Sobre la Espiritualidad
El culto al Gran Misterio era silencioso, solitario, libre de cualquier búsqueda
egoísta. Era silencioso porque toda palabra necesariamente es débil e
imperfecta; por lo tanto, las almas de mis ancestros ascendían hacia dios en una
adoración sin palabras. Era solitario porque creían que él está más cerca de
nosotros en la soledad, y no había sacerdotes autorizados para intervenir. Nadie
podía confesar de manera alguna en la experiencia religiosa de otro. Esta fe no
podía ser concebida en credos ni forzada en quien no estuviese dispuesto a
recibirla. En consecuencia, no había problemas religiosos. Tampoco usaban
templos ni santuarios, lo consideraban sacrilegio
Fueron
tramperos franceses los primeros hombres blancos que oyeron hablar de la
existencia de unas tribus a los que los Chippewa llamaban "Natawesiwak". Con el
tiempo, el término se fue deformando hasta la conocida denominación de "Sioux",
aunque ellos se designaban a si mismos como amigos. Siete bandas componían
entonces el grueso de la nación sioux, unificada en el llamado "Consejo De Los
Siete Fuegos":
* Mdewkanton-wan (La gente del Lago Spirit) * Wahpekute (Los que disparan entre las hojas) * Sisseton-wan (Los del pez que vino a la tierra) * Wahpeton-wan (los que viven entre las hojas) * Ihanktonwana (después Yanktonai) * Ihanktonwan (después Yankton) * Teton-wan (después Sioux de Teton.
«Se habla
generalmente de la religión del Indio como de un culto de la
Naturaleza y de los animales. Este término es demasiado amplio y
demasiado confuso a la vez. Una investigación detenida y una
observación cuidadosa nos enseñan, por el contrario, que el
indio no adora a los objetos que invoca o menciona en sus ritos.
La tierra, los cuatro vientos, el sol, la luna y las estrellas,
las piedras, el agua, los diversos animales, todos son
representantes de una vida y de un poder misterioso... (Alice C.
Fletcher, The Elk Mystery or Festival.) «Una cosa no es
solamente lo que es para Tos sentidos, sino también lo que ella
representa. Los objetos, naturales o artificiales, no son para
el primitivo, como pueden serlo para nosotros, «símbolos»
arbitrarios de tal realidad distinta y superior; son para él la
manifestación efectiva de esta realidad: el águila o el león,
por ejemplo, no es tanto un símbolo o una imagen del Sol como
que es el Sol bajo una de sus apariencias (por ser la forma
esencial más importante que la especie en la que se
manifiesta»; del mismo modo, toda casa es el mundo en efigie y
todo altar está situado en el centro de la tierra; si este modo
de considerar las cosas resulta «inconcebible», es tan solo
porque «nosotros» estamos más interesados por lo que las cosas
son que por lo que significan, más interesados por los hechos
que por las ideas universales. Cuando se dice que un grupo
humano desciende de un tótem, no hay en ello, como lo cree el
antropólogo, un absurdo puro y simple: solamente se expresa así
que el grupo desciende del Sol, el Progenitor y Pra-jápati de
todos los seres en la forma particular en la cual, en una visión
o en sueños, se ha revelado a sí mismo al antepasado fundador
del clan. El mismo razonamiento justifica la comida eucarística:
el Padre-Progenitor es sacrificado y dividido por sus
descendientes en las especies de la carne del animal sagrado:
«Este es mi cuerpo, tomad y comed.» De modo que, como dice Lévy-Bruhl
de los símbolos de este género, «muy a menudo éstos no tiene por
función 'representar' a los ojos su objeto, sino permitir
participar en él», y que «si su función esencial consiste en
'representar', en el pleno sentido de esta palabra, a seres u
objetos invisibles, a hacer efectiva su presencia, resulta que
no consisten necesariamente en reproducciones o imágenes de
estos seres y de estos objetos». El objetivo del arte primitivo
es enteramente distinto de las intenciones estéticas o
decorativas del «artista» moderno (para quien los antiguos
motivos sobreviven solamente como «formas de arte» desprovistas
de significación) y este objetivo explica su carácter
abstracto». (Ananda K. Coomaraswamy, Figures of Speecb or
Figures of Thougbt.)
La Naturaleza
Desde su punto de vista, el Sol y la Tierra fueron los padres de toda la vida
orgánica. Del Sol, como padre universal, procede el principio dador de vida en
la naturaleza, y en el vientre paciente y fructífero de nuestra madre, la
Tierra, se esconden los embriones de plantas y hombres.
Los elementos y las fuerzas majestuosas de la naturaleza eran vistos con asombro
como poderes espirituales, cada criatura posee un alma en algún grado, aunque no
necesariamente un alma consciente de sí misma.
Al Indio le encantaba simpatizar y experimentar una comunión espiritual con sus
hermanos del reino animal, cuyas almas mudas tenían algo de la pureza impecable.
Tenía fe en los instintos de los animales, como en una sabiduría misteriosa dada
desde lo alto. Y aunque aceptaba humildemente el sacrificio supuestamente
voluntario de sus cuerpos para preservar el propio, rendía homenaje a sus
espíritus mediante rezos y ofrendas prescritas.
Cada acto de su vida es, en un sentido muy real. Su respeto por la parte
inmortal del animal, su hermano, a menudo lo lleva a colocar el cuerpo de su
presa ceremoniosamente en la tierra y decorar la cabeza con pintura simbólica o
plumas. Entonces se pone de pie en actitud de oración, sosteniendo en alto la
pipa llena, como muestra de haber liberado con honor el espíritu de su hermano,
cuyo cuerpo su necesidad lo llevó a tomar para sustentar su propia vida.
Los puntos
cardinales están asociados simbólicamente, ya lo hemos dicho, a
cuatro Divinidades, designadas de diversas maneras y que
personifican otros tantos aspectos complementarios del Espíritu
universal; éste los une en sí mismo, como los colores se unen en
la luz; y él «es» Wakan-Tanka en el sentido de que se identifica
a Dios en virtud de la unicidad de Esencia, como la luz se
identifica esencialmente al Sol. Según la cosmología de los
sioux, estas cuatro Divinidades —o «semi-Divinidades»— se
subdividen a su vez cada una en cuatro entidades jerarquizadas,
que llevan los nombres más diversos, tales como «Sol», «Luna»,
«Bisonte», «Alma», y que indican otras tantas ramificaciones o
reflejos del Espíritu en el cosmos; estas ramificaciones no son
otra cosa que los ángeles secundarios cuyas innumerables
modalidades penetran hasta los confines de lo creado.
Los sioux establecen una relación analógica entre los «Cuatro
Vientos» y los cuatro períodos cíclicos, simbolizados por las
cuatro plumas de águila que adornan el «círculo sagrado»
utilizado en la «Danza del Sol» y en otras ocasiones; el primer
período es el de la «Piedra»; el segundo, el del «Arco»; el
tercero, el del «Fuego», y el cuarto, el de la «Pipa»,
representando cada uno de estos símbolos el medio espiritual del
período respectivo. Así mismo, hay cuatro edades a través de las
cuales toda cosa creada debe pasar: la primera es el Sur, que es
amarillo y es la fuente de toda vida, y esta es la primera edad
en un ciclo histórico; la segunda es él Oeste, que es negro; la
tercera es el Norte, que es blanco; y la cuarta, el Este, que es
rojo: la humanidad terrestre se halla actualmente en la cuarta
edad, que se terminará con un gran desastre. Esta repartición,
que atribuye la «Edad de oro» al Sur y la «Edad de hierro» al
Este, mientras que las demás doctrinas tradicionales atribuyen
la primera al Norte y la segunda al Oeste, puede sorprender a
primera vista, pero hay que tener en cuenta aquí dos cosas:
primeramente, en lo que concierne a la «Edad de oro» —el Krita-Yuga
hindú—, si bien es exacto atribuirlo al Norte en razón de la
situación polar del Paraíso terrestre, no es menos cierto que,
de hecho, el polo actual está cubierto de hielo y que, desde el
punto de vista «cualitativo», es el Sur el que corresponde
efectivamente al Paraíso y, por tanto, a la «Edad de oro», de
modo que el simbolismo en cuestión puede fundarse en el calor y
la fertilidad del Sur así como en la situación hiperbórea del
Jardín primordial; en segundo lugar, en lo que concierne a la
«Edad de hierro» —el Kali-Yuga—, si bien es evidentemente justo
atribuirlo, según la perspectiva geográfica del «Viejo Mundo»,
al Oeste, ya que es allí donde el sol se pone y donde ha tenido
nacimiento el materialismo moderno que extiende sus tinieblas a
la humanidad entera, no es menos cierto que, para los pieles
rojas, este materialismo destructor de la Naturaleza viene del
Este; es allí donde se sitúa lo que, para los orientales, es el
«oscuro Occidente» y es de allí de donde han venido estos
«espíritus» (washichun) de rostros pálidos que han exterminado a
la raza roja; pero esto no impide en modo alguno el que el
Salvador universal, el Mesías esperado por todos los pueblos
para el fin de la «Edad de hierro», venga igualmente del Este,
de modo que el simbolismo solar de esta dirección permanece
intacto en la teoría sioux de los cuatro períodos cíclicos. En
el mismo orden de ideas, la cosmología de los cheyennes insiste
en la posición ártica de la sede de la Tradición primordial:
sitúa el Paraíso terrestre en el extremo Norte, en una isla
surgida de las aguas primordiales, en la que reinaba una
primavera perpetua y en la que los hombres y los animales
hablaban la misma lengua; este relato describe a continuación
las tribulaciones, en particular dos diluvios, después de las
cuales la raza roja —o más bien sus antepasados primordiales— se
estableció definitivamente en el Sur, convertido a su vez en una
región fértil. No queremos olvidarnos de mencionar aquí que el
Calumet comprende, junto a su simbolismo cuaternario, otro,
ternario éste, que se refiere a los tres mundo? a los cuales
corresponden respectivamente el cielo, los puntos cardinales y
la tierra. Estos tres mundos, par lo demás, se encuentran
también indicados, entre los indios cuervos (Crow, Absaroka), en
la forma de tres anillos pintados en el mástil central de la
Danza del Sol, mástil que significa el árbol de o el Eje del
Mundo, conforme al simbolismo hiperbóreo; son entonces
interpretados como formando un ternario (en sentido ascendente
«cuerpo, alma, espíritu», o «grosero, sutil, puro») (7).
