Operation: als dann kommen die Traum, wie das Gestirn operieret, also begegnets)
Así como el hombre construye la tierra según su voluntad
mediante su cuerpo, también así mediante su imaginación construye el cielo en su
astro... la Imaginatio confirma, coronada mediante las creencias, de lo
cual se sigue que la Imaginatio origina un Spiritum... La Fantasía
no es Imaginatio, sino la piedra angular de los locos (Ein ander
Erklarung des Gesammten Astronomey: "wie durch sein Leib ein Mensch die
Erden bawet nach seinem willen, also auch durch sein Imagination bawer es auch
den Himmel in seinem Gestirn... die Imaginatio confirmiert, wird unnd vollendt
durcht den Glauben... aus dem folgt das Imaginatio ein Spiritum gebiert und
macht unnd gibbt... Die Fantasey is nicht Imaginatio, sondern ein eckstein der
Narren" )
El hombre visible tiene su laboratorio (el cuerpo físico), y
allí trabaja el hombre invisible. El Sol tiene sus rayos, los cuales no es
posible coger con las manos, y que sin embargo son bastantes fuertes (si se
reúnen por medio de una lente) para incendiar edificios. (De virtute
imaginativa)
La imaginación es como un sol, obra dentro de su mundo do
quiera que luzca. El hombre es lo que piensa. Si piensa fuego está ardiendo,
si piensa guerra está guerreando. (De virtute imaginativa).
La Fe confiere al hombre el poder de
hacerse invisble como un espíritu, creando en él todo cuanto el cuerpo imagina y
que por sus solas fuerzas es incapaz de realizar. A menos que la Providencia
Divina disponga otra cosa, nos es posible reunir pues las virtudes del espíritu
y la fuerza del cuerpo (Opus Paramirum; Libro V)
La Fe es triple: hay una fe en Dios... también hay otra fe, fe en el
Diablo,... también hay aún una Fe que es fe en la Naturaleza, es decir en la Luz
de la Naturaleza "Num seindt der Galuben drey; Es ist Glauben in Gott...
noch sein ander Glauben, glauben in der Teufel... auch ist nocht ein Glauben,
das ist, glauben an die Natur, das ist in das Liecht der Natur" (Eine ander
Erklärung der ganzen Astronomey)
La imaginación toma precedencia sobre todo. Lo que esto descubre y da, el
otro, que actúa fantásticamente, emplea. (Astronomía Magna)
El hombre no es cuerpo, sino que el corazón es el hombre; y el corazón es un
astro completo a partir del cual está construido. Si, por tanto, un hombre es
perfecto en su corazón, nada en toda la luz de la Naturaleza está oculto para
él... El espíritu recién nacido y auto generado despliega su conocimiento e
inteligencia en una figura y por medio de una figura a medida que el hombre
imagina, y permanece firme dentro sin ninguna disolución. De este modo nace el
espíritu de aquellas ciencias que finalmente opera y perfecciona lo que busca.
El primer paso, además, en estas ciencias, es general el espíritu a partir del
astro mediante la imaginación, para que pueda estar presente en su perfección.
Segun eso la perfección está presente incluso en las artes inciertas. Pero
cuando no está ese espíritu, no estarán presente ni el juicio ni la ciencia
perfecta. De aquí que ahora se encuentren cosas maravillosas en las cosas
ocultas y futuras, de las que se ríen y desprecian los inexpertos, que no se dan
cuenta nunca en sí mismos cuál es el poder de la Naturaleza en su espíritu, ese
espíritu, quiero decir, que nace de la manera descripta, y es dado y asignado
por Dios para este especial propósito. (Astronomía Magna)
Actualmente, no existen tanta imaginación y fe; sino que la mayoría de los
hombres fijan sus mentes en aquellas cosas que proveen a los placeres de la
carne y la sangre. A éstas siguen; a éstas prestan su atención. Estas artes
inciertas, por tanto, también por esto son inciertas, porque el hombre en su
interior está tan lleno de dudas. Aquél que duda no puede realizar nada firme;
aquél que vacila no puede llevar nada a su completamiento; aquél que mima el
cuerpo no puede lograr nada sólido en el espíritu. Se debiera ser perfecto en
aquello que se emprende. Así el espíritu estaría entero, y conquistaría el
cuerpo, que no vale la pena. El espíritu es fructífero. Esto es lo que el hombre
debiera tener perfecto en su interior, y dejar de lado la carne y la sangre
(Astronomía Magna)
La imaginación tiene huella (efecto-impression) y la huella (efecto) hace
imaginación. Por tanto de la huella (efecto) desciende la imaginación. De aquí
se sigue que tal como sea la huella (el efecto), la influencia, la constelación,
el astro - tal es la imaginación. También de aquí se sigue que la imaginación
produce un nuevo cielo sobre la huella (efecto-impression), y que tal como sea
la imaginación, tal es la figura del cielo. (Astronomia Magna)
Es necesario que sepas lo que puede lograrse mediante una fuerte imaginación.