Las funciones esenciales de la Existencia y sus dos fundamentos
«paterno» y «materno»(8) —o «divino» y «existencial»— deben ser
recordados y actualizados siempre de nuevo por el Calumet a fin
de que el hombre no pierda nunca el contacto con el Todo, del
cual es como una partícula; el rito del Calumet equivale a una
plegaria y a una consagración, pues «como ninguna cosa buena
puede ser hecha por el hombre solo, quiero primero hacer una
ofrenda y enviar una voz hacia el Espíritu del Mundo para que me
ayude a ser verídico» (Alce Negro). El Calumet es, pues,
pontifex: es el instrumento «eucarístico» que une al hombre,
perseguido como está por las mordeduras de lo «finito» al
Infinito, y esto explica la veneración y el amor que los indios
le manifiestan.
Esto nos lleva a considerar otro aspecto de este rito en el
que aparece la analogía entre el humo del tabaco sagrado (kinni-kinnik)
y el incienso: en la mayoría de las tradiciones, el incienso es
en cierto modo la «respuesta humana» a la Presencia divina; el
humo indica, por consiguiente, la «presencia espiritual» del
hombre frente a la Presencia sobrenatural9 de Dios, como lo
enuncia este encantamiento iroqués: «¡Salud! ¡Salud! ¡Salud! Tú
que has creado todas las cosas, escucha nuestra voz. Obedecemos
ahora a tus Mandamientos. Lo que Tú has creado vuelve hacia Ti,
el humo del tabaco (sagrado) se eleva hacia Ti, por lo cual se
ve que nuestra palabra es verídica» (10).
En el rito del Calumet el hombre representa el estado de
«individuación; el espacio —con sus seis direcciones—
representa lo Universal en el que lo individual debe,
transmutándose, reabsorberse; el humo que se pierde en el
espacio y que se identifica con él, indica esta transmutación de
lo «endurecido», «opaco» o «formal», en «disuelto»,
«transparente» o «informal»; indica, al mismo tiempo, la
irrealidad del «yo», y por tanto la del mundo, que,
espiritualmente, se identifica con el microcosmos humano. Pero
esta reabsorción del humo en el espacio —que «es Dios»—
transcribe igualmente el misterio de la «identidad» en virtud de
la cual, para hablar en términos sufíes, «el sabio no ha sido
creado»: el hombre no es sino ilusoriamente un «peso» sustraído
del espacio y aislado en él; en realidad él «es» este espacio, y
«debe convertirse en lo que es», -como dicen las Escrituras
hindúes11. El hombre, al absorber con el I humo sagrado el
«perfume de la Gracia», y al exhalarse con él hacia 'lo
ilimitado, se expande sobrenaturalmente en el «Espacio divino»,
si así puede decirse; pero Dios es también representado por el
fuego que consume al tabaco: este último es el hombre o, desde
el punto [de vista macrocósmico, el Universo; el espacio se
«encarna» aquí en el fuego del Calumet, como los puntos
cardinales se unen, según otro simbolismo, en el fuego central.
las
manifestaciones más eminentes del espíritu son los puntos cardinales con el
Cénit y el Nadir, o con el Cielo y la Tierra, y después formas tales como el
Sol, el Lucero del Alba, la Roca, el Aguila, el Lobo, el Caballo, el
Bisonte..todas estas manifestaciones se encuentran en nosotros mismos y tienen
sus raíces en la divinidad.
-El Este es la Luz y el Conocimiento y también la Paz.
-El Sur
es el Calor y la Vida y por tanto el Crecimiento y la Felicidad
-El
Oeste es el Agua fertilizante, así como la revelación que habla en el relámpago
y el trueno
-El
Norte es el Frío y la Pureza, o la Fuerza.
El
objeto de la manifestación genial es, pues, siempre el
hombreen cuanto símbolo y mediador: lo que se
exterioriza nunca se separa del microcosmos vivo para
convertirse en un ser nuevo, inerte, en una especie de
«ídolo» que acabaría por absorber o aplastar al creador
humano; en una palabra, el indio concibe el arte como
una función viva del hombre como ser central y soberano,
y es la propia esencia espiritual de este arte, y no
ningún tipo de incapacidad, lo que excluye la proyección
del hombre en la materia y como una especie de olvido de
sí ante un ideal materializado. El arte indio es de una
sencillez totalmente primordial, su lenguaje es
concentrado, directo, atrevido; como el mismo indio
—tipo, no sólo noble, sino también poderosamente
original—, su arte es a la vet «cualitativo» y
espontáneo; posee un simbolismo preciso al mismo tiempo
que un frescor sorprendente. «Encuadra», hemos dicho, a
la persona humana, y esto es lo que explica la alta
calidad que alcanza aquí el arte de la indumentaria:
tocados majestuosos —sobre todo el gran adorno en plumas
de águila—, vestimentas rutilantes de franjas y bordados
con símbolos solares, mocasines con dibujos tornasolados
que parecen querer quitar a los pies toda pesadez y toda
uniformidad, vestidos femeninos de una exquisita
simplicidad; este arte indio, tanto en sus aspectos
concisos como en sus expresiones más ricas, no es,
acaso, uno de los más sutiles, pero sí, ciertamente, uno
de los más geniales que existen.
Wiwang Wacipi
(La Danza del Sol)
Esta forma de orar, estuvo
prohibida durante mucho tiempo, pues para las personas que han sido educadas
en una cultura judeocristiana, es difícil entender que un hombre rece
ofreciendo su dolor como penitencia. Quizás fue una simple confusión, pues en
un principio se pensó que el indio adoraba al sol, cuando la verdad es que en
la danza del sol lo que se ofrece es el dolor físico, y una forma de sufrir es
hacerlo de cara al sol, cosa que no siempre es posible pues varios hombres
danzan en circulo. En la actualidad la persona que se compromete a danzar, lo
hace durante cuatro años y las razones suelen ser múltiples. En la danza hay
diversos factores importantes pero el poder que se genera es absorbido por el
bailarin que tras acabar la danza y haberse purificado en la Inipi ofrecerá su
poder durante ese día para curar a las personas que así lo deseen
Encontré a
muchos ancianos de gran santidad entre los indios, pero en Alce
Negro había un poder espiritual único, y estoy seguro de que
esto era reconocido por todos los que tuvieron la oportunidad de
conocerle. Alce Negro nació a principios de la década de los
sesenta del pasado siglo, y por tanto conoció los días en que su
pueblo recorría las llanuras cazando el bisonte y luchó contra
los hombres blancos en el Little Big Horn y en
Woundad Knee Creek. Era primo del gran jefe-sacerdote Crazy
Horse (Caballo Loco), y conoció a Sitting Bull (Toro Sentado),
Red Cloud (Nube Roja) y a American Horse (Caballo Americano).
Aunque no hablaba inglés, tuvo ocasión de observar bien el mundo
del hombre blanco, pues viajó con Buffalo Bill a Italia, Francia
e Inglaterra, donde danzó ante la Reina Victoria. Pero, ya fuera
cazando, viajando o luchando, Alce Negro no era
como los demás hombres. En su juventud fue instruido en el
sagrado saber de su pueblo por grandes sacerdotes, entre los que
se contaban Whirlwind Chaser (Cazador del Torbellino), Black
Road (Camino Negro) y el sabio Elk Head (Cabeza de Alce), de
quien aprendió toda la historia de su antigua religión. Con este
conocimiento, Alce Negro rezó y ayunó mucho, y gracias a ello se
convirtió en un hombre sabio que recibió muchas visiones y un
poder especial destinado a ser empleado para el bien de su
nación. Esta misión
obsesionó a Alce Negro durante toda su vida y le causó mucho
sufrimiento, pues, aunque había recibido el poder de guiar a su
pueblo por el sendero sagrado de sus antepasados, no veía por
qué medios debería hacer realidad la visión. Creo que ésta es la
razón por la que Alce Negro deseaba hacer un libro que explicara
la religión de los sioux, pues tenía la esperanza que, gracias a
este libro, su pueblo, así como los hombres blancos,
obtendría una mejor comprensión de la belleza y la verdad de su
antigua religión.
EL SILENCIO
El primer
americano mezclaba una humildad singular con su orgullo. La arrogancia
espiritual era extraña a su naturaleza y enseñanza. Nunca sostuvo que el poder
del lenguaje articulado fuese prueba de superioridad sobre la tonta creación;
para él es más bien un don peligroso. El Indio cree profundamente en el silencio
—señal de un equilibrio perfecto. El silencio es el balance o equilibrio
absoluto de cuerpo, mente y espíritu. El hombre que mantiene su individualidad
siempre calmada y firme ante las tormentas de la existencia —ni una hoja, por
así decirlo, se mueve en el árbol, ni una ola en la superficie del reluciente
estero— tiene la actitud y conducta de vida ideal en la mente del sabio
iletrado.
Si le
preguntas "¿Qué es el silencio?", responderá "¡Es el Gran Misterio! ¡El silencio
sagrado es Su voz!" Si preguntas: "¿Cuáles son los frutos del silencio?", él
dirá: "Son el autocontrol, la verdadera valentía o resistencia, la paciencia, la
dignidad y la reverencia. El silencio es la piedra angular del carácter."
Su propia concepción de
bravura la convierte en una virtud altamente moral, pues para él no consiste en
fuerza agresiva sino en autocontrol absoluto. Nosotros sostenemos que el hombre
verdaderamente valiente no se rinde ante el miedo, el enojo, el deseo o la
agonía; él es amo de sí mismo en todo momento; su valentía se eleva a las
alturas de la caballerosidad, el patriotismo y el verdadero heroísmo.
"No permitas que el frío,
ni el hambre, ni el dolor, ni el miedo a éstos, ni los dientes relucientes del
peligro, ni las mismísimas mandíbulas de la muerte misma, eviten que hagas una
buena acción", le dijo un viejo jefe a un explorador a punto de partir en busca
del búfalo a mitad del invierno, para aliviar el hambre de su gente
El Indio verdadero no
pone precio ni a su propiedad ni a su trabajo. Su generosidad está limitada sólo
por su fuerza y habilidad. Considera un honor ser elegido para un servicio
difícil o peligroso, y juzgaría vergonzoso pedir cualquier recompensa, diciendo
más bien: "¡Que aquél a quien sirvo exprese su agradecimiento de acuerdo a su
crianza y su sentido de honor
El culto al "Gran
Misterio" era silencioso, solitario, libre de cualquier búsqueda egoísta. Era
silencioso porque toda palabra necesariamente es débil e imperfecta; por lo
tanto, las almas de mis ancestros ascendían hacia Dios en una adoración sin
palabras. Era solitario porque creían que Él está más cerca de nosotros en la
soledad, y no había sacerdotes autorizados para intervenir entre un hombre y su
Creador. Nadie podía exhortar, confesar o entrometerse de manera alguna en la
experiencia religiosa de otro. Entre nosotros, todos los hombres fueron creados
como hijos de Dios y se paraban erguidos, conscientes de su divinidad. Nuestra
fe no podía ser concebida en credos ni forzada en quien no estuviese dispuesto a
recibirla. En consecuencia, no había prédica, proselitismo ni persecución, y
tampoco había mofadores o ateos
Sobre las Posesiones
Poseer cosas es muy importante en la vida de la gente blanca. Desde el principio
te dicen: "Esto es mío, esto es tuyo", "No toques eso porque no es tuyo". Te
dicen que te alejes de las cosas por la posesión, y no por respeto.
En los días de antes, nosotros nunca teníamos cerraduras en nuestras puertas. No
existía el robo, pero si alguien tenía hambre, podía entrar a tu casa y tomar
comida. ¿Porqué la gente no tomaba las cosas? Por respeto.
Tú rodeas tu patio con rejas y pagas buen dinero a quien mida el terreno para
ver si la reja del vecino está una pulgada demasiado cerca de tu casa. No
regalas nada a menos que recibas algo a cambio. Todo es económico. ¡Con razón la
gente blanca necesita casas tan grandes! No son para habitarlas, sino para
almacenar cosas.
Nosotros creíamos que todo era un regalo, y que un buen hombre o una mujer buena
compartían esos regalos. La gente buena pensaba que debían dar, y no que debían
recibir. No medíamos a la gente como rica o pobre. ¡No sabíamos cómo! Cuando los
tiempos eran buenos, todos éramos ricos. Cuando los tiempos eran malos, todos
éramos pobres. Medíamos a la gente por cómo compartían.
Las cosas son importantes cuando las necesitamos. Si no las necesitamos, no son
importantes. Nuestros ancestros creían que tú eras dueño de algo sólo mientras
lo necesitaras. Luego se lo pasabas a alguien más. En nuestra forma de vida,
todo tenía su uso y luego regresaba a la tierra. Teníamos tazas y platos de
madera, o cosas hechas de barro. Cabalgábamos o caminábamos. Hacíamos cosas de
las cosas de la tierra. Después, cuando ya no las necesitábamos, las quemábamos
o las dejábamos, y regresaban a la tierra. Ahora ya no podemos hacer eso. Ahora
las cosas ya no regresan a la tierra.
JS
Profecía del Búfalo Valiente
Nación Sioux (extracto)
La verdadera cultura tiene sus raíces
en la Tierra las personas sin cultura no existen mucho tiempo porque la
Naturaleza es Dios sin una conexión a la Naturaleza las personas flotan
crecen negativas se destruyen.
Nosotros los hijos de la Tierra
miramos la belleza en todas partes
El
Gran Espíritu esta en todas las cosas, esta en el aire que respiramos, y
La tierra es nuestra madre, lo que nosotros damos a la tierra, ella nos
lo devuelve.
Sobre la
Valentía
Ni siquiera los peores
enemigos del Indio han negado su valentía, aunque en sus mentes se trate de
una valentía ignorante, brutal y fantástica. Su propia concepción de bravura
la convierte en una virtud altamente moral, pues para él no consiste en fuerza
agresiva sino en autocontrol absoluto. Alguien verdaderamente valiente no se
rinde ante el miedo, el enojo, el deseo o la agonía; él es amo de sí mismo en
todo momento; su valentía se eleva al verdadero heroísmo.
Sobre Vender lo Sagrado
Cuando algo es sagrado, no tiene precio. No me importa si se trata de un
hombre blanco hablando sobre el cielo, o un indio hablando sobre ceremonias.
Si puedes comprarlo, entonces no es sagrado. Y una vez que empiezas a venderlo
no importa si tus razones son buenas o no. Estás tomando lo que es sagrado y
volviéndolo ordinario.
Los indios no podemos perder lo que es sagrado para nosotros. No nos quedan
mucho. Lo que tenemos está en nuestros corazones y en nuestras ceremonias. Ya
no tenemos tierra. La vendieron indios falsos convertidos en jefes por la
gente blanca. Nuestros objetos sagrados ya no existen. Están coleccionados por
antropólogos que los ponen en museos. Y ahora hay indios que están vendiendo
nuestras ceremonias para hacer dinero.
Cuando se terminen, lo único que nos quedará será el corazón. Y sin nuestras
ceremonias, nuestros corazones no hablarán. Seremos como el hombre blanco que
teme pronunciar la palabra "Dios" en alto, y va por ahí tratando de comprar
las ceremonias sagradas de otros. Tendremos la misma hambre en nuestro
corazón, y el mismo silencio en nuestros labios.
La Tradición de los
indígenas de América del Norte o, más precisamente, de los de las
llanuras y de los bosques cuyo dominio se extiende desde las Montañas
Rocosas —e incluso más lejos —hasta Océano Atlántico, posee un símbolo y
un "medio de gracia" de primera importancia:
El Calumet
,
el cual representa una síntesis de
doctrinal a la vez concisa y compleja, y también un instrumento ritual
en el que se apoya toda la vida espiritual y social; describir el
simbolismo de la Pipa sagrada y de su rito equivale, pues en cierto
sentido, a exponer toda la sabiduría de los indígenas.
Verdad es que tradición
indígena comprende forzosamente variaciones bastante considerables
debidas a la dispersión secular de las tribus , y que refieren, por
ejemplo, al mito del origen del Calumet o al Simbolismo de los colores;
por esto, no retendremos aquí más que aspectos fundamentales de la
sabiduría indígena, los cuales permanecen siempre idénticos bajo la
variedad de sus expresiones. No obstante, utilizaremos preferentemente
los símbolos empleados por los sioux, nación a la que pertenecía Hehaka
Sapa (Alce Negro) , venerable autor de este libro.
CANCIONES SAGRADAS The First Sounds:
Sacred Songs La
música una forma de comunicarse con el Creador, "Toda mi vida canto, y canto como respiro"
El cantar poético es
puente o tránsito hacia la divinidad
Wakan tanka Wakan tanka Pilamaya Wichoni
He
La curación por sonido ayuda a deshacer los bloqueos
causados por irregularidades, en todos los meridianos del cuerpo Así, pues, una sabia combinación de las letras
cuyos sonidos determinan efectos espirituales, anímicos y también físicos Todos estos sonidos y
vibraciones componen una armonía universal, en la que cada elemento, sin
perder su propia función y carácter, contribuye con la TOTALIDAD Todo es
vibración, todo es frecuencia. El sonido puede cambiar la estructura
molecular y puede crear forma.
"El sonido es el lenguaje
del espíritu"
Según
la metafísica todo está hecho de sonido, y cada cosa contiene una
representación simbólica de las pautas de energía que la componen; eso es el
sonido "semilla" o raíz
Abre
tu espíritu musical, atrae la música a tu vida,
crea armonía permite que tu alma cante
En
cuanto al conocimiento del "Gran Espíritu", que solo el hombre, entre
todas las criaturas terrestres, puede alcanzar, Hehaka Sapa lo definió
un día en estos términos: «Soy ciego y no veo las cosas de este mundo;
pero cuando la luz viene de Arriba ilumina mi corazón y puedo ver, pues
el Ojo de mi corazón (Chante Ishta) lo ve todo.
El corazón es el santuario en cuyo
centro se halla un pequeño espacio en el que habita el Gran Espíritu, y
este es el Ojo (Ishta).
Este es el Ojo del Gran Espíritu
mediante el cual Él ve todas las cosas, y mediante el cual le vemos.
Cuando el corazón no es puro, el Gran Espíritu no puede ser visto, y si
hubierais de morir en esta ignorancia, vuestra alma no podrá regresar
inmediatamente a Su lado, sino que deberá purificarse mediante
peregrinaciones a través del mundo.
Para conocer el Centro del
corazón en el que reside el Gran Espíritu, debéis ser puros y buenos, y
vivir según la manera que el Gran Espíritu nos ha enseñado.
El hombre que, de este modo, es
puro, contiene al Universo en la bolsa de su corazón (Chante Ognaka).»
«Lleno
la Pipa sagrada con
la corteza del sauce rojo; pero antes de que la fumemos, debéis ver cómo
está hecha y qué significa. Estas cuatro cintas que cuelgan del cañón
son las cuatro Regiones del Universo: la negra representa el Oeste, en el
que viven las criaturas del Trueno para enojarnos la lluvia; la blanca
representa el Norte, de donde viene el gran Viento Blanco que purifica;
la roja representa el Este, de donde brota la luz y donde mora el Lucero
del alba a fin de dar la ciencia a los hombres; la amarilla representa
el Sur, de donde viene el verano y el poder de crecer.
Pero estos cuatro espíritus no son en
suma más que Un Espíritu, y esta pluma de águila simboliza el Uno, que
es como un padre; pero representa, también, los pensamientos de los
hombres, que deben elevarse hacia las alturas como hacen las águilas.
¿No es el Cielo un padre, y la
Tierra una madre, y todos los seres vivientes sus hijos, ya tengan pies,
alas o raíces?
Y este cuero de la boquilla, que ha
de ser de piel de bisonte, indica la Tierra, de la cual venimos y de
cuyo seno nos nutrimos toda la vida, semejantes a recién nacidos, con
todos los animales, pájaros, árboles y hierbas. Y porque significa todo
esto, y más de lo que ningún hombre puede comprender,
la Pipa es
sagrada.»