Es el principio de toda acción mágica (De Peste, Lib. 1)
La imaginación del hombre es una virtud expulsiva (De Peste, s.v. Additamenta
De Pyromantica Peste)
La imaginación que mora en el cerebro es la luna del microcosmo (De
Pestilitate, Tract. II, c.2, De Pyromantica Peste)
Todos nuestros sufrimientos, todos nuestros vicios no son nada más que
imaginación... Y esta imaginación es tal que penetra y asciende en el cielo
superior, y pasa de astro en astro. Vence y modera a este mismo cielo... Lo que
en nosotros haya de inmoderado e inhumano, es una naturaleza imaginativa, que
puede imprimirse en el cielo y, hecho esto, el cielo tiene el poder de devolver
por otra parte esa impresión (De Peste, Additamente in Lib. 1., Prol.)
De
modo que una fuerte imaginación es la fuente tanto de la buena como de la mala
suerte (De Peste, Lib. II., c.2)
También es necesario saber cómo opera la Fe en la
Naturaleza. La Fe da imaginationem , la imaginatio da un
Sydus (astro), el Sydus da Effectum. Luego la Fe en Dios
da imaginationem en Dios ("Nun ist aauch sochs zu wissen, wie der
Glauben in die Natur handel un wirket, un das also. Der Glauben gibt
imaginationem, die imaginatio gibt ein Sydus; das Sydus gibt Effectum. Also
Glauben in Gott gibt imaginationem in Gott" Erklärung der gantzer
Astronomey)
Reconoceremos pues tres anatomías:
la local, que indica la efigie del hombre, su proporción y naturaleza y todo
cuanto con ello se relacione; la material, que se ocupa del Azufre vivo, del
Mercurio volátil y de la Sal amarga, en cada miembro; y la que muestra la nueva
anatomía que da la muerte, así como la naturaleza y efigie por las que
sobreviene. Esta anatomía de la muerte llega y se presenta bajo formas tan
variadas como pueden serlo las especies que provienen de los elementos. Habrá
pues tantas clases de muertes como de corrupciones, y os digo que cada vez que
una corrupción engendra algo diferente, allí mismo hay ya una anatomía, que irá
sucesivamente cambiando hasta que la totalidad del ser se haya consumido en la
corrupción.
Antes que todo esto, sin embargo, ya la ciencia de la anatomía de la Medicina
obedecía a la misma ley, pues ya el cielo, la tierra, el aire y el agua se
comportaban de la misma manera. La perfección actual está precisamente en haber
podido hacer aparecer el firmamento de los astros en la vida nueva y que allí
Saturno reproduzca a Saturno y Marte a Marte.
Pues de la misma manera que el árbol y la hierba salen de la semilla en la nueva
vida es necesario que pongamos al descubierto todo aquello que normalmente
permanece oculto, reduciéndolo hasta el extremo de hacerlo perceptible para
nuestros propios ojos. Ya que si decimos que la luz de la Naturaleza es una
verdadera luz, afirmamos implícitamente que ha de ser visible y no obscura o
tenebrosa. Dicha luz ha de ser tal que nos perita ver todo directamente por más
que nuestra contemplación sea y deba ser distinta que la que miran los ojos de
los profanos. Nuestros ojos, en efecto, deben estar iluminados por la luz de la
Naturaleza, en cuya virtud se funda el conocimiento de la anatomía, por todo lo
cual resulta justo y equitativo que las enfermedades se donominen según la luz y
no según las tinieblas. (La razón por la cual ninguna nueva vida puede perdurar
está justamente en su fragilidad, lo cual es a la vez el motivo y fundamento de
la muerte.