Cuando el indígena lleva a cabo el
rito del Calumet, saluda al cielo, a la tierra, y a los cuatro puntos
cardinales, ya sea
"ofreciéndoles" la Pipa, cuyo cañón presenta, como lo quiere, por
ejemplo, el ritual de los sioux, ya dirigiendo el humo hacia las
direcciones indicadas y a veces también el "fuego central" el agni
védico que arde ante el oficiante; el orden de estos gestos puede
variar, pero su plan estático es siempre el mismo, ya que constituye el
esquema doctrinal, dogmático si se quiere, que será actualizado por el
rito.
Conforme a algunos
usos rituales, comenzaremos nuestra enumeración con el Oeste: este
"Viento del Oeste" trae el trueno y la lluvia, es decir, la Revelación y
también la Gracia; el "Viento del Norte" purifica y da la fuerza; del
"Este" viene la Luz, y, por tanto, el Conocimiento, los cuales, según la
perspectiva indígena, están en relación con la Paz; el "Sur" es la
fuente de la Vida y del Crecimiento; allí es donde empieza el "buen
Camino rojo", la Vía de la dicha y la felicidad. Así es como el Universo
depende de cuatro determinaciones primordiales, a saber: el "Agua", el
""Frío", la ""Luz", el ""Calor"; la primera, el "Agua", no es otra cosa
que el aspecto positivo de la oscuridad, que normalmente debería
oponerse a la Luz como el frío se opone al calor; el aspecto positivo de
la oscuridad es, en efecto, su cualidad de "sombra" que protege contra
la fuerza desecante del sol y que produce o favorece la humedad; es
necesario que el cielo se oscurezca antes de poder dar la lluvia, y que
Dios manifieste la Cólera —el trueno— antes de conceder la Gracia, cuyo
símbolo natural es la lluvia. En cuanto al "frío" —"el
aliento santificante y purificador que da la fuerza"—,
su aspecto positivo es la pureza, de modo que podría oponerse la
"Pureza" del Norte al "Calor" del Sur, como se opone la "Lluvia" del
Oeste a la "Luz" del Este; la relación entre el "Frío" y la "Pureza" es
evidente: las cosas inanimadas y, por tanto "frías, es decir, los
minerales,no están sujetas a la corrupción
como los seres animados y, por tanto, "calientes". La "Luz" del Este, ya
lo hemos dicho, es el "Conocimiento"; el "Calor" es la "Vida" y, por
consiguiente, el ""Amor" también la "Bondad", la "Belleza", la
"Felicidad".
Antes de ir más lejos,
debemos responder a una objeción que podría surgir del hecho de que los
"Cuatro Vientos", en la doctrina de los Sioux, parecen corresponder a
una función bastante secundaria de la Divinidad, que se divide en cuatro
aspectos subdivididos cuatro veces; ahora bien, aparte de que no es el
simbolismo mitológico de los sioux lo que nos proponemos estudiar aquí
en primer lugar, sino la metafísica de la Cuaternidad que se
transparenta en todas las variantes de la tradición indígena ,
la doctrina sioux reconoce a
los cuatro Principios,
mediante una notable derogación de la jerarquía mitológica ordinaria,
una preeminencia sobre las demás Divinidades, y esto indica claramente
que, en el rito del Calumet, o más bien en la perspectiva con él
vinculada, los puntos
cardinales representan las cuatro Manifestaciones divinas esenciales y,
por consiguiente, también sus Prototipos en el Ser .
Es necesario, por lo demás, no olvidar nunca que para otros indígenas,
el simbolismo toma formas muy diferentes de las que poseen los Sioux:
así, para no citar más que este ejemplo, en los Arapaho, los cuatro
principios están simbolizados por cuatro "Ancianos" que, emanados del
"Sol", velan por los habitantes del mundo terrestre, y a quienes
atribuyen simbólicamente el día (sureste), el verano (Suroeste), la
noche (Noroeste) y el invierno (Nordeste); por último, conviene hacer
notar que la Cuaternidad es a menudo considerada como si constituyera en
el fondo una "Duodecimidad", y cada uno de sus elementos es concebido
según tres aspectos, haciendo abstracción del eje vertical Cielo-Tierra
que añade a la Cuaternidad dos elementos nuevos aunque de otro orden.
Dicho esto,
volvamos a la consideración de los cuatro Principios en sí mismos: se
podría también, siempre partiendo del "Oeste" hacia el "Norte", designar
a los cuatro "Lugares Cósmicos" respectivamente con los términos
siguientes: "Humedad", "Frío", "Sequedad", "Calor"; el aspecto negativo
correlativo de la humedad es la oscuridad, y el aspecto positivo
correlativo de la sequedad es la luz. El "Ave del Trueno" (Wakinyan-Tanka),
que habita en el Oeste y que protege a la tierra y a la vegetación
contra la sequedad y la muerte, es descrito como lanzando relámpagos por
los ojos y produciendo el trueno con las alas la analogía con la
Revelación del Sinaí, acompañada de "truenos", de "relámpagos" y de una
"nube espesa", es tanto más impresionante cuanto que el acontecimiento
bíblico tuvo lugar en un peñasco, y que la mitología indígena establece
precisamente un vínculo entre el "Ave del Trueno" y el "Peñasco", tal
como veremos a continuación. En cuanto a la asimilación simbólica
de la Revelación al Oeste, puede parecer insólita y paradójica, pero no
hay que perder nunca de vista que los puntos cardinales tienen aquí
forzosamente un significado positivo: el Oeste no será, pues, lo
contrario del Este, a saber, la "Oscuridad" y la "Ignorancia", sino su
complemento positivo, por tanto la "Lluvia" y la "Gracia". Uno podría
sorprenderse, por otra parte, del hecho de que la tradición indígena
establezca un vínculo simbólico entre el "Viento del Oeste", portador
del trueno y de la lluvia, y el "Peñasco" personificación "angélica" o "semidivina"
de un aspecto cósmico de Wakan-Tanka: esta aproximación es, no
obstante, plausible, pues el peñasco reúne en sí los mismos aspectos
complementarios que la tormenta: el aspecto terrible por su dureza
destructiva es, para los indígenas, símbolo de destrucción, de donde las
armas de piedra, con las cuales deben' naturalmente relacionarse las
"piedras del rayo" y el aspecto de Gracia por el hecho de que da
nacimiento a fuentes que, como la lluvia, riegan el país
Los cuatro "Vientos" son
como las "Potencias productoras" (en el sentido del término sánscrito
Shakti) de las "Regiones del Mundo", y se conciben como dando la
vuelta al horizonte y determinando la vida terrestre mediante sus
influencias combinadas.
El
viento es como el "hálito" del mundo terrestre en el que vivimos;
representa así la "respiración" cósmica.
El "hálito" es en cierto sentido
el vehículo del "alma" o del "espíritu"; de ahí la conexión etimológica
de estas palabras en muchas lenguas; pero es también el vehículo activo
de la vida, pues él es quien alimenta y purifica la sangre, soporte
pasivo e inferior del elemento vital. El "hálito" es, pues, al mismo
tiempo, el "alma" de la "vida", y está hecho así a imagen del Verbo
divino cuyo Hálito creador ha hecho al hombre.
Los puntos cardinales
están asociados simbólicamente, ya lo hemos dicho, a cuatro Divinidades,
designadas de diversas maneras y que personifican otros tantos aspectos
complementarios del Espíritu universal; éste los une en sí mismo, como
los colores se unen en la luz; y él "es" Wakan-Tanta en el
sentido de que se identifica a Dios en virtud de la unicidad de Esencia,
como la luz se identifica esencialmente al Sol. Según la cosmología de
los sioux, estas cuatro Divinidades —o "semi-Divinídades"— se subdividen
a su vez cada una en cuatro entidades jerarquizadas, que llevan los
nombres más diversos, tales como "Sol", "Luna", "Bisonte", "Alma", y que
indican otras tantas ramificaciones o reflejos del Espíritu en el
cosmos; estas ramificaciones no son otra cosa que los ángeles
secundarios cuyas innumerables modalidades penetran hasta los confines
de lo creado.
Los Sioux establecen una relación
analógica entre los "Cuatro Vientos" y los cuatro períodos cíclicos,
simbolizados por las cuatro plumas de águila que adornan el "círculo
sagrado" utilizado en
la "Danza del Sol" y en otras ocasiones; el primer período es el de la
"Piedra"; el segundo, el del "Arco"; el tercero, el del "Fuego", y el
cuarto, el de la "Pipa", representado cada uno de estos símbolos el
medio espiritual del período respectivo.
Así mismo, hay cuatro edades a través
de las cuales toda cosa creada debe pasar:
la primera es el Sur, que es amarillo y es la fuente de toda vida, y
esta es la primera edad en un ciclo histórico; la segunda es el Oeste,
que es negro; la tercera es el Norte, que es blanco; y la cuarta, el
Este, que es rojo: la humanidad terrestre se halla actualmente en la
cuarta edad, que se terminará con un gran desastre
. Esta repartición,
que atribuye la "Edad de oro" al Sur y la "Edad de hierro" al Este,
mientras que las demás doctrinas tradicionales atribuyen la primera al
Norte y la segunda al Oeste, puede sorprender a primera vista, pero hay
que tener en cuenta aquí dos cosas: primeramente, en lo que concierne a
la "Edad de oro" —el KritaYuga hindú—, si bien es exacto
atribuirlo al Norte en razón de la situación polar del Paraíso
terrestre, no es menos cierto que, de hecho, el polo actual está
cubierto de hielo y que, desde el punto de vista "cualitativo", es el
Sur el que corresponde efectivamente al Paraíso y, por tanto, a la "Edad
de oro", de modo que el simbolismo en cuestión puede fundarse en el
calor y la fertilidad del Sur así como en la situación hiperbórea del
Jardín primordial; en segundo lugar, en lo que concierne a la "Edad de
hierro" —el Kali-Yuga—, si bien es evidentemente justo
atribuirlo, según la perspectiva geográfica del "Viejo Mundo", al Oeste,
ya que es allí donde el sol se pone y donde ha tenido nacimiento el
materialismo moderno que extiende sus tinieblas a la humanidad entera,
no es menos cierto que, para los pieles rojas, este materialismo
destructor de la Naturaleza viene del Este; es allí donde se sitúa lo
que, para los orientales, es el "oscuro Occidente" y es de allí de donde
han venido estos "espíritus" (washichun) de rostros pálidos que
han exterminado a la raza roja [N];
pero esto no impide en modo alguno el que el Salvador universal, el
Mesías esperado por todos los pueblos para el fin de la "Edad de
hierro", venga igualmente del Este, de modo que el simbolismo solar de
esta dirección permanece intacto en la teoría sioux de los cuatro
períodos cíclicos.
En el mismo orden de
ideas, la cosmología de los cheyennes insiste en la posición ártica de
la sede de la Tradición primordial: sitúa el Paraíso terrestre en el
extremo Norte, en una isla surgida de las aguas primordiales, en la que
reinaba una primavera perpetua y en la que los hombres y los animales
hablaban la misma lengua; este relato describe a continuación las
tribulaciones, en particular dos diluvios, después de las cuales la raza
roja — o más bien sus antepasados primordiales— se estableció
definitivamente en el Sur, convertido a su vez en una región fértil.
No queremos olvidarnos
de mencionar aquí que el Calumet comprende, junto a su simbolismo
cuaternario, otro, ternario éste, que se refiere a los tres mundos, a
los cuales corresponden respectivamente el cielo, los puntos cardinales
y la tierra. Estos tres mundos, por lo demás, se encuentran también
indicados, entre los indígenas Cuervos (Crow, Absaroka), en la
forma de tres anillos pintados en el mástil central de la Danza del Sol,
mástil que significa el árbol de Vida o el Eje del Mundo, conforme al
simbolismo hiperbóreo; son entonces interpretados como formando un
ternario (en sentido ascendente "cuerpo, alma, espíritu", o "grosero,
sutil, puro")
Las funciones esenciales de
la Existencia y sus dos fundamentos "paterno" y "materno"
o "divino" y
"existencial"
deben
ser recordados y actualizados siempre de nuevo por el Calumet a fin de
que el hombre no pierda nunca el contacto con el Todo, del cual es como
una partícula; el rito del
Calumet equivale a una plegaria y a una consagración,
pues «como ninguna cosa buena puede ser hecha por el hombre
solo, quiero primero hacer
una ofrenda y enviar una voz hacia el Espíritu del Mundo para que me
ayude a ser verídico» (Alce Negro).
El Calumet es, pues, pontifex: es el instrumento "eucarístico"
que une al hombre, perseguido como está por las mordeduras de lo
"finito" al Infinito, y esto explica la veneración y el amor que los
indígenas le manifiestan.
Esto nos lleva a
considerar otro aspecto de este rito en el que aparece la analogía entre
el humo del tabaco sagrado (kinni-kinnik) y el incienso: en la
mayoría de las tradiciones, el incienso es en cierto modo la "respuesta
humana" a la Presencia divina; el humo indica, por consiguiente, la
"presencia espiritual" del hombre frente a la Presencia sobrenatural de
Dios, como lo enuncia este encantamiento Iroqués: «¡Salud! ¡Salud!
¡Salud! Tu que has creado todas las cosas, escucha nuestra voz.
Obedecemos ahora a tus Mandamientos. Lo que Tú has creado vuelve hacia
Ti [, el humo del tabaco (sagrados) se
eleva hacia Ti, por lo cual se ve que nuestra palabra es verídica» .
En el rito del
Calumet el hombre representa el estado de "individuación"; el espacio
con sus seis direcciones
representa lo Universal en el
que lo individual debe, transmutándose, reabsorberse;
el humo que se pierde en el espacio y que se identifica con él, indica
esta transmutación de lo "endurecido", "opaco" o "formal", en
"disuelto", "transparente" o "informal"; indica, al mismo tiempo, la
irrealidad del "yo", y por tanto la del mundo, que, espiritualmente, se
identifica con el microcosmos humano. Pero esta reabsorción del humo en
el espacio —que "es Dios"— transcribe igualmente el misterio de la
"identidad" en virtud de la cual, para hablar en términos sufíes, «el
sabio no ha sido creado»: el hombre no es sino ilusoriamente un "peso"
sustraído del espacio y aislado en él; en realidad él "es" este espacio,
y "debe convertirse en lo que es", como dicen las Escrituras hindúes
El hombre, al absorber con el humo sagrado el "perfume de la Gracia", y
al exhalarse con él hacia lo ilimitado, se expande sobrenaturalmente en
el "Espacio divino", si así puede decirse; pero Dios es también
representado por el fuego que consume al tabaco: este ultimo es el
hombre o, desde el punto de vista microcósmico, el Universo; el espacio
se "encarna" aquí en el fuego del Calumet como los puntos cardinales se
unen, según otro simbolismo, en el fuego central.
Según Hehaka Sapa, «todo lo que hace
un indígena, lo hace en un círculo, y es así porque el Poder del
Universo actúa siempre mediante círculos, y todas las cosas tienden a
ser redondas. En los
días de antaño, cuando éramos un pueblo fuerte y feliz, recibíamos todo
nuestro poder del círculo sagrado de la nación, y mientras el círculo
permanecía entero, el pueblo florecía. El árbol florido era el centro
vivo del círculo, y el círculo de las cuatro direcciones lo nutría. El
Este daba la paz y la luz, el Sur el calor, el Oeste la lluvia, y el
Norte, con su viento frío y potente, daba la fuerza y la resistencia.
Este conocimiento nos vino del mundo exterior (el Mundo trascendente, el
Universo), con nuestra religión.
Todo lo que hace el Poder del
Universo lo hace en forma de círculo. El cielo es circular, y he oído
decir que la tierra es redonda como una bola, y también las estrellas
son redondas. El viento, en su fuerza máxima, se arremolina. Los pájaros
hacen sus nidos en forma de círculos, pues tienen la misma religión que
nosotros... Nuestras tiendas (tipis) eran circulares como los
nidos de los pájaros y estaban siempre dispuestas en círculo: el centro
de la nación, un nido hecho de muchos nidos, en el que el Gran Espíritu
quería que cobijáramos a nuestros hijos." (Black Elk
Speaks.)
Todas las formas estáticas
de la existencia se hallan, pues, determinadas por un arquetipo
"concéntrico", material o mental, centrado en su ego cualitativo,
"totémico", casi impersonal, el indígena tiende a la independencia, y
por ahí a la indiferencia, respecto al mundo externo; se rodea de
silencio como si éste fuera un círculo mágico, y este silencio es
sagrado porque transmite las influencias celestes.
El indígena extrae su fuerza
espiritual de este silencio, cuyo soporte natural es la soledad; su
oración ordinaria es muda: lo que ésta exige no es un pensamiento, sino
una "conciencia del Espíritu", y esta "conciencia" es inmediata e
informal como la bóveda celeste.
Si el Gran Espíritu
actúa siempre "mediante círculos", desde otro punto de vista también
actúa siempre "mediante cuaternidades", como lo indican las direcciones
espaciales y los ciclos temporales, y entonces el círculo se convierte
en esvástica; por esto el indígena, cuya vida se desarrolla en cierto
modo entre el punto central y el espacio ilimitado, realiza las cosas
estáticas según el principio circular o unitivo, y las cosas dinámicas
—las acciones— según el principio cuaternario [,
es decir, en
conformidad con las cuatro virtudes cardinales que son para él el valor,
la paciencia, la generosidad y la fidelidad:
Esta estructura profunda de la vida indígena significa que el hombre
rojo no se propone "fijarse" en esta tierra en la que todo, según la ley
de estabilización y también de condensación, y aun de "petrificación",
amenaza con "cristalizarse"; y esto explica la aversión del indígena
hacia las casas, sobre todo las de piedra, y también la ausencia de una
escritura que, según esta perspectiva, "fijaría" y "mataría" el flujo
sagrado del espíritu. La civilización europea, por el contrario, tanto
en sus formas dinámicas como en sus formas estáticas, es profundamente
sedentaria y urbana: está, pues, anclada en el espacio y se extiende
cuantitativamente por él, mientras que la civilización indígena tiene su
eje en cierto modo fuera del espacio, en el centro principal, no
localizado; su expansividad será por consiguiente "cualitativa", en el
sentido de que no es sino movimiento puro, símbolo de lo ilimitado, y no
delimitación cuantitativa, "mercantil", de la extensión espacial. Por lo
demás, importa precisar aquí que el Cristianismo, como otras religiones
del "Viejo Mundo", fija lo Celestial en el plano terrestre y construye
santuarios con la materia más estática, la piedra; la tradición de los
pieles rojas, por su parte, integra lo terrestre —lo "espacial" si se
quiere — en lo Celestial omnipresente, y también por esto la tierra debe
permanecer intacta, virgen, sagrada, tal como ha salido de las Manos
divinas— pues sólo las cosas puras reflejan lo Eterno
El indígena no es
"panteísta", pero sabe que el mundo está misteriosamente sumergido en
Dios.
Lo que acabamos de decir
permitirá comprender por qué la naturaleza —paisaje, cielo, astros,
elementos, animales salvajes —es un soporte necesario de la tradición de
los pieles rojas al mismo nivel que los templos para las demás
religiones;
todas las limitaciones impuestas a la naturaleza por obras artificiales,
pesadas, inamovibles —e impuestas al hombre por su esclavitud respecto a
ellas— son, pues, sacrílegas, incluso "idólatras", y llevan en sí mismas
los gérmenes de la muerte Resulta de este modo de ver que el destino
de los pieles rojas es trágico en el sentido propio del término: es
trágica una situación sin salida que resulta, no de una causa fortuita,
sino del choque fatal de dos principios . El aplastamiento de la raza
indígena es trágico porque el hombre rojo no podía sino vencer o morir ;
ha sucumbido porque representaba un espíritu incompatible con el
mercantilismo de los "rostros pálidos". Podría definirse este drama
inmenso como la lucha, no sólo entre una civilización mercantil y
materialista y otra caballeresca y espiritualista, sino también entre la
civilización urbana —en el sentido estrictamente humano y peyorativo de
este término, que implica una idea de "artificio" y de "servilismo"—
y el reino de
la Naturaleza, considerado como la vestidura majestuosa, pura,
ilimitada, del espíritu divino
.