Todo el fundamento de esto está por consiguiente en que el hombre considere que
sólo cuando se exponga y separe el cuerpo medio, han de manifestarse las cosas
primeras. Sólo aquel que las reconozca para la vida nueva (ex nova vita)
conocerá verdaderamente el objeto de esta vida.
Sobre esto existen dos partes (subjecta): una constituída por el enfermo, a
solas, con su vida media vegetativa y cuya nueva vida, o sea la salud, se le ha
escapado transitoriamente; y otra, en la que está la Medicina, que trata de
proteger la vida media a través de la nueva vida. Por eso los Arcanos están en
la vida nueva y no en la primera ni en la media. (Opus Paramirum, Libro I, cap.
6)
Por el poder del pensamiento, la imaginación se
convierte en un sol (De virtute imaginativa).
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El
amor y de la imaginación; es la fuerza mas poderosa del espíritu ...
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El poder de la
imaginación es un factor importante en la medicina
Puede producir enfermedades en hombres y animales, y puede curarlos... las
enfermedades del cuerpo pueden ser curadas con remedios físicos o por el poder
del espíritu actuando a través del alma
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La
imaginación produce el deseo y el deseo produce el semen, de esta manera ...
es precisamente esta materia espiritual, que Paracelso llama el semen
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Mediante la Imaginación
Activa nos hallamos en situación de poder ... como el cielo "interior," el
"firmamento", o el "Olimpo" de Paracelso, el Microcosmos
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Magia es sabiduría, es el empleo
consciente de las fuerzas espirituales, para la obtención de fenómenos
visibles, o tangibles, reales o ilusorios, es el uso bienhechor del poder de
la voluntad, del amor y de la imaginación; es la fuerza mas poderosa del
espíritu humano empleada en el bien.
Si
creamos una autoimagen positiva y nos visualizamos fuertes y resistentes, nos
sentiremos bien.
Con la visualización activa y creativa podemos aliviar
muchas enfermedades y hasta curarnos. Si nos visualizamos débiles,
abatidos y pesimistas, nuestra salud es vulnerable.
Si por el contrario, generamos
pensamientos positivos y optimistas ayudamos a reforzar nuestras energías.
La visualización forma parte inseparable de la meditación y la oración y es muy
utilizada en las prácticas de Tai-Chi y Yoga. Es imposible, relajarse, meditar u
orar sin crear en nuestra mente una imagen de paz, tranquilidad y bienestar.
Muchos atletas que aprendieron técnicas de visualización, atribuyen sus éxitos,
no sólo al entrenamiento y disciplina, sino a cómo generaban y creaban en sus
mentes imágenes que los estimulaban al triunfo. Como contraste aquellos que no
lograban rebasar sus temores e inseguridades, fijaban en sus mentes el miedo a
perder y eran indecisos en las competencias. Si visualizamos que nuestros deseos
pueden cumplirse, aumentan las posibilidades de materializarlos.
La visualización es el proceso de crear imágenes en nuestras mentes, utilizando
nuestra imaginación, algo que no ponemos en función adecuadamente y que a veces
está saturada de imágenes trágicas y poco estimulantes. El cerebro responde a
las imágenes que recibe tanto si son reales o generadas por nuestra mente y en
ese momento se inician cambios endocrinos que corresponden a esas imágenes. El
cerebro como centro del sistema nervioso central desarrolla mejor sus
actividades cuando recibe estímulos positivos que activan las producción de
hormonas que benefician el funcionamiento del organismo. El cerebro no puede
diferenciar entre la realidad presente y la realidad evocada por lo que
reacciona positiva o negativamente de a acuerdo al carácter de estos estímulos
Cuando nos relajarnos y logramos visualizar interiormente lo que queremos
recrear en nuestra mente de forma conciente, podemos controlar la respuesta
intuitiva, enfrentando y superando momentos difíciles. La visualización activa y
creadora es utilizada como una terapia para mantener un buen estado de salud
física y metal .