Ahora bien, la Naturaleza, de la que el indígena se siente como la
encarnación y que es al mismo tiempo su santuario, acabará por
vencer a este mundo artificial y sacrílego, pues ella es la Vestidura,
el Hábito, la Mano misma del Gran Espíritu.
Conjuro Sioux
Cuenta una vieja leyenda de los indios Sioux,
que una vez llegaron hasta la tienda del viejo brujo de la tribu,
tomados de la mano, Toro Bravo, el más valiente y honorable de los
jóvenes guerreros, y Nube Azul, la hija del cacique y una de las más
hermosas mujeres de la tribu....
- Nos amamos...- empezó el joven
- Y nos vamos a casar....- dijo ella.
- Y nos queremos tanto que tenemos miedo...queremos un hechizo, un
conjuro, o un talismán... algo que nos garantice que podremos estar
siempre juntos...que nos asegure que estaremos uno al lado del otro
hasta encontrar la muerte.
- Por favor...-repitieron – hay algo que podamos hacer?
El viejo los miró y se emocionó al verlos tan jóvenes... tan
enamorados...y tan anhelantes esperando su palabra...
- Hay algo....-dijo el viejo- pero no sé...es una tarea muy difícil y
sacrificada...
- Nube Azul... -dijo el brujo- ¿ves el monte al norte de nuestra aldea?
Deberás escalarlo sola y sin más armas que una red y tus manos...
deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte... si lo
atrapas, deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de luna
llena...¿Comprendiste?
- Y tú, Toro Bravo...-siguió el brujo- deberás escalar la montaña del
trueno...cuando llegues a la cima, encontrarás la más brava de todas las
águilas, y solamente con tus manos y una red, deberás atraparla sin
heridas y traerla ante mí, viva...el mismo día en que vendrá Nube
Azul... Salgan ahora!
Los jóvenes se abrazaron con ternura y luego partieron a cumplir la
misión encomendada... ella hacia el norte y él hacia el sur...
El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes
esperaban con las bolsas que contenían las aves solicitadas.
El viejo les pidió que con mucho cuidado las sacaran de las
bolsas...eran verdaderamente hermosos ejemplares...
- Y ahora qué haremos...-preguntó el joven- ¿los mataremos y beberemos
el honor de su sangre?
- No – dijo el viejo.
- Los cocinaremos y comeremos el valor en su carne?- propuso la joven.
- No - repitió el viejo.- Harán lo que les digo: tomen las aves y
átenlas entre sí por las patas con esta tiras de cuero... cuando las
hayan anudado, suéltenlas y que vuelen libres...
El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los
pájaros...el águila y el halcón intentaron levantar vuelo pero sólo
consiguieron revolcarse por el piso. Unos minutos después, irritadas por
la incapacidad, las aves arremetieron a picotazos entre sí hasta
lastimarse....
Este es el conjuro. Jamás olviden lo que han visto... son ustedes como
un águila y un halcón... si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por
amor, no sólo vivirán arrastrándose... sino que además, tarde o
temprano, empezarán a lastimarse el uno al otro...
Si quieren que el amor entre ustedes perdure...
“Vuelen juntos...pero jamás atados”."
Toro sentado El Gran Espíritu nos
dio esta tierra y aquí estamos en casa. No quiero que roben a mi
pueblo...quiero que todos sepan que estoy en contra de cualquier venta
de nuestra tierra".
Luther "Oso Parado"
Oglala Sioux
El
Indio Americano es de la tierra, sea la región del bosque, planicies,
pueblos o mesetas. Se acomoda al paisaje porque la mano que le dio forma
al continente, también dio forma al Indio. En el pasado el creció como
los girasoles silvestres, el pertenece al igual que el búfalo.
El
acercamiento indio a la vida vino de una gran libertad, un respecto
intenso y absorbente por vida, enriquecer la fe en una energía suprema,
y principios de la verdad, honradez, generosidad, equidad, y fraternidad
como guía a las relaciones mundanas.
ORACIÓN DE
LOS INDIOS SIOUX
Gran
Espíritu,
cuya voz barrunto en los vientos,
cuyo aliento da vida al mundo entero,
¡escúchame!
Me presento ante tu rostro
como uno de tus muchos hijos;
mira, soy pequeño y débil;
necesito tu fuerza y tu sabiduría...
Hazme sabio para poder reconocer las cosas
que tú has enseñado a mi pueblo,
las enseñanzas que tú en cada hoja
y en cada roca has escondido.
Deseo tu fuerza,
no para elevarme sobre mis hermanos,
sino para poder luchar contra mi mayor enemigo:
yo mismo.
“Mi pueblo”, no es una raza, ni una
nación (¿qué es eso?), ni una ideología, ni unas costumbres.
Es una forma de
vivir. La forma de vivir humana íntegra y fundida con la naturaleza. La
que respeta, por tanto, todas sus manifestaciones y diferencias como
sagradas.
Esa que es compatible con cualquier ley, técnica y tiempo que suponga el
derecho de existir y vivir libremente. Esa forma de vivir que poco a
poco va despertando a nivel mundial, aún en medio de las oscuridades y
atrocidades de esta última edad del ciclo en que vivimos.
Desde aquí nuestro apoyo a la marcha hacia la capital mejicana de los
indígenas. Desde aquí nos unimos a la invocación de Alce Negro. Ojalá
llegue pronto la próxima edad del nuevo ciclo. La edad de oro. (Luna
Llameante)
El culto al Gran Misterio
era solitario, silencioso, libre de todo egoísmo. El primer "hambeday"
o retiro religioso, marcaba una época en la vida del joven. En la
hora solemne de la salida o puesta del sol, ocupaba su puesto, y
allí permanecía, desnudo, de pie, silencioso e inmóvil, expuesto a
los elementos y fuerzas de su interior durante una noche y un día, o
dos noches y dos días. Cuando regresaba al campamento tenía que
permanecer a cierta distancia hasta que había tomado el baño de
vapor y se había preparado para la relación con sus semejantes; de
la visión o signo que el Gran Misterio le había concedido .
El sol y la tierra, que
son los principios masculino y femenino, son los elementos principales.
El sol penetró en el seno de la Tierra y esta concibió y produjo la vida
vegetal y animal. Misteriosamente apareció Ish-ná-cha-ge, el
"primogénito", que creó un compañero, ("el hombre muchachito") inocente,
confiado e indefenso. Su hermano mayor fue su maestro, y las reglas que
estableció y los consejos que le dio son el origen de muchas de las
creencias más arraigadas y costumbres más sagradas de los Sioux.
La Gran Danza de
la Medicina se celebraba para iniciar a los candidatos que habían
terminado su período de prueba, de los que se seleccionaban un número
suficiente para cubrir a los que habían muerto desde la última reunión.
El hombre medicina poseía un gran magnetismo y una gran autoridad
personal. En todas las ceremonias guerreras y en medicina se utilizaba
una pipa especial. El celebrante la enciende gravemente y fuma una o dos
veces, luego en pie, la sostiene en silencio hacia el Sol, el padre, y
hacia la Tierra, la madre.
La
Pipa Sagrada
Chanunpa Wakan
(La Pipa Sagrada
La ceremonia de la pipa es
un ritual sagrado para conectar los mundos físico y espiritual. "La pipa
es un eslabón entre la tierra y el cielo," explica Ciervo Blanco de
Otoño. "Nada es más sagrado. La pipa es nuestras oraciones en forma
física. El humo se convierte en nuestras palabras; surge, toca todo y se
convierte en una parte de todo lo que es. El fuego en la pipa es el
mismo fuego del sol, que es la fuente de la vida." La razón para usar el
tabaco para conectar los mundos es que las raíces de la planta
penetran profundamente en la tierra y su humo sube alto hacia los cielos
"Todas nuestras ceremonias
Sioux invocan a las cuatro direcciones, a la tierra y al cielo, y
finalmente al Gran Espíritu. Nosotros vemos a nuestro Creador a través
de la naturaleza, y tratamos de emular lo que el Creador ha hecho. Esto
ha funcionado bien, como puedes ver en los antecedentes de los nativos
americanos. Los Indios de antaño eran personas honradas, éticas, y
tenían antecedentes ambientales sin mancha. Cuando los
Peregrinos llegaron, los Indios los mantuvieron vivos, y alojaban a los
esclavos negros. Ellos eran sumamente humanísticos. Ésa es una de las
razones principales por las que yo creo de la manera natural."
Eagle Man empieza una
ceremonia invocando al poder del Oeste, mientras piensa en las
lluvias dadoras de vida y en el mundo siempre presente de los
espíritus. Luego, él invoca al poder del Norte, la fuente de
resistencia, fuerza, veracidad y honestidad, que son cualidades
necesarias para recorrer el camino del bien en la vida.
Luego invoca al poder del Este. El Este es donde el sol nace, y
el sol nos trae sabiduría, la esencia de la espiritualidad. Sin
sabiduría, nos volvemos ignorantes y causamos daño a nosotros y
a otros. La cuarta energía es el poder del Sur, que nos trae
abundancia, medicina y crecimiento.
El
siguiente en ser reconocido es el Espíritu de la Tierra. Se toca la
tierra con la pipa se dice: "Madre Tierra, yo busco protegerte."
Puesto que la Madre Tierra depende de la energía dadora de vida del
sol, la pipa se eleva entonces hacia el cielo. Por último, la
pipa se sostiene directamente hacia el Gran Espíritu, el Gran
Misterio, la fuente inexplicable de toda la vida. Entonces se dicen
estas palabras: "Oh Gran Espíritu, yo te agradezco por los seis
Poderes del universo
OSO
El Oso es
siempre un buen signo, de valor y de poderes especiales. Representa
sabiduría, intuición, y poderes curativos.
Si los indios veían un oso por el bosque o por un río creían que
esa zona era sagrada y habitada de espíritus buenos.
BUFALO /
BISONTE
Un buen
signo, aparte de ser la dieta básica de muchas tribus, era
considerado como un dios con fuertes poderes y mensajero de fuerza y
supervivencia de las tribus de las llanuras. Es una de las esencias
de la cultura india y una de las bases de su espiritualidad.
Entre las tribus
Sioux existe la leyenda del Búfalo Blanco que les dio a los indios
la pipa sagrada.
LOBO
El lobo esta
considerado un magnifico signo, protector, buen cazador, sabio,
independiente con valor pero algo misterioso. Los europeos que
llegaron a América lo consideraban todo lo contrario y fue casi
exterminado. Todo lo contrario dentro de la mitología india.
Muchas
tribus formaban clanes y bandas con el nombre de lobo.
Indios sioux para siempre
Cuando la sensibilidad es fuerza, la
integridad es poder, la magia es sabiduría, y el rito comunicación
cotidiana con la naturaleza. Esto, y mucho más, se desprende de las
palabras de un viejo guerrero-chamán llamado Alce Negro recogidas en
dos libros de pavor y maravilla: “Los últimos sioux” (editorial
Noguer) y “La pipa sagrada” (editorial Taurus). El primero de ellos
relata su vida personal unida a toda la historia de su tribu. El
segundo habla de los ritos sioux, mantenidos en secreto hasta
mediados del siglo XX, cuando Alce Negro sabiendo que iba a morir
decidió darlos a conocer por ser el último depositario de esos
conocimientos, y por exigirlo los tiempos: La última edad de las
cuatro que conforman cada ciclo. En esta edad, la más dura y
caótica, todo debe salir a la “Pues la verdad se defiende por su
propia naturaleza contra la profanación, y es posible que llegue a
aquellos que están calificados para penetrarla profundamente y son
capaces,gracias a ella, de consolidar el puente que debe construirse
para salir de esta edad oscura”.
La grandeza es igual a humildad y es igual a integridad: “Es wakan
(sagrado) aquello que es conforme a su propia esencia. Por eso la
cobardía –abandono del propio ser- es el único pecado. Por esto una
montaña, un animal, un árbol son sagrados, y hay tan pocos humanos
wakan”. El alma de un humano está en su cabello y las almas pueden
perderse y recuperase. Este es uno de los 7 ritos: el rito de La
Custodia del Alma. “El poder de una cosa, o de un acto reside en la
comprensión de su sentido”. Los símbolos no son la representación de
algo, sino su invocación viva. El águila, o el león no son una
imagen del sol, son el sol bajo una de sus apariencias. El sol no es
una imagen del espíritu de la vida, es la vida bajo una de sus
formas. Lo importante es la naturaleza esencial de algo, no la forma
con la que se manifiesta. “Todo lo que hace un indio lo hace
en un círculo, y es así porque el poder del universo actúa siempre
mediante círculos y todas las cosas tienden a ser redondas”.
Todo está vivo y toda la naturaleza habla. “La estructura profunda
de la vida india significa que no se propone ‘fijarse’ en esta
tierra... Y esto explica la aversión india hacia las casas... Se
integra lo terrestre en lo celeste omnipresente, y por esto la
tierra debe permanecer intacta, sagrada”. Cuando el indio se hallaba
confuso y atormentado realizaba el rito de “Imploración de una
visión”. Se retiraba a una montaña sagrada y allí permanecía atento
a cada cosa que sucedía, a cada sensación y pensamiento, pues desde
el momento en que la disposición es la búsqueda de una respuesta,
cada cosa es una señal. Y sólo entonces. “La comprensión debe venir
del corazón, no sólo de la cabeza”. “Todo humano puede implorar una
visión. Lo que así se obtiene depende en parte del carácter del que
implora”.
Alce Negro
pertenecía al grupo ogalala de los dakotas teton, una de las ramas
más poderosas de la gran familia sioux. Sioux es en realidad el
nombre genérico aplicado a numerosas tribus que tienen un origen
común y hablan una misma lengua; incluye las siguientes naciones,
clasificadas según la lengua: assiniboin, crow, dakota, hidatsa,
iowa, kansa, mandan, missouri, omaha, osage, oto, y ponca. A lo
largo de sus migraciones y
guerras con las tribus vecinas, los dakotas (los aliados) se
dividieron en siete ramas, constituyendo lo que llamamos Siete
Fuegos del Consejo (Otchenti Chakowin): los ogalala, minneconjou,
ochenopa (Dos Marmitas), unopapa, brûlé, blackfeet-sioux, y los sans
arc. Según la antigua historia que conocí a través de Alce Negro, y
según los documentos de los primeros viajeros y misioneros, en el
siglo XVI los dakotas estaban establecidos
en las fuentes del Missippi, y en el XVII fueron expulsados de
Minnesota hacia el oeste por sus poderosos enemigos, los chippewas.
Al abandonar los bosques y los ríos, los dakotas sustituyeron la
piragua por el caballo con notable facilidad, y en el siglo XIX eran
conocidos y temidos como una de las naciones más poderosas de las
llanuras; en efecto, estos sioux dakotas fueron quizá los que, de
todas las tribus indias, ofrecieron una
mayor resistencia a la expansión de los blancos hacia el oeste.
Este libro contiene múltiples datos que los indios, hasta
estos últimos tiempos, se habían abstenido de divulgar porque
estimaban, y con razón, que estas cosas son demasiado sagradas para
ser comunicadas a cualquiera; en nuestros días, los pocos viejos s
abios que viven aún entre ellos dicen que, al aproximarse el fin de
un ciclo, cuando en todas partes los hombres se han vuelto ineptos
para comprender y, sobre todo, para poner en práctica las verdades
que les fueron reveladas en el origen —lo que tiene por consecuencia
el
desorden y el caos en todos los terrenos—, está entonces permitido,
y es incluso deseable, sacar este conocimiento a la luz del día;
pues la verdad se defiende por su propia naturaleza contra la
profanación, y es posible que llegue así a aquellos que están
cualificados para penetrarla profundamente y son capaces, gracias a
ella, de consolidar el puente que debe construirse para salir de
esta edad oscura.
Esta historia
de la Pipa sagrada de los sioux fue transmitida oralmente por el
precedente «guardián del Calumet», Hehaka Pa (Elk Head: Cabeza de
Alce), a tres hombres: de los tres, Hehaka Sapa (Alce Negro) era el
único que aún quedaba en vida en la época en que estuvimos con los
sioux. Cuando Elk Head confió esta historia sagrada de los sioux a
Alce Negro, le dijo que debía ser «transmitida de generación en
generación, pues,
mientras sea conocida y el Calumet esté en uso, nuestro pueblo
vivirá; pero, a partir del momento en que se olvide, nuestro pueblo
ya no tendrá un centro y perecerá». Ésta es la razón por la que
hacemos votos para que este libro ayude en cierta medida, por débil
que sea, a preservar este centro de una noble nación, muchos de
cuyos miembros, aún hoy y a pesar de una presión terrible, están
resueltos a salvaguardar estos ritos antiguos que les fueron
revelados al principio por el Gran Espíritu.
Generalmente se conoce como
sioux a la tribu de los "Dakota", que significa "el amigo". Fueron
una de las grandes tribus habitantes de las praderas, entre el río
Mississippi y las Rocky Mountains.
La gran familia sioux comprende a los assiniboin, dakota, hidatsa,
omaha, mandan, osage y winnebago. Estas siete tribus se dividen
generalmente en los santees (sedentarios y agrícolas), los nakota y
los teton (guerreros y cazadores de búfalos). También se clasifican
por sus dialectos, en nakota, lakota y dakota.
Mucho
antes de escuchar sobre Cristo o ver un hombre blanco, yo ya había aprendido la
esencia de la moralidad, gracias a una mujer iletrada. Con la ayuda de la misma
amada Naturaleza, ella me enseñó cosas simples pero de gran importancia. Yo
conocía a Dios. Percibía lo que es la bondad. Veía y amaba lo que es realmente
hermoso. ¡La civilización no me ha enseñado nada mejor!
De
niño entendía cómo dar; he olvidado esa gracia desde que me volví civilizado.
Vivía la vida natural, mientras que ahora vivo la artificial. Cualquier guijarro
bonito era valioso para mí entonces; cada árbol que crecía era objeto de
reverencia. ¡Ahora rindo culto con el hombre blanco frente a un paisaje pintado
cuyo valor es calculado en dólares! El Indio es reconstruido, así como la roca
natural es hecha polvo y convertida en bloques artificiales que puedan
incorporarse en la construcción de los muros de la sociedad moderna
Desde
su punto de vista, el Sol y la Tierra fueron los padres de toda la vida
orgánica. Del Sol, como padre universal, procede el principio dador de vida en
la naturaleza, y en el vientre paciente y fructífero de nuestra madre, la
Tierra, se esconden los embriones de plantas y hombres
Los
elementos y las fuerzas majestuosas de la naturaleza —el Relámpago, el Viento,
el Agua, el Fuego y la Helada— eran vistos con asombro como poderes
espirituales, pero siempre secundarios y de carácter intermedio. Creíamos que el
espíritu penetra toda la creación y que cada criatura posee un alma en algún
grado, aunque no necesariamente un alma consciente de sí misma. El árbol, la
cascada, el oso gris, cada uno es una Fuerza personificada y como tal era objeto
de reverencia
Sobre Muerte y Reencarnación
La actitud del Indio hacia la muerte, prueba y trasfondo de la vida, es
enteramente compatible con su carácter y filosofía. La muerte no guarda terror
para él; la encara con sencillez y perfecta calma, buscando sólo un fin
honorable como su último regalo para su familia y sus descendientes. Por ende
corteja la muerte en la batalla. Por otro lado, consideraría una desgracia ser
asesinado en una disputa privada. Si uno está muriendo en casa, es costumbre
llevar su cama al exterior conforme se acerca el fin, para que su espíritu pueda
marcharse bajo el cielo abierto.
Muchos Indios creían que uno podía nacer más de una vez, y había algunos que
afirmaban tener pleno conocimiento de una encarnación pasada. También había
quienes sostenían dialogos con algún espíritu gemelo nacido en otra tribu o
raza.