En todas las situaciones de la vida recurrimos a visualizaciones, de manera
inconsciente o consciente. Cada información o mensaje que llega al cerebro a
través de los sentidos se refleja en la pantalla de la mente con imágenes.
Algunas de ellas quedan en el subconsciente y persisten en presentarse en
nuestra mente, bloqueando nuestras energías, aumentando el estrés y la angustia.
Las insistentes noticias sobre la guerra, por ejemplo, se mantienen de forma
latente e intermitente en diferentes formas de visualización de la tragedia y la
destrucción , contaminando negativamente nuestro sistema endocrino. Todo lo que
la humanidad ha creado y crea surge de la imaginación: las grandes obras, las
pinturas, las esculturas, la música, la literatura, también, paradójicamente, el
arte de la guerra, la maquinaria bélica y la devastación se anidan en la
imaginación del hombre.
Se utilizan las técnicas de visualización como un medio terapéutico en la
medicina alternativa tradicional para tratar y curar enfermedades graves. Cuando
visualizamos una curación el proceso en el organismo es el siguiente: Los
neurotransmisores encargados de llevar la información con señales
bioelectromagnéticas de una célula a otra, reciben del cerebro la información de
la imagen creada y la hacen llegar a los linfocitos, incrementando la actividad
de estos, aumentando su potencia y reproducción. El sistema inmunológico aumenta
su nivel de respuesta y se mantiene más activo, aumentando las defensas del
organismo.
Reciba un entrenamiento adecuado, escoja un objetivo concreto: en este caso
evitar el avance de un tumor canceroso y fortalecer el sistema inmunitario para
neutralizar los virus.
Escogido su objetivo, relájese (utilice medios de relajación para tranquilizar y
armonizar la mente y la respiración). Puede utilizar como complemento la música,
aceites aromáticos, incienso o cualquier medio que le ayude a visualizar
imágenes positivas, hasta mantenerla fija en su mente.
Puede emplear palabras, decretos verbales positivos o cantos terapéuticos.
Visualice el órgano afectado y cree en su mente la imagen de sus células
desarrollándose y creciendo sanas y libres de toda enfermedad.
Documéntese con imágenes de las características del órgano comprometido que va a
visualizar para enviarle señales de curación, tales como: color, tamaño,
ubicación en las cavidades de su cuerpo y sus funciones.
Visualícese corriendo, caminando y ejercitando su cuerpo al aire libre en una
playa, generando una imagen de placer y bienestar. Mantenga esa imagen por un
rato y reitérela.
En las visualizaciones para aliviar dolores y detener el avance del tumor o
proceso canceroso, respire profundo y envié con toda la intención de su mente,
mientras expira, la fuerza de su energía positiva visualizándola como un rayo de
luz iluminando su cuerpo. Detenga su respiración, reteniéndola, en los puntos
dolorosos. Practique estas técnicas de Visualización varias veces al día, hasta
que empiece a sentir sus resultados.
Incluya en sus imágenes mentales de bienestar y placer una Visualización
Generalizada hacia sus metas fundamentales: Su salud y la de sus seres queridos
más cercanos. el bienestar de su familia, el éxito laboral......Visualícese
dando y recibiendo amor, abrazado entre multitudes de personas que se expresan
solidaridad humana. Siéntase llevado por una nube de paz y amor que lo protege
del miedo y la incertidumbre..
Normas para una buena salud natural
1-Respirar aire puro,
2-Comer sólo productos naturales,
3-Ser sobrios constantemente,
4-Beber sólo agua natural,
5-Tener suma limpieza en todo,
6-Dominar las pasiones,
7-No estar jamás ociosos,
8-Descansar y dormir sólo lo necesario,
9-Vestir con holgura,
10-Cultivar todas las virtudes procurando estar siempre alegres.
FUENTES
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