El Silencio
El Indio cree profundamente en el silencio, señal de un equilibrio perfecto. El
silencio es el balance o equilibrio absoluto de cuerpo, mente y espíritu. El
hombre que mantiene su individualidad siempre calmada y firme ante las tormentas
de la existencia tiene la actitud y conducta de vida ideal en la mente del
sabio. El autocontrol, la verdadera valentía, la paciencia, la dignidad...
Sobre Medicina
No cabe duda que el Indio consideraba la medicina algo muy cercano a las cosas
espirituales. Como médico, originalmente era muy hábil y a menudo exitoso.
Utilizaba únicamente cortezas, raíces y hojas curativas con cuyas propiedades
estaba familiarizado, usándolas en forma de destilación o té y siempre
individualmente. El baño de estómago fue uno de sus valiosos descubrimientos, y
el baño de vapor se usaba extensamente. Podía reparar un hueso roto con bastante
éxito, pero nunca practicaba la cirugía en forma alguna. Además, el curandero
poseía gran magnetismo y autoridad personales, y en su tratamiento a menudo
buscaba restablecer el equilibrio de su paciente mediante influencias mentales o
espirituales.
La palabra Sioux para el arte de curar es "wapiya", que literalmente significa
"reajustar" o "renovar". "Pejuta", literalmente raíz, significa medicina, y "wakan"
significa espíritu o misterio. De esta manera las tres ideas, aunque a veces
asociadas, eran diferenciadas cuidadosamente.
Es importante recordar que, antiguamente, el curandero no recibía pago alguno
por sus servicios, que por naturaleza eran una función o un cargo honorable.
Cuando la idea del pago y el trueque fue introducida y los honorarios exigidos,
la avaricia y rivalidad resultantes condujeron a una gran pérdida.
Iniunkayaktelo / Inipi
(Choza de sudación)
La Inipi ha sido dada a los hombres para que se purifiquen espiritual,
física, mental y emocionalmente. La tienda de sudación ha sido el primer
rito que nos fue aportado hace centenares de años. La tienda de sudación se
hace siempre al comienzo de cada ceremonia o empresa importante en nuestra
vida. La Inipi es una ceremonia de cuidados y purificación, es un lugar de
oración, muchos europeos no son conscientes de lo sagrado de este rito y
mucho menos de sus enormes efectos en la vida del que participa en una de
estas ceremonias, si se realiza de forma correcta. Muchas personas creen que
pueden aprender el funcionamiento de la Inipi en un fin de semana, para
después transmitirlo a cambio de dinero, pero la verdadera espiritualidad no
esta en venta. En todo el territorio español, existen muchas personas
capaces de engañar a cualquiera diciendo transmitir la sabiduría nativa.
Inipi es una palabra Lakota, así que se refiere a una ceremonia Lakota,
cualquier otra forma de hacer que no nazca de la tradición, es falsa y
atenta contra la espiritualidad de los nativos norteamericanos
Sobre Guardar Silencio y Hablar
Nosotros los indios sabemos del silencio. No le tenemos miedo. De hecho,
para nosotros es más poderoso que las palabras.
Nuestros ancianos fueron educados en las maneras del silencio, y ellos nos
transmitieron ese conocimiento a nosotros. Observa, escucha, y luego actúa,
nos decían. Ésa es la manera de vivir.
Observa a los animales para ver cómo cuidan a sus crías. Observa a los
ancianos para ver cómo se comportan. Observa al hombre blanco para ver qué
quiere. Siempre observa primero, con corazón y mente quietos, y entonces
aprenderás. Cuando hayas observado lo suficiente, entonces podrás actuar.
Con ustedes es lo contrario. Ustedes aprenden hablando. Premian a los niños
que hablan más en la escuela. En sus fiestas todos tratan de hablar. En el
trabajo siempre están teniendo reuniones en las que todos interrumpen a
todos, y todos hablan cinco, diez o cien veces. Y le llaman "resolver un
problema". Cuando están en una habitación y hay silencio, se ponen
nerviosos. Tienen que llenar el espacio con sonidos. Así que hablan
impulsivamente, incluso antes de saber lo que van a decir.
A la gente blanca le gusta discutir. Ni siquiera permiten que el otro
termine una frase. Siempre interrumpen. Para los indios esto es muy
irrespetuoso e incluso muy estúpido. Si tú comienzas a hablar, yo no voy a
interrumpirte. Te escucharé. Quizás deje de escucharte si no me gusta lo que
estás diciendo. Pero no voy a interrumpirte. Cuando termines, tomaré mi
decisión sobre lo que dijiste, pero no te diré si no estoy de acuerdo, a
menos que sea importante. De lo contrario, simplemente me quedaré callado y
me alejaré. Me has dicho lo que necesito saber. No hay nada más que decir.
Pero eso no es suficiente para la mayoría de la gente blanca.
La gente debería pensar en sus palabras como si fuesen semillas. Deberían
plantarlas, y luego permitirles crecer en silencio. Nuestros ancianos nos
enseñaron que la tierra siempre nos está hablando, pero que debemos guardar
silencio para escucharla.
Existen muchas voces además de las nuestras. Muchas voces.
Sobre Tierra y Propiedad
Déjame decirte cómo perdimos la tierra. No era nuestra tierra, como si nos
perteneciera. Era la tierra donde cazábamos o donde nuestros ancestros
estaban sepultados. Era la tierra que el Creador nos había dado. Era la
tierra donde sucedían nuestras historias sagradas. Había lugares sagrados en
ella. Nuestras [ceremonias se realizaban aquí. Conocíamos a los animales.
Ellos nos conocían a nosotros. Presenciamos el paso de las estaciones en
esta tierra. Estaba viva, como nuestros abuelos. Éramos parte de ella. La
tierra era parte de nosotros. Nosotros ni siquiera sabíamos lo que era ser
propietarios de la tierra. Es como decir que eres propietario de tu abuela.
Para nosotros, la tierra estaba viva. Mover una piedra significaba
cambiarla. Matar a un animal era quitarle algo a ella. Tenía que haber
respeto.
Nosotros no vimos respeto en esa gente. Ellos cortaban los árboles y dejaban
a los animales en donde les disparaban. Hacían ruidos fuertes. Parecían
salvajes. Su paso era pesado y hacían mucho ruido. Y luego esa gente nueva
comenzó a pedirnos la tierra. Querían darnos dinero por la tierra. Nuestra
gente no aceptó eso. Entonces esa gente dijo que ya no pertenecíamos aquí.
Que había un jefe en Washington, una ciudad muy lejana, y que la tierra era
de él, y que él había dicho que esa gente podía vivir aquí y nosotros no.
Pensamos que estaban desquiciados. Esas personas cabalgaban por la tierra y
colocaban una bandera, y luego decían que todo, desde donde habían empezado
hasta donde ponían la bandera, les pertenecía. Eso es como si alguien
disparara una flecha al cielo y dijera que todo el cielo hasta donde llegara
la flecha le pertenecía. Nosotros pensamos que esa gente estaba loca. Ellos
hablaban de propiedad. Nosotros hablábamos de la tierra.
Tu gente vino de Europa porque querían tener propiedades. Ellos habían
trabajado para otras personas que les habían quitado sus propiedades y las
cosas que cultivaban. Nunca habían tenido nada porque no tenían propiedades.
Eso era lo que más deseaban tener.
Todos ellos pensaban que quien tuviera un pedazo de papel diciendo que era
dueño de la tierra podría controlar todo lo que sucediera en ella. La gente
vino aquí para conseguir propiedades. Nosotros no sabíamos esto. Ni siquiera
sabíamos lo que significaba. Nosotros simplemente le pertenecíamos a la
tierra. Ellos querían adueñarse de ella.
Su religión no vino de la tierra. Podían llevarla a todos lados con ustedes.
Su religión estaba en una copa y un pedazo de pan que podían llevarse en una
caja. Sus sacerdotes podían hacer sagrado cualquier lugar. Y no podían
entender que lo que era sagrado para nosotros era el lugar donde estábamos,
porque ahí era donde sucedían las cosas sagradas y donde los espíritus nos
hablaban.
Tu gente no sabía nada acerca de lo sagrado de la tierra. Ustedes estaban
matando a todos los animales. El búfalo había desaparecido. Las aves habían
desaparecido. Ustedes no nos permitían cazar. Nos daban mantas y whiskey que
enloquecía a nuestra gente. Nos pusieron en pequeños corrales de tierra que
eran como pequeñas islas en su gran mar.
Lo peor es que ustedes ni siquiera nos escucharon nunca. Ustedes vinieron a
nuestra tierra y nos la quitaron, y ni siquiera nos escucharon cuando les
tratamos de explicar. Hicieron promesas y rompieron cada una de ellas. Nos
mataron sin quitarnos la vida. Nos mataron al convertir nuestra tierra en
pedazos de papel y sacos de harina y mantas, diciéndonos que eso era
suficiente. Ustedes nos quitaron los lugares donde los espíritus nos
hablaban y nos dieron sacos de harina.
Para nosotros la tierra estaba viva. Ella nos hablaba. Nosotros la
llamábamos nuestra madre. Si ella estaba enojada con nosotros, no nos daba
alimentos. Si nosotros no compartíamos con los demás, ella nos enviaba
inviernos duros o plagas de insectos. Teníamos que hacer cosas buenas por
ella y vivir de la manera que ella consideraba apropiada. Ella era la madre
de todo lo que habitaba en ella, así que todos eran nuestros hermanos. Los
osos, los árboles, las plantas, el búfalo. Todos eran nuestros hermanos y
hermanas. Si no los tratábamos bien, nuestra madre se enojaba. Si los
tratábamos con respeto y honor, ella se sentía orgullosa.
Para tu gente la tierra no estaba viva. Era algo así como un escenario donde
podían construir cosas y hacer que sucedieran cosas. Veían al lodo y los
árboles y el agua como cosas importantes, pero no como hermanos y hermanas.
Esas cosas existían sólo para ayudar a los humanos a vivir.
Ustedes tomaron la tierra y la convirtieron en propiedades. Ahora nuestra
madre está en silencio. Pero nosotros aún intentamos escuchar su voz.
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(AIHEC), and the Oglala Sioux Tribal records since 1984."
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Sioux Indians from the Pine Ridge reservation in South Dakota"